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Primeras observaciones de Galileo

Primeras observaciones de Galileo

“En este año 2009, que en el IV centenario de las primeras observaciones de Galileo Galilei gracias al telescopio, se dedica de modo especial a la astronomía, no podemos dejar de prestar una particular atención al símbolo de la estrella, muy importante en el relato evangélico de los Magos, que con toda probabilidad eran astrónomos”. Escuchamos a Benedicto XVI en la reciente fiesta de Reyes.

Llamamos reyes magos a tres personajes procedentes de la lejana Persia -históricos, aunque parezcan legendarios-, cuya presencia en Jerusalén guiados por una estrella preguntando por el rey de los judíos recién nacido, y encontrado en la pequeña Belén, se denomina “epifanía” en griego, manifestación.

En la homilía de esa fiesta, Benedicto XVI afirmó que la tradición latina identifica la Epifanía, “manifestación de nuestro Señor Jesucristo”, “con la visita de los Magos al Niño Jesús en Belén, y por tanto, lo interpreta sobre todo como revelación del Mesías de Israel a los pueblos paganos”.

Benedicto XVI señaló que “mientras la teología pagana divinizaba los elementos y las fuerzas del cosmos, la fe cristiana, cumpliendo la revelación bíblica, contempla a un único Dios, Creador y Señor de todo el universo”.

“El amor divino, encarnado en Cristo, es la ley fundamental y universal de la creación. Esto no debe entenderse en sentido poético, sino real. (...) Significa que las estrellas, los planetas, el universo entero no están gobernados por una fuerza ciega, no obedecen sólo a las dinámicas de la materia. Por tanto, no hay que divinizar los elementos cósmicos, sino por el contrario, en todo y por encima de todo hay una voluntad personal, el Espíritu de Dios, que en Cristo se reveló como Amor. Por este motivo -dijo-, los hombres -como escribe San Pablo a los Colosenses- no son esclavos de los ‘elementos del cosmos’, sino que son libres, es decir, son capaces de relacionarse con la libertad creadora de Dios”.

“Él está en el origen de todo y lo gobierna todo -continuó Benedicto XVI-, pero no como un frío y anónimo motor, sino como Padre, Esposo, Amigo, Hermano, como Logos, ‘Palabra-Razón’, que se ha unido a nuestra carne mortal una vez para siempre y ha compartido plenamente nuestra condición, manifestando la sobreabundante potencia de su gracia”.

***

Esta columna recoge aquí el testimonio de dos grandes físicos, entre otros muchos igualmente creyentes: Copérnico (1473-1543), Keppler (1571-1630), Max Plank (1858-194), Erwin Schrödinger (1887-1961), Werner Heisenberg (1901-1976):

Newton (1642-1727): “El orden admirable del Sol, de los planteas y cometas, tiene que ser obra de un Ser Todopoderoso e Inteligente; y si cada estrella fija es el centro de un sistema semejante al nuestro, es cierto que llevando todos el sello del mismo plan, todos deben estar sumisos a un solo y mismo Ser. Este Ser Infinito lo gobierna todo no como el alma del Mundo, sino como Señor de todas las cosas”.

Y el célebre Albert Einstein (1879-1955) nos explica: “Somos como un muchachito que entra en una biblioteca inmensa, cuyas paredes están cubiertas de libros escritos en muchas lenguas distintas. El niño entiende que alguien debe haberlos escrito, pero no sabe ni quién ni cómo. Tampoco comprende los idiomas. Pero observa un orden claro en su clasificación, un plan misterioso que se le escapa, pero que sospecha vagamente. Esa es en mi opinión la actitud de la mente humana frente a Dios”.

***

El papa Benedicto XVI subrayó esta semana que “el pensamiento cristiano compara el cosmos con un ‘libro’ -así decía el mismo Galileo-, considerándolo como la obra de un Autor que se expresa mediante la ‘sinfonía’ de la creación”.

“No hay sombra, por muy tenebrosa que sea, capaz de oscurecer la luz de Cristo. Por este motivo, en los creyentes en Cristo nunca desfallece la esperanza, y tampoco hoy, ante la gran crisis social y económica en que se encuentra sumida la humanidad, ante el odio y la violencia destructora que no dejan de ensangrentar muchas regiones de la tierra, ante el egoísmo y la pretensión del hombre de erigirse en dios, que lleva en ocasiones a peligrosas alteraciones en el designio divino sobre la vida y la dignidad del ser humano, sobre la familia y la armonía de la creación”.

Benedicto XVI afirmó este 6 de enero, fiesta de Epifanía, que “nuestro esfuerzo por liberar la vida humana y el mundo del envenenamiento y la contaminación que podrían destruir el presente y el futuro, conserva su valor y su sentido -he escrito en la encíclica Spe salvi-, aunque aparentemente no tengamos éxito o parezca que somos impotentes ante las fuerzas hostiles”.

“Rezamos -concluyó- por los fieles, porque todos los cristianos estamos llamados por el Bautismo y la Confirmación a anunciar a Cristo, luz del mundo, con la palabra y el testimonio de la vida”.

Autor:

Emilio Palafox Marqués

Fuente:

La voz del Papa

 

¿Debe reinar Jesucristo?

¿Debe reinar Jesucristo?

De todos los países católicos, en el nuestro parecería el último donde debería hacerse esta pregunta. La cristiandad mexicana es heredera de aquellos de nuestros ancestros que dieron su vida afirmando que Cristo es Rey: <> como dice el querido Himno a Cristo Rey. Muchos de ellos murieron sin las armas en la mano, a causa del odio a la fe, y la Iglesia Universal lo ha reconocido canonizando a un ramillete de mártires mexicanos que suscribieron con su sangre el concepto de la realeza de Cristo.

Ya Pilatos le preguntaba a Jesús: <> y el Señor le respondió: <> Hoy, parecería que el mundo ni siquiera considera necesario hacer a Jesús esta pregunta. Pero, no obstante, la respuesta es la misma. Sí, Jesús es Rey. Sí, su reino no es según este mundo. Pero es un verdadero reino. Tal vez algunos, juzgando con criterios de este mundo, piensan que lo que queremos es que la Iglesia gobierne a los Estados, que los Obispos sean presidentes y que los católicos seamos, por lo menos, síndicos de los ayuntamientos. No, no es eso lo que entendemos por el Reinado Social de Cristo. Lo que sí queremos, y tenemos todo el derecho a querer, es que los valores de Jesús reinen en la sociedad, que los hombres nos rijamos por sus criterios, que en las relaciones entre los hombres se busque que el amor sea el criterio fundamental.

Esto lo queremos porque sabemos que es lo mejor para la humanidad. No es posible imaginar una sociedad mejor que una donde todos se rijan por la Verdad y el Amor. Sí, no es fácil. Tal vez no lo veamos en esta vida, pero eso no impide que lo deseemos, que trabajemos por ello. <<>>, continúa el Himno a Cristo Rey. <<… Toda la vida trabajaremos con gran fe, en realizar y ver cumplida la gran promesa ¡Reinaré!>>, concluye el himno. Ahí está la clave. El reinado de Cristo en la sociedad no se dará solo; no se dará sin nuestro trabajo, no ocurrirá sin nuestra fe, impulsándonos a implantarlo. No ocurrirá por un milagro o, más bien dicho, solo ocurrirá si nosotros le arrancamos al Padre ese milagro, con nuestra fe, con nuestro empuje, con nuestro ánimo y nuestra esperanza infatigables.

Hoy, posiblemente nos parezca más lejano este reino que a nuestros ancestros de los veintes. Hoy se habla menos de Jesús, se da menos lugar a la Iglesia. Por otro lado, y en una aparente contradicción, encuesta tras encuesta muestra que la Iglesia es la institución que tiene más credibilidad en nuestro País. Sí, posiblemente estemos más lejos de que Cristo reine en nuestra sociedad. Razón de más para darnos prisa y redoblar nuestros esfuerzos.

Autor:

Antonio Maza Pereda

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

¿Puedo conocer la verdad en religión? Criterio ante la información

¿Puedo conocer la verdad en religión?

Criterio ante la información

1) Para pensar

En ocasiones pasadas se comentaba el libro que el Papa Benedicto XVI, siendo Cardenal, escribió llamado: Fe, Verdad y Tolerancia. En él nos habla, entre otras cosas, de la importancia de buscar ante todo la verdad. Para ello recurre a un relato que hace el gran filósofo Platón, en uno de sus Diálogos llamado “Fedro”.

En el relato se cuenta de una historia ficticia contada por los antepasados. Érase que el dios Thot, padre del tiempo y de las letras alfabéticas, visitó al rey Tamus. El dios le estuvo instruyendo sobre diversas artes inventadas por él, y especialmente le enseñó a escribir. Hay que tener en cuenta que era un tiempo en que no se había inventado la escritura.

