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LETANÍA DE LOS SANTOS

LETANÍA DE LOS SANTOS

Señor, ten piedad. / Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. /
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. /
Señor ,ten piedad.

Santa María, Madre de Dios,
/ Ruega por nosotros.
San Miguel,
/ Ruega por nosotros
Santos ángeles de Dios,
/ Rogad por nosotros.
San Juan Bautista,
/ Ruega por nosotros.
San José,
/ Ruega por nosotros.
Santos Pedro y Pablo,
/ Rogad por nosotros.
San Andrés,
/ Ruega por nosotros.
San Juan,
/ Ruega por nosotros.
Santa María Magdalena,
/ Ruega por nosotros.
San Esteban,
/ Ruega por nosotros.
San Ignacio de Antioquía,
/ Ruega por nosotros.
San Lorenzo,
/ Ruega por nosotros.
Santas Perpetua y Felicidad,
/ Rogad por nosotros.
Santa Inés,
/ Ruega por nosotros.
San Gregorio,
/ Ruega por nosotros.
San Agustín,
/ Ruega por nosotros.
San Atanasio,
/ Ruega por nosotros.
San Basilio,
/ Ruega por nosotros.
San Martín,
/ Ruega por nosotros.
San Benito,
/ Ruega por nosotros.
Santos Francisco y Domingo,
/ Rogad por nosotros.
San Francisco Javier,
/ Ruega por nosotros.
San Juan María Vianney,
/ Ruega por nosotros.
Santa Catalina de Siena,
/ Ruega por nosotros.
Santa Teresa de Avila,
/ Ruega por nosotros.
San Raimundo de Peñarfort,
/ Ruega por nosotros.
Santos y Santas de Dios,
/ Rogad por nosotros.

Muéstrate propicio,
/ Líbranos, Señor.
De todo mal,
/ Líbranos, Señor.
De todo pecado,
/ Líbranos, Señor.
De la muerte eterna,
/ Líbranos, Señor.
Por tu encarnación,
/ Líbranos, Señor.
Por tu muerte y resurrección,
/ Líbranos, Señor.
Por el envío del Espíritu Santo,
/ Líbranos, Señor.

Nosotros, que somos pecadores,
/ Te rogamos, óyenos.
Jesús, Hijo de Dios vivo,
/ Te rogamos, óyenos
Cristo, óyenos
/ Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
/ Cristo, escúchanos.

 

Un católico vota así

Un católico vota así

Un católico vota así

La democracia no se sustenta sin la verdad. Verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente (Juan Pablo II).

