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Porque y para que se rezan a los santos? Preguntas Catolicas

¿Porqué y para qué? Te preguntarás, ¿tiene sentido rezar a los santos o pedir por las almas de quienes ya se han muerto?. Esta tradición está basada en la certeza que tenemos los cristianos de que la Iglesia es un solo cuerpo, el Cuerpo de Cristo. En el Cuerpo de Cristo fluye un mismo espíritu: el Espíritu Santo; Jesucristo es la Cabeza de ese cuerpo y todos los bautizados, somos sus miembros. La unión de los miembros de la Iglesia no se interrumpe con la muerte, más aun, la Iglesia nos enseña que se refuerza con la comunicación de los bienes espirituales.

Esto es un misterio, el misterio de la Iglesia. No se puede comprender con la razón, ni se puede comprobar como las ciencias; es cuestión de fe, los creyentes no solamente creemos en Dios, también "le creemos a Dios", y sabemos que Él nos habla en su Palabra: consulta la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, capítulo 12, versos del 12 al 31 y medita lo que ahí dice.

Comprenderás ahora por qué decimos en el Credo "Creo en la Comunión de los Santos", queremos indicar que existe una unión, una comunicación entre las almas en las que el Espíritu Santo tiene su morada. Entre todos los miembros de la Iglesia, que está dividida en tres estados:

s La Iglesia Peregrina: los vivos, que aun peregrinan en la tierra;

s La Iglesia Purgante: los ya difuntos, que se purifican;

s La Iglesia Triunfante: los que están ya glorificados, en el cielo, contemplando a Dios.

Como todos los creyentes forman un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros. Es pues necesario creer que existe una comunión de bienes en la Iglesia. El miembro más importante de este cuerpo es Cristo, ya que es la Cabeza, así, el bien de Cristo es comunicado a todos los miembros, y esta comunicación se hace por los sacramentos.

Por eso también se habla de la "intercesión de los santos"; ellos están ya unidos a Cristo, gozando de la Gloria del Padre y como parte del mismo Cuerpo de Cristo, pueden interceder por quienes aun no llegamos al cielo.

Culto: Los católicos veneramos a los santos, son quienes constituyen la Iglesia Triunfante, que junto con nosotros (Iglesia Peregrina) y con los que se están purificando (Iglesia Purgante), forman una sola Iglesia, la Iglesia de Jesucristo. Son quienes vivieron una vida normal, como tú y como cualquiera de nosotros, esforzándose por seguir a Cristo, sus mandamientos y enseñanzas, y lo hicieron hasta la muerte.

Las fiestas de los santos y de la Virgen María, no son fiestas ajenas a Cristo, antes bien, nos ayudan a comprender en qué consiste la vida cristiana y nos enseñan que sí se puede merecer la redención que Cristo nos alcanzó, si se vive de acuerdo al evangelio.


  • La Virgen María, es el fruto más espléndido de la Redención.

  • Con el culto a los demás santos la Iglesia proclama el misterio pascual cumplido en ellos.

El Culto que se da a los santos es derivado del que se da a Dios. Hay diferentes tipos de culto:


  • De Latría ® servicio a un amo o Señor ® sólo se da a Dios.

  • De Dulía ® servidor, servidumbre ® a los siervos de Dios por la gracia que de él han recibido ® es el que se da a los santos.

  • De Hiperdulía ® servidor superior ® es el que se da a la Virgen María.

El venerar o dar culto a los santos no es una costumbre nueva de la Iglesia Católica, desde las primeras comunidades cristianas lo hacían, hay pruebas de ello en numerosos escritos de la historia de la Iglesia de Cristo de los primeros siglos.

Lo importante es siempre situar al santo "debajo" de Jesucristo, quien es el centro y motivo de la fe cristiana. Los santos son importantes precisamente porque siendo hombres y mujeres normales, pecadores, limitados, se esforzaron por seguir a Jesús en su vida y contagiaron a muchos de su gran amor por Él. La Iglesia los venera y pide su intercesión, por la certeza de es el Cuerpo Místico de Cristo, un "solo cuerpo con un solo Espíritu" (Cf. 1Co 12, 12-31); cuerpo que no se puede "desmembrar" ni aun con la muerte y convencida también de que los bienes de cualquiera de sus miembros benefician al resto de este Cuerpo Místico.

Historia: En la Iglesia primitiva se celebraba solamente el misterio Pascual ® la Resurrección de Cristo. La santidad de los hombres se medía por la participación en la muerte de Cristo ® el mártir era el santo por excelencia.

Los primeros santos fueron todos mártires, hombres o mujeres que morían por defender la fe en Jesús Resucitado. El primero de quien se tiene noticias fue un obispo llamado Policarpo (156 d. C.), a quien ya se celebró como "santo". En aquéllas comunidades:


  • se sentía veneración por el mártir

  • se celebraba la memoria del día del martirio

  • se tenía una celebración jubilosa (Eucaristía y fiesta)

Posteriormente (año 258) se veneraba también a los Confesores, es decir, a los hombres y mujeres que con valentía confesaban su fe en Cristo dando testimonio de ella mediante un amor admirable sin llegar al Martirio, y a las Vírgenes por consagrar su vida al servicio del Señor.

Los fieles recogían los restos de sus santos (reliquias) y los sepultaban en un lugar especial, conmemoraban alrededor de su tumba el día del martirio o de su muerte y celebraban la Eucaristía. Después comenzaron a colocar la mesa del altar sobre la tumba del hombre a quien consideraban santo o se le daba sepultura al pie de un altar ya construido. En algunos casos se erigieron basílicas sobre las tumbas de los principales mártires (San Pedro, San Pablo, etc.)

Hoy, para reconocer públicamente a una persona como santo es preciso un proceso de canonización promovido por quienes conocieron a esa persona o son testigos de milagros realizados por su intercesión. Existe una gran cantidad de santos reconocidos por la Iglesia y otros muchos que, aunque no son famosos ni siquiera conocidos, vivieron una vida de auténtica santidad. A todos ellos se dedica la fiesta del 1° de noviembre; a todos ellos los cristianos podemos encomendarnos para que intercedan por nosotros y alcancemos, como ellos, llegar a reunirnos con Cristo, nuestra cabeza.

 

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