El dios Thot exultaba de su invento, la escritura, y le decía al rey: “Este conocimiento, oh rey, te hará más sabio y capaz de recordar, pues este invento ha sido inventado tanto para recordar, como para la sabiduría”.

Sin embargo el rey no se dejó impresionar, pues vio que podría haber malas consecuencias, y así se lo manifestó: “Pienso que este invento producirá olvido en las personas, pues al escribir las cosas, los hombres ya no harán el intento de recordarlas dependiendo solo de aquello que se escribió. Entonces las cosas estarán en el exterior del hombre y no en su interior. Ahora con tu invento de anotar las cosas, has hecho un medio para tener muchas cosas grabadas, pero que a tus discípulos le darán solamente la apariencia de sabiduría, pues realmente no será así. Tus discípulos oirán muchas cosas y las apuntarán, sin asimilarlas, y pensarán que son personas de mucha ciencia, pero en lo secreto no sabrán nada y serán personas difíciles de tratar, en cuanto son sabios en apariencia y no en verdad”.

2) Para pensarEste relato que fue escrito antes de la era cristiana, el Papa lo actualiza y menciona que algo parecido sucede hoy en día. Dice que el hombre de hoy recibe una cantidad enorme de información por televisión, además de la información que puede tener en su computadora, en Internet u otro medio. Con ello, el hombre puede creer que sabe mucho, es decir, tener la apariencia de sabio.

Platón no estaba en contra de la escritura, ni mucho menos. Tampoco el Papa está en desacuerdo con los avances tecnológicos, y de hecho los usa. Pero lo que nos dice y previene, es que debemos reflexionar esa información. Por ejemplo, es un gran bien poder contar con la Biblia en la computadora, pero eso no significa que se haya reflexionado y leído con atención. Y sin embargo alguien puede presumir de tener este y tantos otros libros sin que llegue realmente a estudiarlos, aparentando sabiduría y, en ocasiones, creyendo él mismo que la tiene. Pero sería pura apariencia.

3) Para vivirEl Papa invita a saber leer y reflexionar las cosas, en donde más vale la calidad de lo que sabemos que su cantidad. Es mejor leer cosas buenas y verdaderas, que tener muchísimo material, o ver muchas horas de televisión y nunca reflexionar sobre ello. Es preciso tener espíritu crítico sobre lo que se ve en televisión o en películas.

Efectivamente, estamos en un mundo donde la información abunda y es preciso saber escoger y distinguir lo bueno de lo malo. Por ello la Iglesia, como buena madre y maestra, suele darnos a sus hijos la dirección correcta por donde debemos caminar. Acudamos a pedir consejo a quien sabemos tiene buena orientación. Por ejemplo, antes de ir a ver una película o leer un libro, debemos informarnos si no vienen cosas inconvenientes para nuestras mismas personas. No podemos ir a ciegas, sobre todo sabiendo que hoy en día el mal se vale de todos los medios de comunicación para expandirse.

Cuidemos para nosotros mismos, y para quienes dependen de nosotros, de buscar buen alimento para el alma y de esa manera aprovechar esos medios magníficos que da la tecnología para crecer y perfeccionarnos.

Autor:

Padre José Martínez Colín

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

Entre la ciencia y creer en Dios

Salvador I. Reding Vidaña

¿Es Dios un invento del hombre, producto de su ignorancia, su miedo a las fuerzas de la naturaleza y a lo desconocido? Esto y cosas semejantes dicen ateos, no creyentes (a algunos gusta esta diferenciación) y los enemigos de la religión.

Preguntemos de otra manera, ¿por qué la gente de las diversas culturas humanas cree en la existencia de una o más deidades todopoderosas? ¿Por qué no se conforma con ir descubriendo las leyes de la naturaleza? Si la gente "inventa" o realmente descubre sistemáticamente un Dios, un ser todopoderoso, omnipresente, no es por miedo, sino al revés. La gente deduce la existencia de un ser semejante porque su conocimiento heredado y adquirido, no le dan ninguna otra explicación del mundo y de su ser humano espiritual.

Reconocer la existencia de Dios es producto de la razón, resultado de un proceso deductivo, es de estricta lógica y no de la imaginación, o de la ignorancia científica o de debilidades y miedos humanos. Por muchas razones también, el hombre descubre la trascendencia anímica sobre su muerte.

El hombre encuentra la respuesta a sus preguntas sobre el universo y la mente humana en la religión, después de que su conocimiento general y del llamado científico, no le dan respuesta a la existencia de ambas cosas. No la dan porque no la tienen. Las ciencias llamadas exactas, naturales, nos dan conocimiento de la realidad física y de las leyes que gobiernan al universo, pero no explican su origen o su por qué; no pueden, en cambio creer en Dios sí da esa respuesta.

La ciencia, así en general, -como usan el término quienes oponen el conocimiento científico a creer en Dios-, no es solamente limitada, sino que a través de los tiempos va cambiando sus enseñanzas, según se descubren tanto nuevas cosas como los errores en que habían caído sus creadores.

Así, la ciencia griega enseñó que había cuatro elementos: agua, tierra, aire y fuego; pero los científicos llegaron a descubrir muchos elementos de la materia, que el científico ruso Mendelejeff encuadró en su "tabla periódica de los elementos". Pero la misma ha sido enriquecida al descubrirse nuevos elementos.

La ciencia enseñó que la tierra es plana, que el sol gira alrededor de ella; hasta que nuevos científicos dedujeron que era al revés, como ahora sabemos "a ciencia cierta". Los científicos del siglo XIX afirmaban que había generación espontánea, pero Louis Pasteur, un científico creyente, demostró lo contrario. La ciencia enseñó que el átomo es indivisible -significado exacto del término. Ahora conocemos más y más elementos subatómicos.

La ciencia dice que la velocidad "terminal" es la de la luz, que nada puede moverse más rápido, pero otros lo ponen en duda; quizá en algunos años sepamos una nueva "verdad" científica al respecto. La duda es lo que ha llevado al hombre a adquirir nuevos conocimientos, cuando los de su entorno no responden a su raciocinio, y así descubre verdades antes ignoradas y/o rechazadas.

También el conocimiento mágico es superado por la racionalidad. La magia intenta explicar lo que no se entiende, pero sus intentos no son racionales, sino emocionales, y son tentativas (muy fructíferas, por cierto) de controlar voluntades ajenas, de crearse el mago, hechicero o brujo un halo de superioridad que infunde temor, respeto, veneración y dominio.

Cuando la ciencia, la magia y otros intentos de conocer la verdad del universo y de su origen, no responden a la sed de saber del hombre, de entender su entorno y sobre todo su propia persona, su ser, entonces, por racionamiento, deduce que debe haber alguien, un ser que tenga el poder de crear esa naturaleza, esas leyes que la humanidad aprende. Es entonces cuando deduce que Dios existe. Sí, creer en un Dios todopoderoso, omnipresente y creador, es producto de la deducción, no del miedo o debilidad mental. La gente temerosa prefiere no creer en nada, o saberse comprometida en responsabilidades con un Dios juzgador y exigente.

El gran centro de la creencia en Dios está en dos cosas básicamente: el origen del universo y el del espíritu humano, con toda su superioridad inmensa sobre otros seres vivientes. La ciencia enseña la realidad, pero no su origen, no puede, está fuera de sus fronteras; la teología sí, porque es su campo de conocimiento: Dios.

La ciencia no explica el espíritu humano, su inteligencia, su conciencia que distingue el bien del mal. Con la tecnología actual las ciencias: la anatomía, la fisiología, y otras, nos informan qué sucede en el cerebro humano cuando piensa, o tiene emociones, pero no nos dicen nada sobre la actividad inmaterial de la mente, sólo la del cerebro, la del sistema nervioso, es decir de las manifestaciones físicas de los procesos del sentir afectivo o del pensar, pero no sobre éstos en sí.

El ingenio humano, su creatividad, hacer poesía o música, y el arte en general, están fuera del ámbito científico; no son actos materiales, aunque para llevarlos a cabo el hombre utilice su cuerpo, son mentales. La afectividad humana no se comparte con los animales, cuyos "afectos" son instintivos; pero el hombre sobrepasa con creces sus instintos, como los de protección a la descendencia.

Las ciencias de la Conducta intentan conocer las funciones de la mente humana, pero no explican el por qué de su existencia, sólo investigan su realidad, es todo. La mente humana, el espíritu del hombre, que están por encima del resto de los seres vivos, solamente tienen explicación cuando se deduce que fueron creados por "alguien", con ese poder y esa voluntad.