I. ENSEÑANZA DE LA IGLESIA:
1. La Iglesia católica no tiene partido. Como institución, la Iglesia acoge a todos los bautizados y no apoya a ningún partido político; más aún, acepta que una misma fe puede inspirar opciones políticas diversas.
2. Los fieles católicos pueden afiliarse y votar libremente por el partido político y por el candidato que, sin contradecir sus convicciones morales y religiosas, mejor responda al bien común de los ciudadanos.
3. La jerarquía de la Iglesia, es decir, los diáconos, presbíteros y obispos, no pueden afiliarse a ningún partido político, ni apoyar públicamente a un candidato en particular. Es su derecho y deber proponer los principios morales que deben regir el orden social y, en privado, votar por quien quieran.
4. Los fieles católicos están obligados a ser coherentes con su fe en público y en privado; no pueden, por tanto, sin traicionarse a sí mismos, adherirse o votar por un partido o por un candidato contrario a sus convicciones religiosas y a sus exigencias morales.
II. POR TANTO, UN CATÓLICO:
5. No puede votar por un partido o por un candidato que esté en contra del respeto absoluto que se debe a la vida humana desde la concepción hasta su desenlace natural, como serían los que propician el aborto, la eutanasia o la manipulación de los embriones.
6. No puede votar por un partido o por un candidato que no respete la dignidad de la persona humana, como serían los que defienden o promueven la prostitución, las uniones homosexuales o lesbianas, los anticonceptivos físicos o químicos, la pornografía especialmente la infantil, la clonación humana, el uso o tráfico de drogas, la venta indiscriminada de alcohol, el machismo, la discriminación étnica y racial.
7. No puede votar por un partido o por un candidato que no respete el derecho primario de todo hombre o mujer a practicar, en privado o en público, individualmente o en grupo, sus creencias religiosas; o que obstaculice de cualquier manera la enseñanza de la religión, prohíba las manifestaciones públicas de fe o se oponga a la instalación de los lugares para el culto que pida la comunidad.
8. No puede votar por un partido o por un candidato que se oponga o niegue el derecho inalienable de los padres de familia a escoger el tipo de educación que, de acuerdo a sus convicciones, quieran para sus hijos.
9. No puede votar por un partido o por un candidato que no le garantice, con certeza moral, que utilizará honestamente los dineros y bienes públicos; que va a cumplir lo que promete; que buscará el bien común y no el provecho propio y de sus colaboradores.
10. No puede votar por un partido o por un candidato que no se comprometa a promover la dignidad de la familia fundada sobre el matrimonio monogámico entre personas de opuesto sexo; a combatir la violencia, la drogadicción, la injusticia institucionalizada, la corrupción pública y que no haga propuestas creíbles en favor de los más necesitados.
III. AL CONTRARIO, UN CATÓLICO:
11. Debe votar, preferentemente, por un candidato que respalde con su ejemplo las virtudes humanas y cristianas como son el respeto a los demás, el saber escuchar, el diálogo, el decir la verdad, la honestidad, la vida morigerada, la fidelidad conyugal y el amor a su familia.
12. Debe votar, preferentemente, por un candidato que demuestre con hechos su espíritu de servicio a los demás, con especial preferencia hacia los pobres y que en todo y sobre todo defienda la dignidad de la persona humana.
13. Debe votar, preferentemente, por un candidato que tenga cualidades de gobierno y que garantice la vigencia del estado de derecho mediante la aplicación de la ley, sin excepción de personas o de cargos.
IV. POR ESO, UN CATÓLICO CUMPLE ASÍ LOS DIEZ MANDAMIENTOS:
14. 1°) Amar a Dios sobre todas las cosas. El partido político o el candidato no pueden ser amados más que Dios: Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres (S. Pedro: Hechos 5,2).
2°) No jurar el nombre de Dios en vano: No se puede usar a Dios o la religión para hacer propaganda política o para ganar votos.
3°) Santificaru padre y a tu madre: El respeto a los padres está sobre el respeto a los jefes y a los compañeros de partido. A la mujer, en su condición de madre, esposa, hermana e hija, se le debe sumo respeto.
5°) No matar: Están prohibidas las venganzas, "ajustes de cuentas", muertes políticas y, sobre todo, el matar las esperanzas de los más débiles con políticas económicas equivocadas o acumulando riquezas injustas.
6°) No fornicar: Está prohibido aprovecharse del puesto o de las influencias para obtener servicios y favores sexuales de cualquier persona.
7°) No robar. Tomar o retener injustamente los bienes ajenos o los dineros públicos y emplearlos para el bien personal, es robar. El pecado de robo no se perdona si no se devuelve lo robado.
8°) No levantar falso testimonio ni mentir: El falso testimonio, la calumnia y los anónimos denotan cobardía y son pecado. No hay mentiras piadosas ni es verdad que en política todo se vale. Pensar así es fomentar el cinismo y el deterioro social.
9°) No desear la mujer de tu prójimo. El tener dinero, prestigio o poder no da derecho a repudiar a la esposa legítima y a juntarse con otra: Quien se casa con un(a) divorciado(a) comete adulterio (Jesús: Mt 5,12).
10°) No codiciar los bienes ajenos: La codicia se refiere al deseo de tener, por cualquier medio, los bienes del prójimo o los bienes públicos. Éste sería el caso de quien busca un puesto político con la intención de enriquecerse y no de servir.
V. UN CATÓLICO SABE:
15. Que, si bien la democracia no se agota en el proceso electoral, su fe lo compromete a colaborar en el bien del país emitiendo su voto libre, secreto, personal e informado. El abstencionismo es un pecado de omisión.
16. Que está obligado a conocer los principios morales y la doctrina de los partidos y candidatos y a no dejarse manipular. Es pecado grave comprar o vender votos y colaborar de cualquier manera en un fraude electoral.
17. Que debe conocer su fe y formar su conciencia de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia y de la moral católica, y emitir su voto pensando en el bien común y no según intereses personales o de partido.
18. Que si no encuentra un partido o candidato que concuerde con sus principios religiosos y morales, debe votar, según su juicio y en conciencia, por el menos malo.
19. Que debe brindar a las instituciones ciudadanas que participan y cuidan de los procesos democráticos su respeto y apoyo. La democracia es un bien que todos debemos proteger.
VI. UN CATÓLICO DEBE TENER EN CUENTA:
20. Que estos principios doctrinales son válidos para los católicos de cualquier parte y no tienen dedicatoria particular, más que la que cada uno le quiera dar. Por tanto, el católico que actúa según estos criterios, contribuye de manera sustancial al bien del país, y nadie puede sentirse ofendido, porque se trata de la aplicación de principios que emanan de la ley natural común a todo ser humano. La Iglesia, además, es anterior a cualquier partido político y la fe trasciende las ideologías; en todo caso, quienes podrían sentirse ofendidos son los católicos que pagan impuestos y son usados con frecuencia para atacar los principios fundamentales de su fe y de la moral católica.
21. Que estos principios, por ser expresión de la ley natural y estar grabados por Dios en el corazón humano, obligan a todos por igual. Si algunos coinciden con la moral católica -y muchos coinciden-, esto se debe a que la verdad es una y no a querer imponer un estado católico o un gobierno confesional. Esta coincidencia con la fe católica de ninguna manera los vuelve confesionales. Un gobernante católico gobierna, sin renegar de su fe, no desde sus postulados religiosos sino desde los preceptos de la ley natural centrados en la dignidad inviolable de la persona humana.
22. Que el querer apartar a los católicos de la vida política por el hecho de manifestarse coherentes con su fe es una forma de intolerancia y discriminación religiosa, violatoria de los derechos humanos. Por tanto, un católico que vota según estos principios está contribuyendo a la maduración de un auténtico estado laico y democrático.
VII. UN CATÓLICO ORA ASÍ:
23. Dios todopoderoso y eterno, en cuya mano está mover el corazón de los hombres y defender los derechos de los pueblos, mira con bondad a nuestros gobernantes, para que, con tu ayuda, promuevan una paz verdadera, un auténtico progreso social y una verdadera libertad religiosa (Liturgia del Viernes Santo).
Santiago de Querétaro, Qro., abril 27 del 2003.
+ Mario De Gasperin Gasperin, obispo de Querétaro.
Nota: Esta doctrina se encuentra principalmente en el Catecismo de la Iglesia Católica, en las encíclicas del Papa Juan Pablo II: El Evangelio de la Vida y El Esplendor de la Verdad; además, en la carta pastoral de los obispos mexicanos: Del encuentro con Jesucristo vivo a la solidaridad con todos (25 de Marzo del 2000) y responde a lo que pide la reciente Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al comportamiento y conducta de los católicos en la vida política, de la Congregación para la Doctrina de la Fe (24 de noviembre del 2002). También está de acuerdo con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de la Organización de las Naciones Unidas (1948).
Un católico vota asíLa democracia no se sustenta sin la verdad. Verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente (Juan Pablo II).
I. ENSEÑANZA DE LA IGLESIA:
1. La Iglesia católica no tiene partido. Como institución, la Iglesia acoge a todos los bautizados y no apoya a ningún partido político; más aún, acepta que una misma fe puede inspirar opciones políticas diversas.
2. Los fieles católicos pueden afiliarse y votar libremente por el partido político y por el candidato que, sin contradecir sus convicciones morales y religiosas, mejor responda al bien común de los ciudadanos.
3. La jerarquía de la Iglesia, es decir, los diáconos, presbíteros y obispos, no pueden afiliarse a ningún partido político, ni apoyar públicamente a un candidato en particular. Es su derecho y deber proponer los principios morales que deben regir el orden social y, en privado, votar por quien quieran.
4. Los fieles católicos están obligados a ser coherentes con su fe en público y en privado; no pueden, por tanto, sin traicionarse a sí mismos, adherirse o votar por un partido o por un candidato contrario a sus convicciones religiosas y a sus exigencias morales.
II. POR TANTO, UN CATÓLICO:
5. No puede votar por un partido o por un candidato que esté en contra del respeto absoluto que se debe a la vida humana desde la concepción hasta su desenlace natural, como serían los que propician el aborto, la eutanasia o la manipulación de los embriones.
6. No puede votar por un partido o por un candidato que no respete la dignidad de la persona humana, como serían los que defienden o promueven la prostitución, las uniones homosexuales o lesbianas, los anticonceptivos físicos o químicos, la pornografía especialmente la infantil, la clonación humana, el uso o tráfico de drogas, la venta indiscriminada de alcohol, el machismo, la discriminación étnica y racial.
7. No puede votar por un partido o por un candidato que no respete el derecho primario de todo hombre o mujer a practicar, en privado o en público, individualmente o en grupo, sus creencias religiosas; o que obstaculice de cualquier manera la enseñanza de la religión, prohíba las manifestaciones públicas de fe o se oponga a la instalación de los lugares para el culto que pida la comunidad.
8. No puede votar por un partido o por un candidato que se oponga o niegue el derecho inalienable de los padres de familia a escoger el tipo de educación que, de acuerdo a sus convicciones, quieran para sus hijos.
9. No puede votar por un partido o por un candidato que no le garantice, con certeza moral, que utilizará honestamente los dineros y bienes públicos; que va a cumplir lo que promete; que buscará el bien común y no el provecho propio y de sus colaboradores.
10. No puede votar por un partido o por un candidato que no se comprometa a promover la dignidad de la familia fundada sobre el matrimonio monogámico entre personas de opuesto sexo; a combatir la violencia, la drogadicción, la injusticia institucionalizada, la corrupción pública y que no haga propuestas creíbles en favor de los más necesitados.
III. AL CONTRARIO, UN CATÓLICO:
11. Debe votar, preferentemente, por un candidato que respalde con su ejemplo las virtudes humanas y cristianas como son el respeto a los demás, el saber escuchar, el diálogo, el decir la verdad, la honestidad, la vida morigerada, la fidelidad conyugal y el amor a su familia.
12. Debe votar, preferentemente, por un candidato que demuestre con hechos su espíritu de servicio a los demás, con especial preferencia hacia los pobres y que en todo y sobre todo defienda la dignidad de la persona humana.
13. Debe votar, preferentemente, por un candidato que tenga cualidades de gobierno y que garantice la vigencia del estado de derecho mediante la aplicación de la ley, sin excepción de personas o de cargos.
IV. POR ESO, UN CATÓLICO CUMPLE ASÍ LOS DIEZ MANDAMIENTOS:
14.
1°) Amar a Dios sobre todas las cosas. El partido político o el candidato no pueden ser amados más que Dios: Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres (S. Pedro: Hechos 5,2).
2°) No jurar el nombre de Dios en vano: No se puede usar a Dios o la religión para hacer propaganda política o para ganar votos.
3°) Santificar las fiestas: El domingo es día de guardar, de descanso y dedicado a la familia; es Día del Señor, para ir a misa.
4°) Honrar a tu padre y a tu madre: El respeto a los padres está sobre el respeto a los jefes y a los compañeros de partido. A la mujer, en su condición de madre, esposa, hermana e hija, se le debe sumo respeto.
5°) No matar: Están prohibidas las venganzas, "ajustes de cuentas", muertes políticas y, sobre todo, el matar las esperanzas de los más débiles con políticas económicas equivocadas o acumulando riquezas injustas.
6°) No fornicar: Está prohibido aprovecharse del puesto o de las influencias para obtener servicios y favores sexuales de cualquier persona.
7°) No robar. Tomar o retener injustamente los bienes ajenos o los dineros públicos y emplearlos para el bien personal, es robar. El pecado de robo no se perdona si no se devuelve lo robado.
8°) No levantar falso testimonio ni mentir: El falso testimonio, la calumnia y los anónimos denotan cobardía y son pecado. No hay mentiras piadosas ni es verdad que en política todo se vale. Pensar así es fomentar el cinismo y el deterioro social.
9°) No desear la mujer de tu prójimo. El tener dinero, prestigio o poder no da derecho a repudiar a la esposa legítima y a juntarse con otra: Quien se casa con un(a) divorciado(a) comete adulterio (Jesús: Mt 5,12).
10°) No codiciar los bienes ajenos: La codicia se refiere al deseo de tener, por cualquier medio, los bienes del prójimo o los bienes públicos. Éste sería el caso de quien busca un puesto político con la intención de enriquecerse y no de servir.
V. UN CATÓLICO SABE:
15. Que, si bien la democracia no se agota en el proceso electoral, su fe lo compromete a colaborar en el bien del país emitiendo su voto libre, secreto, personal e informado. El abstencionismo es un pecado de omisión.
16. Que está obligado a conocer los principios morales y la doctrina de los partidos y candidatos y a no dejarse manipular. Es pecado grave comprar o vender votos y colaborar de cualquier manera en un fraude electoral.
17. Que debe conocer su fe y formar su conciencia de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia y de la moral católica, y emitir su voto pensando en el bien común y no según intereses personales o de partido.
18. Que si no encuentra un partido o candidato que concuerde con sus principios religiosos y morales, debe votar, según su juicio y en conciencia, por el menos malo.
19. Que debe brindar a las instituciones ciudadanas que participan y cuidan de los procesos democráticos su respeto y apoyo. La democracia es un bien que todos debemos proteger.
VI. UN CATÓLICO DEBE TENER EN CUENTA:
20. Que estos principios doctrinales son válidos para los católicos de cualquier parte y no tienen dedicatoria particular, más que la que cada uno le quiera dar. Por tanto, el católico que actúa según estos criterios, contribuye de manera sustancial al bien del país, y nadie puede sentirse ofendido, porque se trata de la aplicación de principios que emanan de la ley natural común a todo ser humano. La Iglesia, además, es anterior a cualquier partido político y la fe trasciende las ideologías; en todo caso, quienes podrían sentirse ofendidos son los católicos que pagan impuestos y son usados con frecuencia para atacar los principios fundamentales de su fe y de la moral católica.
21. Que estos principios, por ser expresión de la ley natural y estar grabados por Dios en el corazón humano, obligan a todos por igual. Si algunos coinciden con la moral católica -y muchos coinciden-, esto se debe a que la verdad es una y no a querer imponer un estado católico o un gobierno confesional. Esta coincidencia con la fe católica de ninguna manera los vuelve confesionales. Un gobernante católico gobierna, sin renegar de su fe, no desde sus postulados religiosos sino desde los preceptos de la ley natural centrados en la dignidad inviolable de la persona humana.
22. Que el querer apartar a los católicos de la vida política por el hecho de manifestarse coherentes con su fe es una forma de intolerancia y discriminación religiosa, violatoria de los derechos humanos. Por tanto, un católico que vota según estos principios está contribuyendo a la maduración de un auténtico estado laico y democrático.
VII. UN CATÓLICO ORA ASÍ:
23. Dios todopoderoso y eterno, en cuya mano está mover el corazón de los hombres y defender los derechos de los pueblos, mira con bondad a nuestros gobernantes, para que, con tu ayuda, promuevan una paz verdadera, un auténtico progreso social y una verdadera libertad religiosa (Liturgia del Viernes Santo).
Santiago de Querétaro, Qro., abril 27 del 2003.
+ Mario De Gasperin Gasperin, obispo de Querétaro.
Nota: Esta doctrina se encuentra principalmente en el Catecismo de la Iglesia Católica, en las encíclicas del Papa Juan Pablo II: El Evangelio de la Vida y El Esplendor de la Verdad; además, en la carta pastoral de los obispos mexicanos: Del encuentro con Jesucristo vivo a la solidaridad con todos (25 de Marzo del 2000) y responde a lo que pide la reciente Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al comportamiento y conducta de los católicos en la vida política, de la Congregación para la Doctrina de la Fe (24 de noviembre del 2002). También está de acuerdo con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de la Organización de las Naciones Unidas (1948).