La ciencia es limitada, pero creer en Dios supera y resuelve muchas preguntas del hombre. Así, creer en Él no es resultado ni del miedo, ni de debilidades, sino de la razón. Ciencia y religión no se oponen, se complementan en el ser humano, y por eso las gentes de diversos tiempos y culturas encuentran en la existencia de la deidad todopoderosa la respuesta a sus preguntas; la respuesta: Dios existe.

siredingv@hotmail.com

Autor:

Salvador Ignacio Reding Vidaña

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

La profesión de la fe cristiana

PRIMERA PARTE
LA PROFESIÓN DE LA FE

SEGUNDA SECCIÓN:
LA
PROFESIÓN DE LA FE CRISTIANA

LOS SÍMBOLOS DE LA FE

185 Quien dice "Yo creo", dice "Yo me
adhiero a lo que nosotros creemos". La comunión en la fe necesita
un lenguaje común de la fe, normativo para todos y que nos una en la misma
confesión de fe.

186 Desde su origen, la Iglesia apostólica expresó y
transmitió su propia fe en fórmulas breves y normativas para todos (cf. Rom
10,9; 1 Cor 15,3-5; etc.). Pero muy pronto, la Iglesia quiso también recoger
lo esencial de su fe en resúmenes orgánicos y articulados destinados obre
todo a los candidatos al bautismo:

Esta síntesis de la fe no ha sido hecha según las
opiniones humanas, sino que de toda la Escritura ha s ido recogido lo que
hay en ella de más importante, para dar en su integridad la única
enseñanza de la fe. Y como el grano de mostaza contiene en un grano muy
pequeño gran número de ramas, de igual modo este resumen de la fe encierra
en pocas palabras todo el conocimiento de la verdadera piedad contenida en
el Antiguo y el Nuevo Testamento (S. Cirilo de Jerusalén, catech. ill.
5,12).

187 Se llama a estas síntesis de la fe
"profesiones de fe" porque resumen la fe que profesan los
cristianos. Se les llama "Credo" por razón de que en ellas la
primera palabra es normalmente : "Creo". Se les denomina igualmente
"símbolos de la fe".

188 La palabra griego "symbolon" significaba
la mitad de un objeto partido (por ejemplo, un sello) que se presentaban como
una señal para darse a conocer. Las partes rotas se ponían juntas para
verificar la identidad del portador. El "símbolo de la fe" es,
pues, un signo de identificación y de comunión entre los creyentes.
"Symbolon" significa también recopilación, colección o sumario.
El "símbolo de la fe" es la recopilación de las principales
verdades de la fe. De ahí el hecho de que sirva de punto de referencia
primero y fundamental de la catequesis.

189 La primera "profesión de fe" se hace en
el Bautismo. El "símbolo de la fe" es ante todo el símbolo bautismal.
Puesto que el Bautismo es dado "en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo" (Mt 28,19), las verdades de fe profesadas en el Bautismo
son articuladas según su referencia a las tres personas de la Santísima
Trinidad.

190 El Símbolo se divide, por tanto, en tres partes:
"primero habla de la primera Persona divina y de la obra admirable de la
creación; a continuación, de la segunda Persona divina y del Misterio de la
Redención de los hombres; finalmente, de la tercera Persona divina, fuente y
principio de nuestra santificación" (Catech. R. 1,1,3). Son "los
tres capítulos de nuestro sello (bautismal)" (S. Ireneo, dem. 100).

191 "Estas tres partes son distintas aunque están
ligadas entre sí. Según una comparación empleada con frecuencia por los
Padres, las llamamos artículos. De igual modo, en efecto, que en
nuestros miembros hay ciertas articulaciones que los distinguen y los separan,
así también, en esta profesión de fe, se ha dado con propiedad y razón el
nombre de artículos a las verdades que debemos creer en particular y de una
manera distinta" (Catch.R. 1,1,4). Según una antigua tradición,
atestiguada ya por S. Ambrosio, se acostumbra a enumerar doce artículos del
Credo, simbolizando con el número de los doce apóstoles el conjunto de la fe
apostólica (cf.symb. 8).

192 A lo largo de los siglos, en respuesta a las
necesidades de diferentes épocas, han sido numerosas las profesiones o
símbolos de la fe: los símbolos de las diferentes Iglesias apostólicas y
antiguas (cf. DS 1-64), el Símbolo "Quicumque", llamado de S.
Atanasio (cf. DS 75-76), las profesiones de fe de ciertos Concilios (Toledo:
DS 525-541; Letrán: DS 800-802; Lyon: DS 851-861; Trento: DS 1862-1870) o de
ciertos Papas, como la "fides Damasi" (cf. DS 71-72) o el
"Credo del Pueblo de Dios" (SPF) de Pablo VI (1968).

193 Ninguno de los símbolos de las diferentes etapas
de la vida de la Iglesia puede ser considerado como superado e inútil. Nos
ayudan a captar y profundizar hoy la fe de siempre a través de los diversos
resúmenes que de ella se han hecho.

Entre todos los símbolos de la fe, dos ocupan un lugar muy
particular en la vida de la Iglesia:

194 El Símbolo de los Apóstoles, llamado así
porque es considerado con justicia como el resumen fiel de la fe de los
apóstoles. Es el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma. Su gran
autoridad le viene de este hecho: "Es el símbolo que guarda la Iglesia
romana, la que fue sede de Pedro, el primero de los apóstoles, y a la cual
él llevó la doctrina común" (S. Ambrosio, symb. 7).

195 El Símbolo llamado de Nicea-Constantinopla
debe su gran autoridad al hecho de que es fruto de los dos primeros Concilios
ecuménicos (325 y 381). Sigue siendo todavía hoy el símbolo común a todas
las grandes Iglesias de Oriente y Occidente.

196 Nuestra exposición de la fe seguirá el Símbolo
de los Apóstoles
, que constituye, por así decirlo, "el más antiguo
catecismo romano". No obstante, la exposición será completada con
referencias constantes al Símbolo de Nicea-Constantinopla, que con
frecuencia es más explícito y más detallado.

197 Como en el día de nuestro Bautismo, cuando toda
nuestra vida fue confiada "a la regla de doctrina" (Rom 6,17),
acogemos el Símbolo de esta fe nuestra que da la vida. Recitar con fe el
Credo es entrar en comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, es entrar
también en comunión con toda la Iglesia que nos transmite la fe y en el seno
de la cual creemos:

Este Símbolo es el sello espiritual, es la meditación de
nuestro corazón y el guardián siempre presente, es, con toda certeza, el
tesoro de nuestra alma (S. Ambrosio, symb. 1).


Autor:

Episcopado de la Iglesia Católica

Fuente:

www.vatican.va

 

La respuesta del hombre a Dios. Creemos

PRIMERA PARTE
LA PROFESIÓN DE LA FE

PRIMERA SECCIÓN
«CREO»-«CREEMOS»

CAPÍTULO TERCERO
LA RESPUESTA DEL HOMBRE A DIOS

ARTÍCULO 2
CREEMOS

166 La fe es un acto personal: la respuesta libre del
hombre a la iniciativa de Dios que se revela. Pero la fe no es un acto aislado.
Nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo. Nadie se ha dado la fe a
sí mismo, como nadie se ha dado la vida a sí mismo. El creyente ha recibido la
fe de otro, debe transmitirla a otro. Nuestro amor a Jesús y a los hombres nos
impulsa a hablar a otros de nuestra fe. Cada creyente es como un eslabón en la
gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de
los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros.

167 "Creo" (Símbolo de los Apóstoles): Es la
fe de la Iglesia profesada personalmente por cada creyente, principalmente en su
bautismo. "Creemos" (Símbolo de Nicea-Constantinopla, en el original
griego): Es la fe de la Iglesia confesada por los obispos reunidos en Concilio
o, más generalmente, por la asamblea litúrgica de los creyentes.
"Creo", es también la Iglesia, nuestra Madre, que responde a Dios por
su fe y que nos enseña a decir: "creo", "creemos".

I "Mira, Señor,la fe de tu Iglesia"

168 La Iglesia es la primera que cree, y así conduce, alimenta
y sostiene mi fe. La Iglesia es la primera que, en todas partes, confiesa al
Señor ("Te per orbem terrarum sancta confitetur Ecclesia", cantamos
en el Te Deum), y con ella y en ella somos impulsados y llevados a confesar
también : "creo", "creemos". Por medio de la Iglesia
recibimos la fe y la vida nueva en Cristo por el bautismo. En el Ritual Romanum,
el ministro del bautismo pregunta al catecúmeno: "¿Qué pides a la
Iglesia de Dios?" Y la respuesta es: "La fe". "¿Qué te da
la fe?" "La vida eterna".

169 La salvación viene solo de Dios; pero puesto que
recibimos la vida de la fe a través de la Iglesia, ésta es nuestra madre:
"Creemos en la Iglesia como la madre de nuestro nuevo nacimiento, y no en
la Iglesia como si ella fuese el autor de nuestra salvación" (Fausto de
Riez, Spir. 1,2). Porque es nuestra madre, es también la educadora de nuestra
fe.

II El lenguaje de la fe

170 No creemos en las fórmulas, sino en las realidades
que estas expresan y que la fe nos permite "tocar". "El acto (de
fe) del creyente no se detiene en el enunciado, sino en la realidad
(enunciada)" (S. Tomás de A., s.th. 2-2, 1,2, ad 2). Sin embargo, nos
acercamos a estas realidades con la ayuda de las formulaciones de la fe. Estas
permiten expresar y transmitir la fe, celebrarla en comunidad, asimilarla y
vivir de ella cada vez más.

171 La Iglesia, que es "columna y fundamento de la
verdad" (1 Tim 3,15), guarda fielmente "la fe transmitida a los santos
de una vez para siempre" (Judas 3). Ella es la que guarda la memoria de las
Palabras de Cristo, la que transmite de generación en generación la confesión
de fe de los Apóstoles. Como una madre que enseña a sus hijos a hablar y con
ello a comprender y a comunicar, la Iglesia, nuestra Madre, nos enseña el
lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la vida de la fe.

III Una sola fe

172 Desde siglos, a través de muchas lenguas, culturas,
pueblos y naciones, la Iglesia no cesa de confesar su única fe, recibida de un
solo Señor, transmitida por un solo bautismo, enraizada en la convicción de
que todos los hombres no tienen más que un solo Dios y Padre (cf. Ef 4,4-6). S.
Ireneo de Lyon, testigo de esta fe, declara:

173 "La Iglesia, en efecto, aunque dispersada por el
mundo entero hasta los confines de la tierra, habiendo recibido de los
apóstoles y de sus discípulos la fe... guarda (esta predicación y esta fe)
con cuidado, como no habitando más que una sola casa, cree en ella de una
manera idéntica, como no teniendo más que una sola alma y un solo corazón,
las predica, las enseña y las transmite con una voz unánime, como no poseyendo
más que una sola boca" (haer. 1, 10,1-2).

174 "Porque, si las lenguas difieren a través del
mundo, el contenido de la Tradición es uno e idéntico. Y ni las Iglesias
establecidas en Germania tienen otro fe u otra Tradición, ni las que están
entre los Iberos, ni las que están entre los Celtas, ni las de Oriente, de
Egipto, de Libia, ni las que están establecidas en el centro el mundo..."
(ibid.). "El mensaje de la Iglesia es, pues, verídico y sólido, ya que en
ella aparece un solo camino de salvación a través del mundo entero"
(ibid. 5,20,1).

175 "Esta fe que hemos recibido de la Iglesia, la
guardamos con cuidado, porque sin cesar, bajo la acción del Espíritu de Dios,
como un contenido de gran valor encerrado en un vaso excelente, rejuvenece y
hace rejuvenecer el vaso mismo que la contiene" (ibid., 3,24,1).

Resumen

176 La fe es una adhesión personal del hombre entero
a Dios que se revela. Comprende una adhesión de la inteligencia y de la
voluntad a la Revelación que Dios ha hecho de sí mismo mediante sus obras y
sus palabras.

177 "Creer" entraña, pues, una doble
referencia: a la persona y a la verdad; a la verdad por confianza en la persona
que la atestigua.

178 No debemos creer en ningún otro que no sea Dios,
Padre, Hijo, y Espíritu Santo.

179 La fe es un don sobrenatural de Dios. Para creer,
el hombre necesita los auxilios interiores del Espíritu Santo.

180 "Creer" es un acto humano, consciente y
libre, que corresponde a la dignidad de la persona humana.

181 "Creer" es un acto eclesial. La fe de la
Iglesia precede, engendra, conduce y alimenta nuestra fe. La Iglesia es la madre
de todos los creyentes. "Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a
la Iglesia por madre" (S. Cipriano, unit. eccl.: PL 4,503A).

182 "Creemos todas aquellas cosas que se
contienen en la palabra de Dios escrita o transmitida y son propuestas por la
Iglesia... para ser creídas como divinamente reveladas" (Pablo VI, SPF 20).

183 La fe es necesaria para la salvación. El Señor
mismo lo afirma: "El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea,
se condenará" (Mc 16,16).

184 "La fe es un gusto anticipado del
conocimiento que nos hará bienaventurados en la vida futura" (S. Tomás de
A., comp. 1,2).

El Credo

Símbolo de los Apóstoles Credo de Nicea-Constantinopla
Creo en Dios,
Padre
Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en un solo Dios,
Padre
Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra, de
todo lo visible
y lo invisible.
Creo en Jesucristo, su único
Hijo,
Nuestro Señor,
Creo en un solo Señor,
Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos
los
siglos: Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios
verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del
Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres, y
por
nuestra salvación bajó del cielo,
que fue concebido por obra y
gracia del
Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
y por obra del Espíritu Santo se
encarnó
de María, la Virgen, y se
hizo hombre;
padeció bajo el poder de Poncio
Pilato
fue
crucificado,
muerto y sepultado,
y por nuestra causa fue crucificado
en
tiempos de Poncio Pilato;
padeció
y fue sepultado,
descendió a los infiernos,
al
tercer día resucitó de entre
los muertos,
subió a los cielos
y
está sentado a la derecha
de Dios, Padre todopoderoso.
Desde
allí ha de venir a
juzgar a vivos y muertos.
y resucitó al tercer día,
según las
Escrituras,

y subió al cielo,
y está sentado a
la derecha del Padre;

y de nuevo vendrá con gloria para
juzgar
a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador
de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe
una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
La santa Iglesia católica,
la comunión
de los santos,
Creo en la Iglesia, que es una,
santa,
católica y apostólica.
el perdón de los pecados,
la
resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.
Confieso que hay un solo Bautismo
para
el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y
la vida del mundo futuro.
Amén.


Autor:

Episcopado de la Iglesia Católica

Fuente:

www.vatican.va

 

La revelación de Dios

PRIMERA PARTE
LA PROFESIÓN DE LA FE

PRIMERA SECCIÓN
«CREO»-«CREEMOS»

CAPÍTULO SEGUNDO
DIOS AL ENCUENTRO DEL HOMBRE

50 Mediante la razón natural, el hombre puede conocer a Dios con certeza
a partir de sus obras. Pero existe otro orden de conocimiento que el hombre no
puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas, el de la Revelación
divina (cf. Cc. Vaticano I: DS 3015). Por una decisión enteramente libre, Dios
se revela y se da al hombre. Lo hace revelando su misterio, su designio
benevolente que estableció desde la eternidad en Cristo en favor de todos los
hombres. Revela plenamente su designio enviando a su Hijo amado, nuestro Señor
Jesucristo, y al Espíritu Santo.

ARTÍCULO 1
LA REVELACIÓN DE DIOS

I Dios revela su designio amoroso

51 "Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a
sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los
hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el
Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina" (DV 2).

52
Dios, que "habita una luz inaccesible" (1 Tm 6,16) quiere comunicar su
propia vida divina a los hombres libremente creados por él, para hacer de
ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos (cf. Ef 1,4-5). Al revelarse a sí
mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de
amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas.

53 El designio divino de la revelación se realiza a la vez
"mediante acciones y palabras", íntimamente ligadas entre sí y que
se esclarecen mutuamente (DV 2). Este designio comporta una "pedagogía
divina" particular: Dios se comunica gradualmente al hombre, lo prepara por
etapas para acoger la Revelación sobrenatural que hace de sí mismo y que
culminará en la Persona y la misión del Verbo encarnado, Jesucristo.

S. Ireneo de Lyon habla en varias ocasiones de esta pedagogía divina bajo la
imagen de un mutuo acostumbrarse entre Dios y el hombre: "El Verbo de Dios
ha habitado en el hombre y se ha hecho Hijo del hombre para acostumbrar al
hombre a comprender a Dios y para acostumbrar a Dios a habitar en el hombre,
según la voluntad del Padre" (haer. 3,20,2; cf. por ejemplo 17,1; 4,12,4;
21,3).

II Las etapas de la revelación

Desde el origen, Dios se da a conocer

54 "Dios, creándolo todo y conservándolo por su Verbo, da a los
hombres testimonio perenne de sí en las cosas creadas, y, queriendo abrir el
camino de la salvación sobrenatural, se manifestó, además, personalmente a
nuestros primeros padres ya desde el principio" (DV 3). Los invitó a una
comunión íntima con él revistiéndolos de una gracia y de una justicia
resplandecientes.

55 Esta revelación no fue interrumpida por el pecado de nuestros
primeros padres. Dios, en efecto, "después de su caída alentó en ellos
la esperanza de la salvación con la promesa de la redención, y tuvo incesante
cuidado del género humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la
salvación con la perseverancia en las buenas obras" (DV 3).

Cuando por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la
muerte...Reiteraste, además, tu alianza a los hombres (MR, Plegaria
eucarística IV,118).