Autor:

Redacción Church Forum

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

Cuales son los pecados electorales

Pecados electorales

Pecados electorales

Por Mons. Florencio Olvera Ochoa, obispo de Cuernavaca (México)
1. Es pecado no votar, caer injustificadamente en el abstencionismo por pereza, por apatía, sabiendo que el abstencionismo puede favorecer a los más inmorales. Si en conciencia no encuentro al candidato puro, debo votar por el menos malo o por algún candidato no registrado.
2. Es pecado votar sin conocer el partido o al candidato como persona capaz y honesta.
3. Es pecado vender mi voto, comprar el voto, robar votos. El voto del miedo. Presionar el voto con amenazas o con dádivas e imponer el voto corporativo, que es anticonstitucional; todo líder tiene únicamente un voto: el personal.
4. Es pecado votar a favor de propuestas que apoyen el aborto, la eutanasia, la prolongación de la vida por medios extraordinarios (aferramiento terapéutico), la destrucción y manipulación del embrión humano.
5. Es pecado votar por proyectos en contra de la familia monogámica e indisoluble, por proyectos que promueven caricaturas grotescas de familia integrada por personas del mismo sexo; por proyectos que quitan a los padres el derecho a educar a sus hijos.
6. Es pecado votar por quien no respeta la libertad religiosa, de todos y cada uno de los mexicanos, no sólo de los católicos.
7. Es pecado votar por quienes fomenten las formas modernas de esclavitud: alcohol, droga, pornografía, prostitución, secuestro, etcétera.
8. Es pecado votar por proyectos de economía salvaje que atacan a la persona humana y el bien común, que dañen la justicia social, la solidaridad y su subsidiariedad perjudicando sobre todo a los más pobres.
9. Es pecado no saber ganar, considerar como enemigo a quien vota distinto a mí, ser prepotente, no trabajar para los demás y trabajar únicamente para mi grupito.
10. Es pecado no saber perder, ni aceptar la realidad, no reconocer mis debilidades, perder el ánimo, no colaborar con la autoridad legítima para lograr acuerdos comunes y prepararme para la próxima campaña.
Nota: Pecado es lo que va contra el amor a Dios, a uno mismo, a los demás, a la Patria.

Autor:

Por Mons. Florencio Olvera Ochoa, obispo de Cuernavaca (México)

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

Elecciones y obispos

Elecciones y obispos

Elecciones y obispos
Adolfo Carreto
AVMradio.org

No entiendo por qué los políticos temen tanto a la Iglesia cuando expone públicamente su doctrina en asuntos que no solamente competen a su feligresía sino a la colectividad en general.
Cada vez que cualquiera de nuestros países inicia el proceso político preelectoral, las Conferencias Episcopales aportan a la colectividad su Documento con ánimo de alertar, exhortar y educar al electorado en el proceso. Y también, por qué no, a poner dudas sobre la honorabilidad de ciertos candidatos. Lo que suele asentar muy mal a los implicados. El caso actual de México es bien sonado, inclusive quienes se sienten implicados quieren llevar a algunos obispos ante los tribunales.
Aunque a veces estos documentos episcopales han sido tildados de intromisiones políticas de la Iglesia en un campo que no es de su competencia, los prelados continúan utilizando este "medio pastoral" como forma de intervención moral en algo que creen sí les compete. Esta es una modalidad ya no tan reciente en la literatura de las Conferencias Episcopales, al menos en cuanto al contenido de dichos documentos. Antes,los gobiernos no acusaban a la Iglesia de inmiscuirse en sus asuntos políticos. Ahora sí.
En su oportunidad Juan Pablo II dijo que la sacristía no era el lugar exclusivo de la Iglesia y de sus pastores, de ahí que la jerarquía siga insistiendo en la obligación de hacer sentir su voz en el contexto de los acontecimientos sociales, políticos, morales y religiosos. Al fin y al cabo, la vida humana en sociedad es una madeja de la que difícilmente podrán aislarse los distintos hilos que la conforman.
Son muy similares las recomendaciones de los obispos al respecto en un país y otro, sin duda porque son también muy idénticos los males de acá y de allá. Lo cual constata dos hechos: que los procesos de propaganda preelectoral o electoral lucen viciados en todos nuestros países (inmoralidad, insulto, calumnia, soborno, corrupción, etc.), y que los obispos alertan por igual a los ciudadanos contra tales desafueros.
Esta intromisión "política" de la Iglesia católica en el acontecer nacional es, lógicamente, aplaudida por unos, pero es de igual manera denigrada por los afectados.
No entiendo por qué los políticos temen tanto a la Iglesia cuando expone públicamente su doctrina en asuntos que no solamente competen a su feligresía sino a la colectividad en general. Si la Iglesia habla con propiedad, que con idéntica propiedad hablen los electorables, y a fuerza de razonamiento que cada quien se lleve el agua a su molino, si esa agua quiere ir a ese molino. Pero amenazar a los obispos con llevarlos a los tribunales porque digan que no se debe votar por los abortistas, como es el caso mexicano, me parece argumento que no convence.

Autor:

Adolfo Carreto

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

Ética cristiana y selección de candidatos

Ética cristiana y selección de candidatos

Ética cristiana y selección de candidatos

¿Qué tipo de política debe apoyar un católico?, ¿en qué aspectos debe fijarse a la hora de elegir a su candidato ideal? Rodrigo Guerra López nos orienta en la visión política que debe sustentar un católico.

Autor: Rodrigo Guerra López
Fuente: Arvo.net
Ética cristiana y selección de candidatos
No es extraño escuchar que los católicos comprometidos en actividades sociopolíticas afirmen que «no hacen lo ideal sino lo que pueden». Esto es parcialmente verdadero.
Los tiempos políticos se han adelantado en México. Los precandidatos a la presidencia, a las gubernaturas y a municipios diversos recorren nuestras comunidades con su mejor sonrisa tratando de convencer que ellos son las opciones idóneas para nuestra sociedad. En este contexto la conciencia de los cristianos no puede dejar de sentirse interpelada. El cristiano es ciudadano. Seguir a Jesús es indiscutiblemente una gracia que acontece en el corazón pero que no debe quedar recluida en él. Los problemas de la comunidad son también parte del itinerario que la fe debe iluminar y en la que la misma fe debe incidir.
La «incidencia de la fe» en los desafíos sociales y políticos no es meramente «inspiracional». No basta tener a Jesús y a la moralidad derivada de su encuentro como un tema distante y más o menos ideal. Es necesario entender que la persona concreta de Jesús exige de manera igualmente concreta obligaciones precisas en los temas fundamentales de la vida personal y comunitaria.
Ningún candidato es perfecto. Todos tienen deficiencias propias de la condición humana. Sin embargo, es preciso que los cristianos como sociedad y eventualmente como autoridades partidistas busquemos a quienes con coherencia y más allá de las promesas de campaña han mantenido fidelidad a valores fundamentales en los que no es posible transigir. En efecto, el discernimiento cristiano de los candidatos si bien versa sobre sus planes y proyectos, sobre su doctrina política y sobre su efectividad probada en responsabilidades previas requiere pasar por el momento delicado pero importante de la coherencia personal en los temas y asuntos que más cercanos se encuentran al respeto y promoción efectiva de la dignidad de la persona humana y del bien común.
El Cardenal Joseph Ratzinger como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó con autorización del Papa Juan Pablo II el 24 de noviembre de 2002 el documento «Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política». En él se resumen algunas de las más importantes indicaciones de la ética cristiana en estos asuntos. No es un documento exhaustivo, sin embargo, es sin duda una guía básica que permite entender que en política los católicos no debemos de buscar fines buenos a través de medios malos. Más aún, que en política los católicos estamos muy obligados a mostrar la primacía del bien moral sobre la lógica del poder tanto en la elección de los fines como en la decisión sobre los medios.
No ha sido extraño que en México como en otras partes del mundo muchos católicos al participar en la vida pública piensen que el «realismo político» es la norma principal que han de seguir. No es extraño escuchar que los católicos comprometidos en actividades sociopolíticas afirmen que «no hacen lo ideal sino lo que pueden». Esto es parcialmente verdadero. La actividad política es contingente, versa sobre situaciones sumamente diversas en las que es menester tomar decisiones prudenciales. Sin embargo, en ninguna situación los católicos podemos apoyar candidatos, partidos o propuestas que lastimen o violenten bienes fundamentales: la dignidad de la vida humana, la identidad esencial del varón y de la mujer, el valor de la familia basada en el matrimonio monogámico y heterosexual, etc. Dicho de otro modo: en la vida social y política muchos males se tienen que tolerar al ser imposible extirparlos todos de una vez. Sin embargo, los católicos al momento de elegir candidatos tenemos que tener claro que existe un conjunto elemental de mínimos de justicia en los que transigir se torna complicidad, se torna mal moral explícito.
Jesús es misericordioso con la fragilidad humana. Pero la misericordia evangélica no significa claudicar a la verdad, al bien, a la justicia. Cuando el bien común está en juego sería tramposo afirmar que la misericordia evangélica o la conciencia de la frágil condición humana justifican al cristiano permitiéndole ceder en aspectos fundamentales de su agenda ética al elegir candidatos o al tener que apoyar determinadas políticas públicas. Joseph Ratzinger sabedor de esta situación comenta en el documento antes señalado: “La Iglesia es consciente de que la vía de la democracia, aunque sin duda expresa mejor la participación directa de los ciudadanos en las opciones políticas, sólo se hace posible en la medida en que se funda sobre una recta concepción de la persona. Se trata de un principio sobre el que los católicos no pueden admitir componendas, pues de lo contrario se menoscabaría el testimonio de la fe cristiana en el mundo y la unidad y coherencia interior de los mismos fieles.” Es preciso decir esto debido a que “en circunstancias recientes ha ocurrido que, incluso en el seno de algunas asociaciones u organizaciones de inspiración católica, han surgido orientaciones de apoyo a fuerzas y movimientos políticos que han expresado posiciones contrarias a la enseñanza moral y social de la Iglesia en cuestiones éticas fundamentales”.
En efecto, la subordinación existencial de la fe a los intereses del poder eclipsa la mirada sobre lo real y distorsiona la capacidad de interpretación de las exigencias morales aún más elementales. Muy por el contrario recuperar la soberanía del bien y de la verdad al elegir candidatos o partidos permite que las personas descubramos con novedad el significado de la libertad en la vida política y eventualmente también la misión que poseemos como testigos de Aquel que no sólo es el más grande «Bien común» sino además (por su Comunión) el modelo de toda la vida social.