La alianza con Noé

56 Una vez rota la unidad del género humano por el pecado, Dios decide
desde el comienzo salvar a la humanidad a través de una serie de etapas. La
Alianza con Noé después del diluvio (cf. Gn 9,9) expresa el principio de la
Economía divina con las "naciones", es decir con los hombres
agrupados "según sus países, cada uno según su lengua, y según sus
clanes" (Gn 10,5; cf. 10,20-31).

57 Este orden a la vez cósmico, social y religioso de la pluralidad de
las naciones (cf. Hch 17,26-27), está destinado a limitar el orgullo de una
humanidad caída que, unánime en su perversidad (cf. Sb 10,5), quisiera hacer
por sí misma su unidad a la manera de Babel (cf. Gn 11,4-6). Pero, a causa del
pecado (cf. Rom 1,18-25), el politeísmo así como la idolatría de la nación y
de su jefe son una amenaza constante de vuelta al paganismo para esta economía
aún no definitiva.

58 La alianza con Noé permanece en vigor mientras dura el tiempo de las
naciones (cf. Lc 21,24), hasta la proclamación universal del evangelio. La
Biblia venera algunas grandes figuras de las "naciones", como
"Abel el justo", el rey-sacerdote Melquisedec (cf. Gn 14,18), figura
de Cristo (cf. Hb 7,3), o los justos "Noé, Daniel y Job" (Ez 14,14).
De esta manera, la Escritura expresa qué altura de santidad pueden alcanzar los
que viven según la alianza de Noé en la espera de que Cristo "reúna en
uno a todos los hijos de Dios dispersos" (Jn 11,52).

Dios elige a Abraham

59 Para reunir a la humanidad dispersa, Dios elige a Abraham llamándolo
"fuera de su tierra, de su patria y de su casa" (Gn 12,1), para hacer
de él "Abraham", es decir, "el padre de una multitud de
naciones" (Gn 17,5): "En ti serán benditas todas las naciones de la
tierra" (Gn 12,3 LXX; cf. Ga 3,8).

60 El pueblo nacido de Abraham será el depositario de la promesa hecha a
los patriarcas, el pueblo de la elección (cf. Rom 11,28), llamado a preparar la
reunión un día de todos los hijos de Dios en la unidad de loa Iglesia (cf. Jn
11,52; 10,16); ese pueblo será la raíz en la que serán injertados los paganos
hechos creyentes (cf. Rom 11,17-18.24).

61 Los patriarcas, los profetas y otros personajes del Antiguo Testamento
han sido y serán siempre venerados como santos en todas las tradiciones
litúrgicas de la Iglesia.

Dios forma a su pueblo Israel

62 Después de la etapa de los patriarcas, Dios constituyó a Israel como
su pueblo salvándolo de la esclavitud de Egipto. Estableció con él la alianza
del Sinaí y le dio por medio de Moisés su Ley, para que lo reconociese y le
sirviera como al único Dios vivo y verdadero, Padre providente y juez justo, y
para que esperase al Salvador prometido (cf. DV 3).

63 Israel es el pueblo sacerdotal de Dios (cf. Ex 19,6), el que
"lleva el Nombre del Señor" (Dt 28,10). Es el pueblo de aquellos
"a quienes Dios habló primero" (MR, Viernes Santo 13: oración
universal VI), el pueblo de los "hermanos mayores" en la fe de
Abraham.

64 Por los profetas, Dios forma a su pueblo en la esperanza de la
salvación, en la espera de una Alianza nueva y eterna destinada a todos los
hombres (cf. Is 2,2-4), y que será grabada en los corazones (cf. Jr 31,31-34;
Hb 10,16). Los profetas anuncian una redención radical del pueblo de Dios, la
purificación de todas sus infidelidades (cf. Ez 36), una salvación que
incluirá a todas las naciones (cf. Is 49,5-6; 53,11). Serán sobre todo los
pobres y los humildes del Señor (cf. So 2,3) quienes mantendrán esta
esperanza. Las mujeres santas como Sara, Rebeca, Raquel, Miriam, Débora, Ana,
Judit y Ester conservaron viva la esperanza de la salvación de Israel. De ellas
la figura más pura es María (cf. Lc 1,38).

III
Cristo Jesús, «mediador y plenitud de toda la Revelación»(DV 2)

Dios ha dicho todo en su Verbo

65 "De una manera fragmentaria y de muchos modos habló Dios en el
pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos
nos ha hablado por su Hijo" (Hb 1,1-2). Cristo, el Hijo de Dios hecho
hombre, es la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre. En El lo dice
todo, no habrá otra palabra más que ésta. S. Juan de la Cruz, después de
otros muchos, lo expresa de manera luminosa, comentando Hb 1,1-2:

Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene
otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene
más que hablar; porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha
hablado en el todo, dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora
quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo
haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente
en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad (San Juan de la Cruz, Subida al
monte Carmelo 2,22,3-5: Biblioteca Mística Carmelitana, v. 11 (Burgos 1929), p.
184.).

No habrá otra revelación

66 "La economía cristiana, como alianza nueva y definitiva, nunca
cesará y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la
gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo" (DV 4). Sin embargo,
aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada;
corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el
transcurso de los siglos.

67 A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas
"privadas", algunas de las cuales han sido reconocidas por la
autoridad de la Iglesia. Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la
fe. Su función no es la de "mejorar" o "completar" la
Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en
una cierta época de la historia. Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el
sentir de los fieles (sensus fidelium) sabe discernir y acoger lo que en estas
revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la
Iglesia.

La fe cristiana no puede aceptar "revelaciones" que pretenden superar
o corregir la Revelación de la que Cristo es la plenitud. Es el caso de ciertas
Religiones no cristianas y también de ciertas sectas recientes que se fundan en
semejantes "revelaciones".

Resumen

68 Por amor, Dios se ha revelado y se ha entregado al hombre. De este
modo da una respuesta definitiva y sobreabundante a las cuestiones que el hombre
se plantea sobre el sentido y la finalidad de su vida.

69 Dios se ha revelado al hombre comunicándole gradualmente su propio
Misterio mediante obras y palabras
.

70 Más allá del testimonio que Dios da de sí mismo en las cosas
creadas, se manifestó a nuestros primeros padres. Les habló y, después de la
caída, les prometió la salvación (cf. Gn 3,15), y les ofreció su alianza.

71 Dios selló con Noé una alianza eterna entre El y todos los seres
vivientes (cf. Gn 9,16). Esta alianza durará tanto como dure el mundo.

72 Dios eligió a Abraham y selló una alianza con él y su
descendencia. De él formó a su pueblo, al que reveló su ley por medio de
Moisés. Lo preparó por los profetas para acoger la salvación destinada a toda
la humanidad.

73 Dios se ha revelado plenamente enviando a su propio Hijo, en quien
ha establecido su alianza para siempre. El Hijo es la Palabra definitiva del
Padre, de manera que no habrá ya otra Revelación después de El.


Autor:

Episcopado de la Iglesia Católica

Fuente:

www.vatican.va

 

Oración de la Fe - cual es la oracion de la fe?

Oración de la Fe
Yo creo, Señor; en Ti
que eres la Verdad Suprema.
Creo en todo lo que me has revelado.
Creo en todas las verdades
que cree y espera mi Santa Madre
la Iglesia Católica y Apostólica.
Fe en la que nací por tu gracia,
fe en la que quiero vivir y luchar
fe en la que quiero morir.

Autor:

Redacción Church Forum

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

Las agresiones a la religión católica en los medios de comunicación

Las agresiones a la religión católica en los medios de comunicación. ¿Qué hay detrás? ¿Cómo reaccionar?
Para acabar con la pasividad en tiempos de guerra cultural.
Tras una introducción previa, el artículo trata sobre los ataques que sufre la Religión Católica, de donde vienen éstos, sus autores, sus víctimas, quienes apoyan estos ataques, las motivaciones de esos ataques, las tácticas con que se desarrollan, como esos ataques permanecen impunes, como se defiende y como debiera hacerlo y propuestas para solucionar el problema.
Ante una realidad que nadie discute de agresiones permanentes a la Iglesia, a sus dogmas, a sus instituciones, a sus ministros y a su estética, los católicos no podemos ni debemos permanecer insensibles o pasivos. Debemos reaccionar buscando los canales adecuados para hacemos escuchar, defendiéndonos de estos ataques y difundiendo los valores del Evangelio en todos los ámbitos donde transcurre la vida del hombre.
Debido a que por un lado los medios de comunicación son un campo difícil y competitivo y por otro que los católicos arrastramos todavía un habito adquirido de una situación histórica ya pasada de no haber tenido que luchar para que nuestros principios cristianos fueran socialmente reconocidos, nos encontramos ante un gran desafío. Hemos de tomar conciencia de nuestra escasa preparación para responder a esta nueva situación y evitar el inhibimos a la hora de entrar en los sucesivos debates que se vayan planteando.
Estamos profundamente convencidos de que hoy en día ninguna sociedad puede prescindir de los medios de comunicación, del gran adelanto que estos significan y de la gran labor que desempeñan o deberían desempeñar en su adecuado desarrollo social y democrático. Es claro también que pueden convertirse en instrumentos de manipulación, de odio, mentira, calumnia, y encubrimientos al servicio de intereses económicos y políticos ilícitos de determinados sectores o personas. En este caso en vez de informar, desinforman y en vez de formar, deforman. Se trata de la ambivalencia de muchos de los progresos técnicos del hombre, cuya bondad o maldad viene dada por el uso que se haga de ellos y por los fines a los que se dediquen.
En un mundo que se ha hecho pequeño por la rapidez con que la información viaja de un extremo al otro, su difusión y la transmisión de las ideas es también inmediata y fácil por lo que se puede hablar de globalización del pensamiento. No es un disparate decir que los medios de comunicación son actualmente para muchos los principales educadores inspirando comportamientos, estilos de vida, y maneras de comprender el mundo y al hombre. Hoy en día se delega en estos medios algo tan personal como es la capacidad de pensar por uno mismo. El hombre ya no piensa, es pensado desde fuera. La televisión, la radio, la prensa, Internet se convierten así en las primeras instancias morales, dictan lo que esta bien y lo que esta mal, lo feo y lo bello, lo que debe hacerse o permitirse y lo que no. Se acaba viviendo a base de unas pocas ideas o tópicos que se repiten hasta la saciedad sin que nadie los someta a un análisis riguroso para averiguar de donde vienen, *a que intereses o intenciones responden y si responden a la verdad.
Tampoco se puede olvidar el gran el uso que de estos medios hacen los niños y los jóvenes, sin tener en muchísimos casos la preparación necesaria para desarrollar frente a ellos el necesario espíritu crítico . De esta forma estos medios van moldeando sus criterios, conductas y vida y la visión que de ella van adquiriendo, habiendo delegado los padres en ellos la responsabilidad de educadores prioritarios de sus hijos.
La Iglesia reconoce en los medios de comunicación social unos grandes aliados para su tarea evangelizadora. Ha utilizado el término de primer "areópago" para referirse a ellos en el sentido de que son el primer lugar de propagación y transmisión de las ideas.
A lo largo de su historia la Iglesia siempre se ha servido para transmitir el mensaje de salvación de los medios de comunicación disponibles en cada época. Así desde la antigüedad se sirvió del arte, la pintura o la escultura en pórticos, fachadas, retablos y manuscritos iluminados, es decir de la imagen, por dirigirse prácticamente siempre a una población en su mayoría analfabeta.
Cuando se inventó la imprenta, la iglesia igualmente utilizó ese medio de transmisión para difundir su doctrina a través de libros y demás textos escritos.
Actualmente se da una proliferación de enorme variedad y posibilidades de medios de comunicación, cine, vídeo, teatro..etc de los que la Iglesia, que somos todos, siguiendo su tradición histórica, debe servirse cada vez más para cumplir su misión pastoral.
Ahora bien, si es verdad que los medios de comunicación pueden ser para la Iglesia grandes aliados en su misión evangelizadora, también lo es, como hemos dicho al comienzo, que se pueden convertir en grandes adversarios cuando son utilizados como arma contra ella, como desgraciadamente está ocurriendo con demasiada frecuencia.
Raro es el día que pasa que no veamos en alguno de estos medios cómo la Iglesia, sus ministros o sus declaraciones son objeto de visiones deformadas o desinformadas, juicios apresurados, o silencios cómplices ante ataques desmesurados o mentiras manifiestas. Ya Cristo anunció a sus discípulos que serían perseguidos, hecho que a lo largo de la historia nunca ha dejado de ocurrir.
La diferencia con el pasado es que hoy al producirse esta persecución y ataques con los instrumentos mediáticos modernos, tienen una resonancia mucho mayor pues llegan rápidamente a todo el mundo y a todas partes. Utilizando fórmulas sensacionalistas y de escaso contenido y rigor se crea con mucha facilidad un estado de opinión pública errónea y contraria a la Iglesia que posteriormente es muy difícil corregir. Y esto una y otra vez contribuye eficazmente a denigrar y a poner bajo sospecha a la Iglesia cada vez que surgen cuestiones que la atañen directa o indirectamente. Una cosa es el disentir o la crítica razonada y otra es el sectarismo y la tendenciosidad.
Los ataques

Lo primero que hemos de precisar es la identidad de los autores de estos ataques. Los encontramos dentro y fuera de la Iglesia.
Desde dentro:

- Algunos teólogos y asociaciones de teólogos así como algunos sacerdotes que disienten en ocasiones con la enseñanzas de la Iglesia.
- Ciertos movimientos que se sitúan en la frontera de la ortodoxia.
- Algunos de los cristianos que son responsables de la organización, y programación de programas en radio y televisión, como son informativos, entrevistas, conferencias, debates; columnistas, periodistas, escritores intelectuales y también artistas que escriben en los periódicos o participan en dichos programas, debates... etc.
- Muchos de nosotros que somos miembros de la iglesia, y callamos o permitimos estos ataques.
Desde fuera:
- personas que se declaran no creyentes o al margen de la Iglesia y que tienen acceso, utilizan o trabajan en cualquiera de los medios de comunicación.
- Sectas manifiestamente hostiles a la Iglesia Católica.
Sobre quienes recaen estos ataques:
- la iglesia, en sus dogmas, declaraciones o documentos, instituciones, estética, liturgia, devociones y tradiciones.
- Los ministros, religiosos y religiosas, miembros de la jerarquía y en especial S.S. el Papa.
Soportes de estos ataques

Aunque ya los hemos mencionado en el punto anterior, nos estamos refiriendo a los diferentes medios de comunicación de los que se sirven los que llevan a cabo las agresiones que venimos denunciando, tales como son: diarios, revistas, radio, televisión, Internet, sin olvidar su relación con el mundo de la literatura, el arte, el cine y el teatro, a los que sirven como caja de resonancia.
Los ataques aparecen tanto en información general, artículos de opinión, editoriales, columnas, como en entrevistas, debates, mesas redondas, programas de humor.
Se da la paradoja que muchos de estos medios de comunicación son propiedad de personas próximas a la religión o al menos no contrarias. Los que manipulan, hacen o deshacen son los llamados profesionales de la comunicación, empleados y pagados por los dueños de esos medios.
Motivaciones de esos ataques

Todas estas agresiones ¿son fruto de un anticlericalismo sin más, del que en España, por cierto, hay una larga tradición? ¿Responden a experiencias personales negativas que no han podido digerirse? ¿Obedecen a un pasado histórico sobre el que todavía no se es capaz de tener una visión objetiva?
Sin duda y debido al peso que la Iglesia Católica sigue teniendo en España, sus posiciones en determinadas cuestiones siguen siendo incómodas para muchos, que desearían una Iglesia más permisiva y condescendiente. La denuncia sistemática de las bolsas de pobreza de nuestro país, del escándalo del enriquecimiento fraudulento de algunas personas o entidades, su desacuerdo con la prácticamente nula política de protección y ayuda a la familia, la promoción de una educación que favorece la promiscuidad entre los jóvenes, la falta de protección a la vida desde su concepción... etc molesta y mucho.
La Verdad con mayúscula no tiene mucha aceptación en sociedades hedonistas y materialistas, ni en el entramado de intereses políticos y económicos por las que estas se mueven. Tiene bastante lógica que ante el relativismo imperante donde ninguna verdad es definitiva y absoluta y la opinión de la mayoría es ley, la popularidad de la Iglesia en ciertos medios ande en cotas muy bajas.
Tácticas

Analicemos ahora algunas de las estrategias que se utilizan para llevar a cabo estas agresiones.
Se niega a la Iglesia el derecho de defenderse, y cuando lo hace se la tacha de victimismo, de cultivar la cultura de la queja, o de repetición de tics extemporáneos. En definitiva se ridiculiza su derecho a defenderse, lo que no se hace con ninguna otra institución.
Se parte de posiciones que presuponen la culpabilidad de la Iglesia a la que se exige todo tipo de explicaciones.
Arrogarse el derecho absoluto de establecer lo que está bien y lo que está mal en contra de la opinión de la Iglesia. Se erigen en jueces infalibles resolviendo muchas veces las cuestiones más arduas por medio de juicios sumarísimos.
Negar que la Iglesia pueda tener sus propias normas.
Poner en tela de juicio su doctrina, frecuentemente en base a declaraciones de personas de cierta popularidad que no están en posición de poder opinar y no dejan sino entrever su profunda ignorancia sobre las cuestiones religiosas tratadas.
Como desde el campo de la doctrina se carece de argumentos serios para ir contra la Iglesia, se recurre a la ironía, la burla, el sarcasmo, el descrédito, el desprecio y la desacralización. Esto se da también mucho en programas de televisión donde con una absoluta falta de respeto a la sensibilidad religiosa de muchas personas, se trata de forma frívola y superficial a personas de la jerarquía de la iglesia, o temas específicamente religiosos.
Negarse a considerar que la Iglesia deba opinar sobre cuestiones temporales. Se pretende relegar la fe y la doctrina católicas, así como la práctica de la religión, a la esfera de lo privado, eliminándolas lo más posible de la esfera pública. Parecería un intento de hacerla volver al tiempo de las catacumbas.
Favorecer la diatriba contra la Iglesia en forma de apoyo a los que disienten abiertamente contra ella, ya sean personas individuales o movimientos sociales.
Sistemática asociación de lo que peyorativamente llaman nacionalcatolicismo con el franquismo. Se ignora, o se silencia el hecho de las numerosísimas iglesias profanadas e incendiadas durante nuestra contienda civil o no se quiere atribuir la condición de mártires a las miles de personas que murieron en ella sólo a causa de su condición de obispos, sacerdotes, religiosos o religiosas o de ser simplemente cristianos confesos.
Identificar progreso con el permitir el aborto, la eutanasia, matrimonios de homosexuales, ordenación de las mujeres, equiparación de las uniones de hecho a las formas de familia tradicional ...etc y tachar de reaccionaria la postura de la Iglesia que manifiesta su disconformidad con ellas.
Se practica la cicatería en el elogio o en el reconocimiento de la labor positiva de la Iglesia a favor de los más desfavorecidos, en educación, con los enfermos, en la promoción de los valores sociales y económicos y en la defensa a ultranza de todos aquellos valores en los que se asienta la dignidad humana.
Se hace uso de una calculada ambigüedad a la hora de tratar determinados temas que tienen que ver con la Iglesia. Se da una de cal y otra de arena, manifestando como un temor a ponerse completamente de parte de ella, quedando de manifiesto esa tibieza evangélica tan frecuente en los medios cristianos de hoy.
Tomar la excepción, el pecado o error de algunos como la norma general dentro de la iglesia. Se hipertrofian deliberadamente las excepciones.
Coger un tema que perjudique a la Iglesia y apurarlo hasta el límite en artículos, editoriales, entrevistas.
Se recurre con frecuencia a la calumnia, la mentira, el infundio, sin preocuparse de contrastar la información para comprobar su veracidad. Ello obedece a la táctica de que se sabe que una vez vertida una información negativa sobre algo o alguien, cosa que es muy fácil, demostrar la verdad requiere un gran esfuerzo y tiempo y gran parte del daño queda hecho de todas maneras. Las rectificaciones se hacen en pocas ocasiones y frecuentemente de manera solapada en un pequeño recuadro en no se sabe que página.
Una forma de ataque más sutil que las habituales pero de mayores efectos a la larga, es denigrar de forma indirecta la estética tradicional de la iglesia. Si las ideas de Belleza y Bondad fueron consideradas siempre como un reflejo de la Belleza y Bondad divinas, ahora se procura eliminar esta inspiración sustituyéndola por el feismo gratuito e intrascendente o recurriendo a tácticas esperpénticas. Un ejemplo reciente lo tenemos en el supuesto rostro de Jesús confeccionado por un sedicente antropólogo y que los medios de comunicación se apresuraron a publicar.
Impunidad de los ataques

Es clara la gran pasividad de los católicos ante todos estos hechos que de una manera progresiva se han ido instalando en nuestra vida cotidiana. Nos hemos ido acostumbrando a convivir con ellos y muchas veces los observamos hasta en clave de humor. No nos damos cuenta que con nuestra falta de reacción nos hacemos culpables de que los fundamentos cristianos sobre los que se ha ido tejiendo nuestra historia y cultura con sus gestas heroicas y tragedias, con sus aciertos y equivocaciones, con sus épocas de esplendor y decadencias, van siendo minados. Se nos sustrae el alma de nuestra cultura y quedamos impasibles ante la consecuencia de su inevitable decadencia y las repercusiones que ello trae.
Pareciera que predomina una actitud de resignación ante lo que se considera inevitable o de obligado tributo que habría que pagar al progreso de nuestras sociedades aconfesionales en las que al final parece que todo vale. Y la paradoja es que precisamente en unas sociedades saturadas por la variedad de medios de comunicación, y por tanto de canales para hacer llegar a la opinión pública nuestra voz, los católicos permanecemos en gran parte mudos, facilitando la impunidad de estas agresiones constantes.
Es claro que los medios de comunicación social protagonizan un constante bombardeo contra la concepción cristiana de la vida y del hombre cuando promueven esta política de ataques mas o menos directos contra la Iglesia. Contribuyen al establecimiento de una atmósfera cada vez mas contraria a los valores del humanismo cristiano, y a la acentuación de ese vacío existencial que amenaza al hombre de hoy, y que es origen de tantas lacras en las nuevas generaciones tales como las drogas, la promiscuidad sexual, el alcohol, las enfermedades mentales, la incapacidad para mantener la fidelidad conyugal...etc.
Como cristianos tenemos pues, que ser conscientes de la trascendencia que supone nuestra pasividad ante estos hechos. Si queremos de verdad sociedades mas justas, y libres donde el hombre pueda desarrollarse plenamente como tal y creemos que en el mensaje de salvación cristiano esta la clave para que así sea, no podemos asistir inermes a los ataques a nuestra religión y a nuestra Iglesia, vengan de donde vengan. Si estos ataques permanecen impunes es responsabilidad de todos el que así sea. Y si no miremos a otras sociedades o grupos de creyentes. Sin elogiar posturas extremas, ¿qué pasa cuando un medio de comunicación social se mete contra los judíos o musulmanes? La reacción suele ser contundente social y económicamente (casos IBM, Telefónica, o BBC) y la retractación por parte de quien ha hecho el ataque, inmediata.
Si se declara delito el antisemitismo ¿por qué no también el anticatolicismo o el ataque a otra religión cualquiera? No se puede confundir la tolerancia y el respeto a otras creencias con la indefensión y la falta de exigencia de respeto a las propias.
Defensas

Cabe ahora preguntarse cómo nos defendemos y cómo se defiende la Iglesia ante estos ataques. Sin duda los católicos nos podríamos hacer acreedores en muchísimas ocasiones de aquellas palabras con que Jesús acababa la parábola del administrador infiel: « los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz»(Lc.16, 8). Es claro que ante el acoso y críticas poco rigurosas a las que en muchas ocasiones es sometida nuestra Iglesia no ofrecemos una adecuada respuesta y estrategia.
En primer lugar se tarda mucho en responder. La contestación llega cuando en los medios de comunicación se lleva hablando días o semanas sobre el tema en cuestión. Se han divulgado ya toda una serie de pareceres de la más variada procedencia, sobre una información que muchas veces es parcial e incompleta, y que hábilmente manipulada consigue dar una imagen en algunos casos muy desfavorable de la Iglesia, sus ministros o de sus actuaciones.
Cuando se responde se hace frecuentemente sin mucha contundencia, con un lenguaje poco asequible para el hombre de la calle. Se utilizan largos y densos comunicados, poco atractivos, que no captan el interés o la atención de lector u oyente. Al final solo un reducidísimo grupo de personas es el que se los lee o escucha hasta el final. Se suele tratar de los ya convencidos, de ninguna manera de los que no lo están.
Se echa de menos también el que a la hora de contestar en favor de las posturas de la iglesia prácticamente siempre sean los obispos o algún ministro ordenado los que lo hacen y no laicos, preparados en el campo de las comunicaciones sociales, que puedan ser sus portavoces. Pareciera que no hay casi laicos en la iglesia que esten preparados para salir a la calle para dialogar, argumentar, y defender las posturas, opiniones o pensamiento de la Iglesia en las distintas cuestiones planteadas. Vaya aquí en el campo de las excepciones nuestro homenaje y gratitud al comentario semanal de «Gonzalo de Berceo» en el Alfa y Omega.
Tampoco se consigue que los numerosos movimientos y asociaciones de fieles laicos dentro de la iglesia logren hacer escuchar una voz unitaria frente a estos ataques. Hay que tener en cuenta que todos ellos reúnen a un gran número de personas y que podrían tener una presencia muchísimo mayor y activa en los medios de comunicación. Se evitaría así que la defensa frente a estos ataques quedara circunscrita a charlas en una sala de conferencias o a quejas en la sobremesa en la propia casa.
La consecuencia de todo esto es que se produce una sensación de desánimo, resignación, impotencia y desorientación entre los católicos, que acostumbrados ya a las permanentes agresiones, acaban por creerse todo lo que les cuentan los medios de comunicación, incapaces de formarse una opinión que responda a la verdad de los hechos. Se va creando así una especie de complejo de ser cristiano y de opinar en cristiano. Parece que el serlo solo sirve para el ámbito de lo privado, para el interior de las iglesias y para unos nostálgicos de tradiciones pasadas pero inservibles para los tiempos modernos.
De aquí a dejarse arrastrar por el relativismo moral imperante en todos los campos hay muy poco trecho, porque al enturbiarse el juicio, se acaba pensando que todas las opiniones son igual de buenas y válidas.
Propuestas