Autor:

Redacción Church Forum

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

Evangelizar la política

Evangelizar la política

Evangelizar la política
Adolfo Carreto
AVMradio.org
Está de moda eso de evangelizar la política. El Pontífice está empeñado en ello. Los obispos también. Pero la política no quiere evangelizarse. De ahí el roce.
La política es una de las actividades humanas que ocupa la mayor parte del tiempo de los ciudadanos. No podría ser de otra manera. La política es esa dimensión humana que se orienta a la ordenación y desarrollo de la sociedad. En estos últimos tiempos los profesionales de la política han proliferado en forma avasallante, llegando a formar una rara especie humana perfectamente tipificada en el mundo entero.
Cuando más aflora a la superficie social el "trabajo político" es en períodos preelectorales, y es precisamente en esos momentos cuando los intereses partidistas comienzan a dibujar un espectro contrario que pone en duda la seriedad de tales profesionales.
Los obispos hondureños señalaron que "lo que más aparece al exterior de un proceso electoral son los egoísmos, las ambiciones, ataques personales...
Esto puede hacer creer a muchos que las elecciones son para satisfacer las ambiciones económicas o de poder de algunos líderes", lo que echaría por tierra el verdadero fin de un proceso electoral democrático, el cual no puede apartarse del objetivo último, el bien común.
Con este tópico del bien común parece quedar nublado el horizonte de las generalidades. La Iglesia lo recuerda una vez más, tal y como lo definió el Vaticano II. "El conjunto de las condiciones de la vida social mediante las cuales el hombre puede conseguir con mayor plenitud y facilidad su propia perfección". Es la aplicación de este principio básico la que no aparece explicada a la hora de luchar para conseguir el poder, pues no otra cosa es todo proceso electoral: una planificada lucha, a veces demasiado encarnizada y muy poco humanizada, para conseguir un poder desde el cual cumplir luego unos objetivos.
Los obispos hondureños se han referido a la pérdida de legitimidad del poder cuando éste no se orienta al bien común como objetivo último. Esta doctrina de la "legitimidad, es hartamente concluyente, y sobre ella deberían reflexionar todos aquellos quienes, más directa, más indirectamente, enfocan sus esfuerzos por conseguir el poder: a nivel más alto, a nivel medio e, inclusive, a nivel inferior. Los políticos tienen otros intereses. Y esos "otros intereses" son los que hacen dudar a los ciudadanos sobre el ejercicio de su actividad. Cuando se está convencido que la mejor inversión económica es la que se hace en la política, malo.

Autor:

Adolfo Carreto

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

Participar y Decidir el Bien Común en la Justicia y la Paz

Participar y Decidir el Bien Común en la Justicia y la Paz

Participar y Decidir el Bien Común en la Justicia y la Paz
Si permanecen fieles a mi palabra, ustedes serán verdaderamente mis discípulos; así conocerán la verdad y la verdad los hará libres (Juan 8, 31-32).
Introducción
1. Ante la inminente jornada electoral del próximo mes de julio, los Obispos, como Pastores de la Iglesia católica en México, caminando con el pueblo y sensibles a las necesidades de bienestar espiritual y material de nuestra sociedad, queremos impulsar a los creyentes a que manifiesten su presencia en la vida pública del país -dentro del saludable pluralismo que constituye el sustento de una auténtica democracia-, y promover la participación de todos los ciudadanos en este importante momento de la Nación.
Democracia y Verdad
2. “Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana”1.
3. La Doctrina Social de la Iglesia, advierte que el relativismo moral es uno de los mayores riesgos para las democracias actuales, pues induce a considerar inexistente un criterio objetivo y universal para establecer el fundamento y la correcta jerarquía de valores. “Si no existe una verdad última, la cual guía y orienta la acción política, entonces, las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia”2.
4. “La democracia es fundamentalmente un “ordenamiento”, y como tal, un instrumento y no un fin. Su carácter “moral” no es automático, sino que depende de su conformidad con la ley moral a la que, como cualquier otro comportamiento humano, debe someterse; esto es, depende de la moralidad de los fines que persigue y de los medios de que se sirve”3.
Hacia la consolidación de la Democracia
5. Durante la reciente visita que hicimos los obispos al Papa el pasado mes de septiembre, el Santo Padre Benedicto XVI nos decía que las elecciones de este año “representan una oportunidad y un desafío para consolidar los significativos avances en la democratización del País”. De todos los ciudadanos depende que este reto se convierta en un mañana gozoso para nuestra Patria.
6. Nuestro país está en condiciones de consolidar la democracia, fortalecer sus instituciones y dar un paso adelante en el logro de las reformas estructurales que tanto se requieren para el auténtico desarrollo de todos los mexicanos. Para esto es necesaria la realización de las obligaciones ciudadanas: comparar las propuestas de los candidatos y las plataformas políticas de los partidos para luego participar conscientemente en las urnas.
7. Las instituciones electorales ciudadanas han entrado en una etapa de madurez que ha hecho posible el respeto al voto y, por tanto, el respeto a la dignidad de los votantes que quieren un México mejor para las futuras generaciones. El Instituto Federal Electoral con sus instancias es el regulador designado, y el Tribunal Federal Electoral, la instancia de resolución de posibles conflictos. Su responsabilidad el 2 de julio es básica para la serenidad y trabajo común de los próximos años. Debemos promover que las instituciones se fortalezcan; todos somos corresponsables de que actúen siempre con equidad. Es importante que los ciudadanos exijan a los candidatos el reconocimiento de los resultados oficiales; quienes no hayan resultado electos, que muestren su madurez y amor por el país colaborando con lealtad desde una oposición responsable.
8. De los candidatos necesitamos campañas propositivas; de los partidos políticos, austeridad en los recursos económicos; de los órganos electorales, imparcialidad; de los medios de comunicación, verdad y equidad; de todos, respeto y colaboración con quienes salgan electos, asumiendo lo positivo que se haya propuesto en la campaña, sin que importe su procedencia.
9. Nuestro Pueblo anhela transitar de una democracia formal a una auténtica democracia participativa, con soberanía suficiente para negociar de tú a tú, con el resto de las naciones; anhela tener un gobierno que garantice el respeto irrestricto a los derechos humanos y tenga como prioridad el ejercicio de la justicia social; un gobierno que se conduzca haciendo valer el estado de derecho y que imparta justicia superando cualquier intento de corrupción; un gobierno que someta la delincuencia dentro de los cauces de la legalidad; nuestro Pueblo anhela un gobierno que se respete a sí mismo y gane la autoridad moral ante el pueblo por buscar primero y, ante todo, el bien común.
Participación ciudadana
10. Todo proceso electoral y democrático deberá desembocar en un proyecto al Servicio de la Nación, y no de los intereses de los Partidos y Grupos Políticos. Hay numerosas iniciativas y propuestas de pactos y acuerdos que circulan hoy entre los mexicanos. Los Obispos seguiremos insistiendo en que fortalecer la democracia es reconstruir la confianza ciudadana y el tejido social, es promover y organizar la sociedad para la participación política de todos los sectores sociales en los distintos niveles de gobierno. Alentamos, por ello, la construcción de un Acuerdo Nacional, en que participemos los diversos sectores del país.
11. La democracia representativa quedaría trunca, si no se continúa en una democracia participativa. Todos debemos participar, tanto en esta etapa electoral, como después de la misma. Precisamente para alentar el ejercicio de nuestra responsabilidad política y social, hemos ideado y estamos ofreciendo el Taller “Participar y Decidir el Bien Común en la Justicia y la Paz”, que ha sido muy bien recibido por nuestra feligresía. Invitamos a quienes han cursado estos talleres a aplicar sus conocimientos en la participación, a tomar parte en actividades que fomenten una mejor democracia y a comunicar a otros sus experiencias en el proceso.
12. Todo creyente tiene el deber inmediato e inexcusable de colaborar en favor de un orden justo en la sociedad, configurar rectamente la vida social y animar todas y cada una de las actividades políticas que le corresponda viviéndolas “como caridad social”. Debe hacer presente en nuestra cultura y, por tanto, en su vida cotidiana los valores universales de la dignidad de la persona humana, el respeto a los derechos humanos, la búsqueda del bien común, el cuidado del medio ambiente, la verdad, la justicia, la libertad, el amor, la solidaridad, la tolerancia y la paz. Sin estos valores que, por cierto, tienen una profunda raigambre cristiana, nuestra sobrevivencia y convivencia estarán en peligro.
13. Los Obispos recordamos a los fieles laicos que “de ningún modo pueden abdicar de la participación en la ‘política’; es decir, en la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común. Su compromiso político es una expresión cualificada y exigente del empeño cristiano al servicio de los demás”4.
14. Apelamos a la conciencia de los jóvenes que ejercerán su voto, muchos de ellos por primera vez, y los impulsamos a que formen parte de agrupaciones políticas, educativas, sociales y humanitarias para que con la generosidad, la solidaridad y el compromiso que les caracteriza, inyecten a estas instancias una actitud de servicio a todos, especialmente a los más necesitados.
Propuestas a los Candidatos
15. En primer lugar, esperamos que los candidatos y la candidata, no se descalifiquen sin fundamento, ni se burlen unos de otros. Que sepan dignificar responsablemente la contienda electoral. Es un imperativo ético cuyo incumplimiento debilita a la sociedad en su conjunto.
16. Además de presentarse con voluntad de servir y no de beneficiarse del poder; deberán mostrar coherencia básica entre su conducta y los principios morales necesarios para desempeñar su misión. Confiamos que, de forma transparente e integral, los candidatos presentarán al electorado su proyecto de gobierno, basado en una valoración ética sobre el estilo de desarrollo y estableciendo los problemas que nuestra sociedad debe solucionar y los métodos para enfrentarlos.
17. Recordando la Doctrina Social de la Iglesia y las declaraciones acerca de los derechos humanos, solicitamos claridad en sus plataformas de pensamiento y que sean tomados en cuenta algunos elementos para que, conjuntamente con los ciudadanos y las instituciones, promuevan el progreso del país en:
a) El fortalecimiento y las condiciones de vida digna para las familias y de educación para los hijos.
b) La promoción integral del empleo para terminar con la emigración de nuestros connacionales, quienes emprenden un camino, a menudo sin retorno, a los mercados laborales de Estados Unidos, buscando allá, entre mil dificultades, lo que en su Patria no pudieron encontrar.
c) La promoción de la mujer para que encuentre plenos espacios de participación en condiciones de igualdad con el varón, y para que se supere toda forma de violencia hacia ella. Favorecer una legislación para la mujer trabajadora, que le permita cumplir la misión, querida por Dios, como portadora de la vida humana.
d) La integración de los indígenas, obreros y campesinos al desarrollo humano y social del resto del país como miembros de pleno derecho; pues la deuda histórica con ellos, en cuestión de justicia y equidad, es enorme.
e) Que piensen en gobiernos incluyentes; que sean capaces de dialogar sobre los puntos de coincidencia para llevar a cabo la Reforma del Estado y apoyar políticas públicas que beneficien a los más desprotegidos.
f) Que se impulse una economía al servicio de la sociedad y el desarrollo humano, no una sociedad al servicio del mercado o de grandes intereses particulares
g) Finalmente, que “el Estado no regule y domine todo, sino que, generosamente, reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los hombres necesitados de auxilio”5.
Voto consciente
18. Hacemos un llamado a los fieles laicos y a toda la ciudadanía para tomar conciencia de la importancia de votar con sensatez, de participar en la vida pública y de acompañar, con responsabilidad y vigilancia, a quienes elegiremos para gobernarnos.
19. Se vota para elegir una autoridad cuya acción “esté siempre al servicio de la promoción integral de la persona y del bien común”6 . Por ello debemos clarificar en el momento de decidir a quién o a quiénes otorgamos el voto, buscando el bien común y las condiciones básicas de justicia y libertad que demanda el pueblo de México.
20. La conciencia cristiana bien formada ejerce el voto de modo que la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular sean coherentes con la fe y la moral y no dañen el bien de las personas y las instituciones. Frente a ambos aspectos, es necesaria una formación del criterio y una reflexión profunda, ya que ni en las elecciones ni en ningún otro aspecto de la vida pública, podemos prescindir de las exigencias éticas fundamentales e irrenunciables de la fe, pues “los creyentes deben saber que está en juego la esencia del orden moral, que concierne al bien integral de la persona”7.
21. De esto surge también el perfil idóneo de quienes ocuparán la presidencia del país y las diferentes responsabilidades en los cuerpos legislativos. El análisis del currículum personal de los candidatos es a menudo un instrumento importante para llevar a cabo este discernimiento.
a) Coherencia. ¿Cómo ha sido la vida del candidato (a)? ¿Qué relaciones hay entre sus dichos y sus hechos? ¿Está preparado para gobernar una nación con 103 millones de habitantes? ¿Conoce nuestra historia, nuestra identidad?
b) Capacidad de diálogo. ¿Está el candidato (a) abierto (a) al diálogo? ¿Sabe escuchar o impone sus condiciones? ¿Es transparente? ¿Rinde cuentas del dinero público que financia su campaña? ¿Toma a la sociedad mexicana como una aliada o como un escalón para sus intereses de grupo?
c) Conocimiento social y económico. La postración en la que se encuentran millones de familias mexicanas, particularmente los indígenas y los trabajadores del campo, hace necesaria una renovación de la vida integral de nuestra sociedad, una mejor distribución de la riqueza y un aliento decisivo a la creación de empleos dignos. ¿Está el candidato (a) capacitado (a) para ello? ¿Tiene la sensibilidad de entender la situación de los pobres y, al mismo tiempo, la técnica suficiente para hacer un servicio eficaz en su promoción y en su desarrollo humano integral?
d) Experiencia política. ¿Los programas de los partidos, y sobre todo, sus experiencias de gobierno reflejan el cumplimiento de normas de justicia, honradez, eficacia, fomento de la solidaridad, promoción de la participación?
e) Amor y defensa de la vida humana. ¿Está el candidato (a) comprometido (a) en defender los valores de la vida desde su inicio hasta su término natural; la familia, fundada en la unión estable de un hombre y una mujer; la libertad de empresa; la propiedad privada y comunal; la promoción de la justicia y la paz; el orden público; la colaboración entre los diferentes grupos sociales y el reconocimiento de las iniciativas de la sociedad civil?
f) Reconocimiento y colaboración con las Iglesias. ¿Tiene claro que la libertad religiosa es más que la libertad de culto, y que es un derecho humano fundamental? ¿Impulsaría una reforma constitucional para alcanzar la libertad religiosa en nuestro país?
Conclusión
22. Invitamos a la oración por México y sus gobernantes para que la fe y la confianza en la Providencia divina nos conduzcan a la serenidad, la reflexión y al voto razonado y crítico.
23. Hagamos del proceso electoral una fiesta, buscando el bien del País y la Unidad de México. Por ello, exhortamos a toda la ciudadanía a superar los sentimientos y pasiones partidistas, propios de la contienda electoral, y ubicar las elecciones como un proceso de competencia y selección donde al final aceptemos los resultados oficiales, reconozcamos al ganador, y nos dispongamos todos a colaborar con el nuevo gobierno para beneficio de la sociedad.
24. Por nuestra parte, quien resulte electo en la contienda, contará con nuestro respeto y nuestra colaboración en todo aquello en lo que éticamente sea posible, así como con nuestra disposición al diálogo permanente y apartidista.
25. Encomendamos estas elecciones y a todos nuestros gobernantes a nuestra Madre de Guadalupe, y le pedimos que interceda por nuestro pueblo en la construcción de una Patria mejor, recordando que este año es el 475 aniversario de haberse manifestado como Madre de nuestro pueblo.
Por los obispos de México,
+ José Guadalupe Martín Rábago
Obispo de León
Presidente de la CEM
+ Carlos Aguiar Retes
Obispo de Texcoco
Secretario General de la CEM

Autor:

José Guadalupe Martín Rábago,Carlos Aguiar Retes

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

Votar con sentido

Votar con sentido

Votar con sentido
www.arbil.org

Ante la proximidad de elecciones, y siendo mucho lo que nos jugamos, bueno será recordar unos cuantos conceptos de puro sentido común:
Para empezar, digamos que la votación no es solo un "derecho" es, sobre todo, una grave obligación social. En este Sistema constituye el medio fundamental para intervenir en nuestros destinos y el de nuestros hijos. No votar, es votar para que otros decidan por nosotros, y estos lo harán de acuerdo con sus intereses no con los nuestros.
Votar sin información suficiente es jugarse el porvenir a cara o cruz. Hay que leer, comparar los programas, y sobre todo enterarse de la formación y capacidad técnica de los futuros gobernantes. Y lo que es mucho más importante:¿Son personas honestas, honradas en las que podamos confiar? Por mucha que sea su sabiduría y capacidad nos saldrá muy caro poner una población en manos de un inmoral o de un loco.
En la elección no debemos tener en cuenta a nuestros amigos o enemigos; sino a los legítimos intereses de nuestra comunidad. El que tenga algún favor particular que pagar, que lo pague con sus bienes, no con el porvenir de nuestro pueblo. ¿O sigue habiendo esclavos que se compran o se venden por menos de 30 monedas?
Un inepto en un puesto de responsabilidad hace más daño, cada año, que una mala sequía o las gotas frías que nos asolan de vez en cuando ¿Los que no saben levantar su casa o su negocio, cómo van a levantar la nuestra?. ¿Los que son inmorales en su vida privada, cómo van a ser honestos en su vida pública?
Comprobemos si los que gobiernan han cumplido sus promesas, y si los que están en la oposición han actuado favoreciendo los intereses del pueblo. Comprobar si unos y otros han respetado las reglas; así como y si ambos han separado de sus puestos a los inútiles , renovando sus estructuras cuando hace falta.
Los partidos políticos,.en este sistema, debieran ser herramientas de trabajo para conseguir el bienestar del pueblo. Debieran ser un medio, no un fin. Los partidos debieran ser para nosotros, no nosotros para los partidos. Los votaremos mientras sean beneficiosos para la mayoría. En cuanto se maleen , empiecen a oler mal, o aparezca otro mejor, lo honesto, lo decente es cambiar de partido y el voto. El periodo de elecciones tienen sus ventajas: cada cuatro años nos arreglan los parques, las aceras,…y se pagan las deudas. Podemos eliminar a los inútiles, pero no es tan fácil elegir a los mejores.
Averigüemos quién dispone de los medios de comunicación: TV., radio, prensa, etc. Si están en mano de una minoría, y no suficientemente al alcance de todas las opciones, entonces nuestros votos irán a servir a los intereses de esa minoría, no a los nuestros. Tan importante como lo que dicen es lo que ocultan o tergiversan. Hay que desconfiar de los que hablan siempre mal, o siempre bien de algo o alguien. Mienten. Alguna virtud o defecto tendrán y ocultan.
Recuerde que los políticos , como los botes de conservas , por muy buenos que sean, tienen fecha de caducidad, pasada esta, pueden dar lugar a graves enfermedades. Salvo raras excepciones, un político no debería gobernar durante muchas legislaturas seguidas. Cuando un equipo de gobierno se perpetúa en el tiempo, pierde frescura de ideas, crea un entramado de intereses personales y de partido, que impide toda renovación y favorece las injusticias, impide la aparición de dirigentes jóvenes, limita sus actuaciones a "lo y los de siempre". Los nuevos gobernantes no tienen por que ser mejores, sino diferentes, de manera que puedan dedicarse a problemas y a personas de los que nadie se ocupó antes
Pregunte: Ese que tanto critica las obras de los rivales políticos ¿ha hecho algo positivo en su vida? ¿ Ha presentado ideas nuevas válidas? ¿ Ha apoyado alguna vez los logros positivos de los otros para su pueblo? ¿Se agota todo su trabajo en poner zancadillas y crear odios y enemistades en el ayuntamiento? ¿ Quién lo puso y mantiene en un puesto de responsabilidad?
La democracia no existe , más que de palabra, si no fomenta la creación de una tela de araña de organizaciones independientes no políticas: vecinales, sindicales, profesionales, religiosas, ONGs (de verdad), etc. que articulen , promuevan , orienten y faciliten la solución de problemas concretos a las autoridades. Bueno será comprobar si en los programas de los partidos se fomentan y respetan o no estas organizaciones, suponiendo que sean respetables, y suponiendo que no se creen para beneficio de un partido político en particular, en cuyo caso sería peor el remedio que la enfermedad.
Igual que los afiliados a cualquier partido escuchan las orientaciones de sus dirigentes, los católicos, que de verdad lo sean, deben atender a las de sus Pastores. Como algo saben nos han llamado la atención sobre algunos asuntos de especial relevancia:
a) Respeto sin fisuras a la vida, desde su inicio a su fin natural.
b) Apoyo claro y decidido a la familia fundada en el verdadero matrimonio.
c) Apoyo a la calidad de la enseñanza y garantía efectiva del derecho de los padres a escoger el modelo de educación integral que desean para sus hijos.
d) Promoción de una cultura dignificadora de la persona y respetuosa con los valores morales y las creencias religiosas, base del verdadero progreso
e) Aplicación de políticas que favorezcan la libre iniciativa social, el trabajo para todos, la justa distribución de las rentas y la moralidad en la vida económica, con una especial atención a los más desfavorecidos de la sociedad
f) Búsqueda sincera de la paz y de la reconciliación y condena de la violencia y del terrorismo.
No olvidemos que un sólo voto, puede, en ocasiones, hacer cambiar el rumbo de la historia de una ciudad o un país. En democracia, el voto de un ciudadano, de cualquier ciudadano, puede adquierir así una importancia insospechada. El voto se convierte en una herramienta tan poderosa, para el bien o para el mal, como pueda ser la energía atómica.
A la hora de votar, demos poca importancia a lo que dicen, y mucha a lo que hacen.

Autor:

Redacción Church Forum

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

El voto, expresión de amor a la patria

El voto, expresión de amor a la patria

El voto, expresión de amor a la patria
Episcopado de Costa Rica

Al finalizar este proceso electoral que hemos vivido, quiero, como ciudadano y como Pastor del Pueblo de Dios, hacer un vehemente llamado a todos los costarricenses para que, como hermanos y en aras de una convivencia social justa y armónica, por la vida democrática de nuestro pueblo y por la construcción del bien común, asistamos a las urnas para ejercer, responsablemente, nuestro derecho al sufragio.
Evadir este compromiso con la Patria equivaldría a renunciar a las posibles soluciones de los problemas que hoy Costa Rica experimenta.
Recientemente, el Papa Benedicto XVI afirmó que, desde la política, es posible la construcción de un orden social justo, mediante el cual cada uno viva una vida digna y se le de lo que le corresponde. Efectivamente, la política es el ámbito privilegiado para luchar por la integridad moral en la vida social y económica de nuestro pueblo, para fortalecer la justa distribución y el trabajo digno para todos, con especial atención a los que se ven amenazados por la indigencia, la marginación o la miseria.
Este domingo 5 de febrero, los ciudadanos tendremos la gran oportunidad de expresar nuestro amor profundo a la Patria y, con nuestro voto, unir esfuerzos para que juntos: los jóvenes en primer término, pero también las mujeres y hombres patriotas, hagamos efectivo un orden justo de la sociedad y del Estado como tarea fundamental de la política.
Elevamos nuestra mirada al Buen Dios que dirige la historia y de quien procede toda autoridad para que, cuántos han propuesto su nombre y resulten elegidos por el pueblo, atiendan la voz del Señor quien clama: El que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será su servidor; y el que quiera ser el primero entre ustedes, será esclavo de todos... (Mc 10, 43-45).
Que el Espíritu Santo les otorgue la sabiduría para dirigir a nuestra Patria por caminos que reafirmen nuestra identidad pacifista, consolidada por nuestra convivencia social y afianzada en un desarrollo justo y equitativo.
Hago una invitación a todos los costarricenses para que, con nuestro voto, participemos activamente de esta Jornada Cívica, como una expresión de nuestro anhelo por vivir intensamente los valores de paz, solidaridad, justicia y libertad y así, aportar en la construcción de la Costa Rica que todos queremos.
Que la Reina de los Ángeles cubra con su manto maternal a Costa Rica.
Cartago, 31 de enero del 2006
Monseñor José Francisco Ulloa Rojas
Obispo Diocesano de Cartago
Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

Autor:

Monseñor José Francisco Ulloa Rojas

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

La Campaña electoral, una oportunidad para consolidar la democracia

La Campaña electoral, una oportunidad para consolidar la democracia

La Campaña electoral, una oportunidad para consolidar la democracia
Los obispos de México
A los Partidos políticos y a los candidatos que contenderán en el próximo proceso electoral:
Las elecciones presidenciales del año 2006 representan para México un momento histórico de gran relevancia para consolidar nuestra democracia y para sentar las bases de un país más justo y más humano. Con ese motivo, los obispos de México deseamos proponer algunas consideraciones que ayuden a los ciudadanos a afrontar el proceso electoral en un ambiente bien informado, reflexivo y críticamente constructivo.
Las campañas electorales son un tiempo privilegiado de reflexión conjunta sobre la agenda nacional; son una ocasión para preguntarnos qué tipo de país queremos y qué medios hemos de utilizar para construir y transformar positivamente nuestra patria.
No deseamos que las decisiones ciudadanas se tomen sólo bajo el influjo transitorio de la imagen en los medios de comunicación; tampoco sería una decisión inteligente la que se realizara a la luz de campañas ofensivas, descalificadoras, o fundadas en la mentira, el chantaje y la vulgaridad.
Nos parece trascendental que el debate sea respetuoso de las reglas establecidas por el Instituto Federal Electoral. Así mismo creemos que las contiendas deben tener siempre, como referencia, la promoción de la dignidad de la persona y los valores auténticos de la sociedad y la cultura mexicana.
La sociedad debe conocer, con claridad, los proyectos que los candidatos y partidos políticos ofrecen para alcanzar las aspiraciones más presentes en el ánimo de los mexicanos. Queremos saber qué proponen para abatir los índices de inseguridad pública, para mejorar los niveles educativos, para crear fuentes de empleo mejor remunerado. También cómo se proponen reducir la preocupante brecha económica existente entre las clases sociales. Nos interesa, de manera especial, que se expresen con honestidad sobre los temas relacionados con el respeto a la vida y el fortalecimiento de la convivencia familiar.
Consolidar una auténtica democracia requiere que los candidatos estén dispuestos a realizar las reformas estructurales que nuestro sistema político y financiero necesita para resolver los problemas más acuciantes, de manera eficaz y con la mayor rapidez, abatiendo la corrupción en la vida política, económica y social.
Para fortalecer el proceso democrático es preciso que los candidatos y sus colaboradores sean personas competentes, experimentadas y con un sólido bagaje ético; que estén decididos a afrontar los problemas con perseverancia y sin buscar ambiciones personales o movidos por el interés egoísta del poder.
En el próximo proceso electoral serán llamados a las urnas, por primera vez, cerca de diez millones de jóvenes. Habrá que convencerlos con propuestas atractivas que generen confianza y esperanza para que participen con entusiasmo e ilusión y se comprometan en el futuro del país.
Sin invadir los ámbitos de la política partidista y acatando las leyes que emanan de la Constitución, la Iglesia Católica ofrecerá talleres orientadores para recordar que la fe cristiana compromete al creyente en la creación de una sociedad más justa. También ofrecemos orar para que el proceso electoral se desarrolle en un ambiente de respeto, concordia y armonía.
Esta es una hora trascendental para México y se hacen imprescindibles el acuerdo, la unidad, la reflexión serena y el amor por nuestra nación. La Iglesia Católica quiere ser una instancia que promueva el diálogo y la participación ciudadana, orientando, guiando y orando para que las próximas elecciones refuercen la confianza del país en sus autoridades, se consolide la democracia, se eleve la calidad del debate político y los mexicanos avancemos en la construcción del país que todos anhelamos.
Los saludamos con respeto y les aseguramos nuestro sincero interés por colaborar eficazmente desde el campo de nuestra competencia pastoral.
Los obispos de México,
+ Mons. José Guadalupe Martín Rábago
Obispo de León
Presidente de la CEM
+ Mons. Carlos Aguiar Retes
Obispo de Texcoco
Secretario General de la CEM