Como postura previa habría que abandonar una permanente actitud defensiva que lleva aparejada siempre una cierta debilidad de la Iglesia y la pérdida de la iniciativa a la hora de hacer llegar sus propuestas, explicar sus posturas y propiciar un diálogo que lleve a un mayor y mejor entendimiento entre las distintas partes.
La iglesia no puede ir siempre por detrás de las cuestiones que salen a debate público y que la atañen directa o indirectamente, ni esperar a que se hayan vertido contra ella o contra sus actuaciones todo tipo de juicios y opiniones muchas veces faltas de rigor y veracidad. Debe por el contrario ir por delante, prever lo que va a saltar a la actualidad, tener a punto sus comunicados para responder de forma inmediata en todos los medios posibles, en un plano de igualdad con los que no piensan como ella o la critican.
Otra cuestión muy importante es la del lenguaje o la forma de expresar su pensamiento en los medios. Las respuestas tendrán que ser ágiles, claras , directas , concisas y oportunas, evitando que sus comunicados puedan parecer catequesis. Ante una cuestión polémica no es necesario esperar a tener elaborado un complejo documento con toda suerte de matizaciones. El tiempo que se necesita para ello es perder el factor oportunidad en la respuesta.
Para esto sería necesario crear o reforzar si ya existe un equipo de comunicadores profesionales, capaces de pulsar continuamente la opinión pública, y lo que se dice o va a decir en los medios para poder tener a punto los comunicados propios. Este equipo tendría que ser algo así como un puente entre los obispos y la gente de la calle, siendo capaces de traducir al lenguaje corriente y de sintetizar el pensamiento de la iglesia en un momento dado.
Desde aquí hacemos un llamamiento a los periodistas y alas Facultades de Ciencias de la Comunicación para que al igual que en los planes de estudio se contempla la formación en temas económicos, políticos e históricos, se incluya también la formación en cuestiones religiosas independientemente del credo de cada uno. Estamos convencidos, como dijo recientemente Monseñor Foley en Madrid que «un periodista no puede ser un buen profesional sin apreciar la importancia de la religión en la vida humana». Ello sin duda facilitará la comprensión de fenómenos como los que estamos viviendo a propósito de los fundamentalismos, así como de comprender mejor y en todo su alcance las declaraciones de la Iglesia, en vistas a una mejor información. Se evitaría de este modo el tener que recurrir a tantos tópicos, y argumentos que han quedado completamente obsoletos y que cualquier historiador con un mínimo de rigor y honradez profesional podría desmontar con toda facilidad.
Siguiendo con las propuestas, es necesario reforzar e incrementar la presencia de los católicos en los medios de comunicación, tanto de forma permanente como esporádica a través de los canales habilitados para ello (cartas al director, colaboraciones, entrevistas ... etc.)
Creación y financiación de periódicos, revistas, canales de televisión, y emisoras de radio que sean propiedad de la Iglesia y de asociaciones católicas, en las que la Iglesia pueda expresar de forma continuada su opinión sobre cualquier tema. En el caso de las publicaciones escritas, buscar el que sean asequibles económicamente
para todos y la forma de darles una amplia difusión. Pedimos medios de comunicación católicos y medios de comunicación respetuosos con lo católico.
Organización y participación de los laicos en conferencias, debates, reuniones en los que se analice, explique y argumente el pensamiento y las posturas de la Iglesia en temas de actualidad.
Promover la unión de movimientos y asociaciones de la Iglesia con el fin de encontrar canales comunes a través de los que se pueda hacer llegar a la opinión publica su voz unitaria.
Como medidas de presión ante situaciones de agresión manifiesta a la Iglesia proponemos:
- recurrir a la aplicación de la legislación vigente por medio de las oportunas denuncias.
- Rechazar los medios hostiles a la Iglesia, negándoles nuestra audiencia y seguimiento, así como las marcas comerciales que los patrocinan.
Como conclusión de esta comunicación pedimos ante estas agresiones: conocimiento a fondo de la situación denunciada; reacción valerosa y oportuna ante ellas; búsqueda del criterio justo, con la humildad suficiente para corregir los propios errores y dejarse inspirar siempre por el máximo precepto evangélico: IN OMNIA CHARITAS.

Autor:

Jesús Sáiz Luca de Tena y Mercedes Soto Falcó

Fuente:

Revista ARBIL

 

que es la fe? informacion sobre la fe

  • Es un inmenso don de Dios. Debemos pedírsela.
  • Vale más que la vida.
  • El justo vive de la fe (Rom 1, 17).
  • Poner en ella todo lo que somos, todo lo que esperamos, todo lo que amamos.
  • Nos mantiene en pie en los momentos de obscuridad.
  • No es un mero sentimiento de la presencia de Dios o de la voluntad de Dios en nuestras vidas.
  • Debe penetrar y envolver a toda la persona: Su confianza, su fidelidad, su adhesión emocional, su asentimiento intelectual.
  • La vocación cristiana es absurda e incomprensible sin la fe.
  • No pedirle a Dios pruebas.
  • No tenerle miedo al futuro porque el Señor no nos fallará.
  • Sin ella la vida es triste y la fidelidad imposible.

En qué creer como miembros de la Iglesia, y por lo tanto vivir consecuentemente:

  • Intensificar la fe en la Iglesia, como lugar donde Dios nos ha puesto para dar frutos.
  • En que Dios nos habla a través del Papa, los obispos y sacerdotes.
  • En el espíritu cristiano, que brota del Evangelio, como el lugar donde se expresa para nosotros la voluntad de Dios, y hacerlo vida de nuestras vida, aceptándolo con humildad y mansedumbre.
  • Que Cristo se ha unido místicamente a cada uno de los cristianos.
  • En nosotros mismos y no dudemos de nuestra capacidad, dones y talentos para realizar nuestra misión.
  • En la fecundidad de nuestras vidas arrojadas al surco de Cristo.
  • En la trascendencia y valor de nuestra entrega a las almas.

La fe es:

  • Darnos incondicionalmente.
  • Entregarnos a Dios ciegamente.
  • Dejarnos conquistar por su amor para su causa sin hacer reparos.
  • Caminar, sufrir, luchar, caer y levantarnos tratando de se fiel a un Dios que nos llama y que no vemos.
  • "Lanzarme en la oscuridad de la noche, siguiendo una estrella que un día vi, aunque no sepa a donde me va a llevar".
  • Sobrellevar con alegría las confusiones, las sorpresas, las fatigas y los sobresaltos de mi fidelidad.
  • Fiarme de Dios y confiar en El.
  • Adhesión total, llena de amor a la voluntad santísima de Dios.
  • Quien da valor a la vida, a los sufrimientos, a las dificultades, a todo.
  • Ese rescoldo que ilumina y calienta en las luchas más terribles de la vida.

Razón para creer:
Porque tenemos de garante de nuestras vidas, de nuestra vocación y de nuestra misión a Dios que es fiel.
Consecuencias de una fe mortecina, apagada, débil, lánguida ante los planes de Dios:

  • Muchos problemas.
  • Dificultades.
  • Crisis.
  • Tentaciones.
  • Apartados mentales ante la vocación cristiana.
  • Rebeldía ante la cruz.
  • Apatía ante la misión.
  • División interior, pensando creer en Dios pero buscando en la práctica realizar sólo nuestros caprichos.

Enemigos de la fe:

  • Falta de formación.
  • Abundancia de racionalismo.
  • Formación científica llena de prejuicios contra todo lo que no es verificable y comprobable.
  • Pedirle a Dios pruebas y garantías.

La fe debe ser:

  • Profunda.
  • Lúcida.
  • comprometedora.
  • Exigente.
  • Viva.

Consecuencias de una fe viva y generosa:

  • Frutos apostólicos.
  • Generosidad, docilidad y madurez ante los compromisos y exigencias de la vida cristiana.
  • Optar por dejar a un lado el egoísmo y el apego a las cosas del mundo.
  • Ser serviciales, universales, delicados y bondadosos con todos.
  • Felicidad al vivir por la fe con la confianza puesta en Dios.
  • Humildad y mansedumbre para la voluntad de Dios.
  • Portadores de alegría, paz y esperanza.

Par aumentar la fe:

  • Mucha oración.
  • Cortar con el racionalismo.
  • Imitar el ejemplo de María.
Autor:

Redacción Church Forum

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

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fuente:
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