Autor:

Redacción Church Forum

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

El derecho y el deber de votar

El derecho y el deber de votar

El derecho y el deber de votar
Javier Arnal
www.periodismocatolico.com


La abstención, sin embargo, es un fracaso para todos. Supone no entender que la democracia supone participación de todos.
Bien sabemos que somos rápidos para detectar o exigir nuestros derechos, pero muy lentos para reconocer nuestros deberes. Lo que sucede es que olvidamos que son la misma moneda: la libertad. Recalcar que se ha de ser libre con responsabilidad es una redundancia ética, ya que no se puede ser responsable de lo que uno no es libre.
Ante unas elecciones como las locales y autonómicas del próximo 25 de mayo en España es preciso recordar estas connotaciones éticas, en una sociedad que, según las encuestas, dice distanciarse cada vez más de la política y de los dirigentes políticos. Además, por mucho que se intente destacar que casi todos los partidos tienen el mismo contenido ideológico, es evidente que no es así. Tal vez ninguno reúna todas las exigencias éticas que serían deseables, pero unos más que otros: en materia familiar, educativa, protagonismo de la sociedad frente al estatalismo que todavía nos envuelve, y así un largo etcétera. Un católico, además, debe ser ejemplar, también en estas cuestiones sociales y participativas de la vida cívica.
Ante unas elecciones, el único fracaso es la abstención, porque no votar es votar a los que otros voten, la comodidad de transferir la responsabilidad ciudadana.
Pienso en lo que dijo Arnold Toynbee: “El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan”. Respeto cualquier voto en las urnas, y lo valoro en todos los casos. Aunque el voto sea en blanco, por lo que supone de rechazo hacia todos los partidos políticos: pocos, sin embargo, saben justificar, de verdad, el voto en blanco.
El ejercicio democrático de votar periódicamente no debe ser fruto de influencias pasajeras, familiares o de cualquier tipo, o simplemente un reflejo ocasional: ha de valorar cuatro años de gobierno local o autonómico, como es el caso del 25-M, y las expectativas que despiertan los que gobiernan y los candidatos a gobernar. Siguiendo con las citas, no es desdeñable una de Napoleón Bonaparte: “Una cabeza sin memoria es una plaza sin guarnición”.
La abstención, sin embargo, es un fracaso para todos. Supone no entender que la democracia supone participación de todos. No acudir a las urnas, por el motivo que sea, es preocupante para una sociedad y para toda persona que profundice en su significado.
Con abulia e indiferencia no se avanza. Si la molestia de trasladarse al colegio electoral para votar, o bien dejar de votar por ir a la playa o al monte–que no necesariamente excluye votar-, son las excusas, al menos es sincero quien reconoce que puede más su comodidad que su responsabilidad.

Autor:

Javier Arnal

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

Elecciones y obispos

Elecciones y obispos

Elecciones y obispos
Adolfo Carreto
AVMradio.org


No entiendo por qué los políticos temen tanto a la Iglesia cuando expone públicamente su doctrina en asuntos que no solamente competen a su feligresía sino a la colectividad en general.
Cada vez que cualquiera de nuestros países inicia el proceso político preelectoral, las Conferencias Episcopales aportan a la colectividad su Documento con ánimo de alertar, exhortar y educar al electorado en el proceso. Y también, por qué no, a poner dudas sobre la honorabilidad de ciertos candidatos. Lo que suele asentar muy mal a los implicados. El caso actual de México es bien sonado, inclusive quienes se sienten implicados quieren llevar a algunos obispos ante los tribunales.

Aunque a veces estos documentos episcopales han sido tildados de intromisiones políticas de la Iglesia en un campo que no es de su competencia, los prelados continúan utilizando este "medio pastoral" como forma de intervención moral en algo que creen sí les compete. Esta es una modalidad ya no tan reciente en la literatura de las Conferencias Episcopales, al menos en cuanto al contenido de dichos documentos. Antes,los gobiernos no acusaban a la Iglesia de inmiscuirse en sus asuntos políticos. Ahora sí.

En su oportunidad Juan Pablo II dijo que la sacristía no era el lugar exclusivo de la Iglesia y de sus pastores, de ahí que la jerarquía siga insistiendo en la obligación de hacer sentir su voz en el contexto de los acontecimientos sociales, políticos, morales y religiosos. Al fin y al cabo, la vida humana en sociedad es una madeja de la que difícilmente podrán aislarse los distintos hilos que la conforman.
Son muy similares las recomendaciones de los obispos al respecto en un país y otro, sin duda porque son también muy idénticos los males de acá y de allá. Lo cual constata dos hechos: que los procesos de propaganda preelectoral o electoral lucen viciados en todos nuestros países (inmoralidad, insulto, calumnia, soborno, corrupción, etc.), y que los obispos alertan por igual a los ciudadanos contra tales desafueros.

Esta intromisión "política" de la Iglesia católica en el acontecer nacional es, lógicamente, aplaudida por unos, pero es de igual manera denigrada por los afectados.

No entiendo por qué los políticos temen tanto a la Iglesia cuando expone públicamente su doctrina en asuntos que no solamente competen a su feligresía sino a la colectividad en general. Si la Iglesia habla con propiedad, que con idéntica propiedad hablen los electorables, y a fuerza de razonamiento que cada quien se lleve el agua a su molino, si esa agua quiere ir a ese molino. Pero amenazar a los obispos con llevarlos a los tribunales porque digan que no se debe votar por los abortistas, como es el caso mexicano, me parece argumento que no convence.

Autor:

Adolfo Carreto

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

¿en qué aspectos debe fijarse a la hora de elegir a su candida¿Qué tipo de política debe apoyar un católico? Ética cristiana y selección de candidatos

Ética cristiana y selección de candidatos

Ética cristiana y selección de candidatos

¿Qué tipo de política debe apoyar un católico?, ¿en qué aspectos debe fijarse a la hora de elegir a su candidato ideal? Rodrigo Guerra López nos orienta en la visión política que debe sustentar un católico.

Autor: Rodrigo Guerra López
Fuente: Arvo.net
Ética cristiana y selección de candidatos
No es extraño escuchar que los católicos comprometidos en actividades sociopolíticas afirmen que «no hacen lo ideal sino lo que pueden». Esto es parcialmente verdadero.
Los tiempos políticos se han adelantado en México. Los precandidatos a la presidencia, a las gubernaturas y a municipios diversos recorren nuestras comunidades con su mejor sonrisa tratando de convencer que ellos son las opciones idóneas para nuestra sociedad. En este contexto la conciencia de los cristianos no puede dejar de sentirse interpelada. El cristiano es ciudadano. Seguir a Jesús es indiscutiblemente una gracia que acontece en el corazón pero que no debe quedar recluida en él. Los problemas de la comunidad son también parte del itinerario que la fe debe iluminar y en la que la misma fe debe incidir.
La «incidencia de la fe» en los desafíos sociales y políticos no es meramente «inspiracional». No basta tener a Jesús y a la moralidad derivada de su encuentro como un tema distante y más o menos ideal. Es necesario entender que la persona concreta de Jesús exige de manera igualmente concreta obligaciones precisas en los temas fundamentales de la vida personal y comunitaria.
Ningún candidato es perfecto. Todos tienen deficiencias propias de la condición humana. Sin embargo, es preciso que los cristianos como sociedad y eventualmente como autoridades partidistas busquemos a quienes con coherencia y más allá de las promesas de campaña han mantenido fidelidad a valores fundamentales en los que no es posible transigir. En efecto, el discernimiento cristiano de los candidatos si bien versa sobre sus planes y proyectos, sobre su doctrina política y sobre su efectividad probada en responsabilidades previas requiere pasar por el momento delicado pero importante de la coherencia personal en los temas y asuntos que más cercanos se encuentran al respeto y promoción efectiva de la dignidad de la persona humana y del bien común.
El Cardenal Joseph Ratzinger como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó con autorización del Papa Juan Pablo II el 24 de noviembre de 2002 el documento «Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política». En él se resumen algunas de las más importantes indicaciones de la ética cristiana en estos asuntos. No es un documento exhaustivo, sin embargo, es sin duda una guía básica que permite entender que en política los católicos no debemos de buscar fines buenos a través de medios malos. Más aún, que en política los católicos estamos muy obligados a mostrar la primacía del bien moral sobre la lógica del poder tanto en la elección de los fines como en la decisión sobre los medios.
No ha sido extraño que en México como en otras partes del mundo muchos católicos al participar en la vida pública piensen que el «realismo político» es la norma principal que han de seguir. No es extraño escuchar que los católicos comprometidos en actividades sociopolíticas afirmen que «no hacen lo ideal sino lo que pueden». Esto es parcialmente verdadero. La actividad política es contingente, versa sobre situaciones sumamente diversas en las que es menester tomar decisiones prudenciales. Sin embargo, en ninguna situación los católicos podemos apoyar candidatos, partidos o propuestas que lastimen o violenten bienes fundamentales: la dignidad de la vida humana, la identidad esencial del varón y de la mujer, el valor de la familia basada en el matrimonio monogámico y heterosexual, etc. Dicho de otro modo: en la vida social y política muchos males se tienen que tolerar al ser imposible extirparlos todos de una vez. Sin embargo, los católicos al momento de elegir candidatos tenemos que tener claro que existe un conjunto elemental de mínimos de justicia en los que transigir se torna complicidad, se torna mal moral explícito.
Jesús es misericordioso con la fragilidad humana. Pero la misericordia evangélica no significa claudicar a la verdad, al bien, a la justicia. Cuando el bien común está en juego sería tramposo afirmar que la misericordia evangélica o la conciencia de la frágil condición humana justifican al cristiano permitiéndole ceder en aspectos fundamentales de su agenda ética al elegir candidatos o al tener que apoyar determinadas políticas públicas. Joseph Ratzinger sabedor de esta situación comenta en el documento antes señalado: “La Iglesia es consciente de que la vía de la democracia, aunque sin duda expresa mejor la participación directa de los ciudadanos en las opciones políticas, sólo se hace posible en la medida en que se funda sobre una recta concepción de la persona. Se trata de un principio sobre el que los católicos no pueden admitir componendas, pues de lo contrario se menoscabaría el testimonio de la fe cristiana en el mundo y la unidad y coherencia interior de los mismos fieles.” Es preciso decir esto debido a que “en circunstancias recientes ha ocurrido que, incluso en el seno de algunas asociaciones u organizaciones de inspiración católica, han surgido orientaciones de apoyo a fuerzas y movimientos políticos que han expresado posiciones contrarias a la enseñanza moral y social de la Iglesia en cuestiones éticas fundamentales”.
En efecto, la subordinación existencial de la fe a los intereses del poder eclipsa la mirada sobre lo real y distorsiona la capacidad de interpretación de las exigencias morales aún más elementales. Muy por el contrario recuperar la soberanía del bien y de la verdad al elegir candidatos o partidos permite que las personas descubramos con novedad el significado de la libertad en la vida política y eventualmente también la misión que poseemos como testigos de Aquel que no sólo es el más grande «Bien común» sino además (por su Comunión) el modelo de toda la vida social.

Autor:

Redacción Church Forum

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 

Evangelizar la política

Evangelizar la política

Evangelizar la política
Adolfo Carreto
AVMradio.org
Está de moda eso de evangelizar la política. El Pontífice está empeñado en ello. Los obispos también. Pero la política no quiere evangelizarse. De ahí el roce.
La política es una de las actividades humanas que ocupa la mayor parte del tiempo de los ciudadanos. No podría ser de otra manera. La política es esa dimensión humana que se orienta a la ordenación y desarrollo de la sociedad. En estos últimos tiempos los profesionales de la política han proliferado en forma avasallante, llegando a formar una rara especie humana perfectamente tipificada en el mundo entero.
Cuando más aflora a la superficie social el "trabajo político" es en períodos preelectorales, y es precisamente en esos momentos cuando los intereses partidistas comienzan a dibujar un espectro contrario que pone en duda la seriedad de tales profesionales.
Los obispos hondureños señalaron que "lo que más aparece al exterior de un proceso electoral son los egoísmos, las ambiciones, ataques personales...
Esto puede hacer creer a muchos que las elecciones son para satisfacer las ambiciones económicas o de poder de algunos líderes", lo que echaría por tierra el verdadero fin de un proceso electoral democrático, el cual no puede apartarse del objetivo último, el bien común.
Con este tópico del bien común parece quedar nublado el horizonte de las generalidades. La Iglesia lo recuerda una vez más, tal y como lo definió el Vaticano II. "El conjunto de las condiciones de la vida social mediante las cuales el hombre puede conseguir con mayor plenitud y facilidad su propia perfección". Es la aplicación de este principio básico la que no aparece explicada a la hora de luchar para conseguir el poder, pues no otra cosa es todo proceso electoral: una planificada lucha, a veces demasiado encarnizada y muy poco humanizada, para conseguir un poder desde el cual cumplir luego unos objetivos.
Los obispos hondureños se han referido a la pérdida de legitimidad del poder cuando éste no se orienta al bien común como objetivo último. Esta doctrina de la "legitimidad, es hartamente concluyente, y sobre ella deberían reflexionar todos aquellos quienes, más directa, más indirectamente, enfocan sus esfuerzos por conseguir el poder: a nivel más alto, a nivel medio e, inclusive, a nivel inferior. Los políticos tienen otros intereses. Y esos "otros intereses" son los que hacen dudar a los ciudadanos sobre el ejercicio de su actividad. Cuando se está convencido que la mejor inversión económica es la que se hace en la política, malo.

Autor:

Adolfo Carreto

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Informacion El Canon bíblico que es el canon biblico

El Canon bíblico

El Canon bíblico es el catálogo de los sesenta y tres libros del Antiguo y del Nuevo Testamentos que forman la Biblia y que la Iglesia ha declarado como divinamente inspirados.
La Tradición apostólica hizo discernir a la Iglesia qué escritos constituyen la lista de los Libros Santos. Esta lista integral es llamada "Canon de las Escrituras". Canon viene de la palabra griega "kanon" que significa "medida, regla".
El Canon comprende para el Antiguo Testamento 46 escritos, y 27 para el Nuevo. Estos son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, los dos libros de Samuel, los dos libros de los Reyes, los dos libros de las Crónicas, Esdras y Nehemías, Tobías, Judit, Ester, los dos libros de los Macabeos, Job, los Salmos, los Proverbios, el Eclesiastés, el Cantar de los Cantares, la Sabiduría, el Eclesiástico, Isaías, Jeremías, las Lamentaciones, Baruc, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías, para el Antiguo Testamento.
ANTIGUO TESTAMENTO.
Había dos cánones entre los judíos de los Libros Santos: el Canon Breve (palestinense) y el Canon Largo (alejandrino).
El Antiguo Testamento en hebreo ( Canon Breve) está formado por 39 libros y se divide en tres partes: " La Ley", "Los Profetas" y "Los Escritos". A estos 39 libros se les conoce como "proto-canónicos".
El Antiguo Testamento en griego (Canon Largo) está formado por 46 libros. La versión griega de la Biblia, conocida como de los Setenta, cuenta con 7 libros más: Tobías, Judid, Baruc, Eclesiástico, I y II de Macabeos y Sabiduría. Además, algunas secciones griegas de Ester y Daniel. A estos libros se les llama "deutero-canónicos".
Los judíos en Alejandría tenían un concepto más amplio de la inspiración bíblica. Estaban convencidos de que Dios no dejaba de comunicarse con su pueblo aún fuera de la Tierra Santa, y de que lo hacía iluminando a sus hijos en las nuevas circunstancias en que se encontraban.
Jesús debió utilizar el Canon Breve, de 39 libros, pero los Apóstoles, al llevar el Evangelio al Imperio Grecorromano, utilizaron el Canon Alejandrino. Así, la Iglesia primitiva recibió este canon que consta de 46 libros.
En el siglo III comenzaron las dudas sobre la inclusión de los deutero-canónicos. La causa fueron las discusiones con los judíos, en las cuales los cristianos solo utilizaban los libros proto-canónicos. Algunos Padres de la Iglesia hacen notar estas dudas en sus escritos ( por ejemplo Atanasio (373), Cirilo de Jerusalén (386), Gregorio Nacianceno (389)), mientras otros mantuvieron como inspirados también los deuterocanónicos (por ejemplo Basilio ( 379), Agustín (430), León Magno (461)).
A partir del año 393 diferentes concilios, primero regionales y luego ecuménicos, fueron precisando la lista de los Libros "canónicos" para la Iglesia. Estos fueron:
* Concilio de Hipona (393)
* Concilio de Cartago (397 y 419)
* Concilio Florentino (1441)
* Concilio de Trento (1546)
En este último, solemnemente reunido el 8 de abril de 1546, se definió dogmáticamente el canon de los Libros Sagrados.
Los protestantes sólo admiten como libros sagrados los 39 libros del canon hebreo. El primero que negó la canonicidad de los siete deuterocanónicos fue Carlostadio (1520), seguido de Lutero (1534) y luego Calvino (1540).
Los dos cánones del Antiguo Testamento:
* El canon de Alejandría (la traducción de los Setenta al griego, hecha antes de Cristo y aceptada por todos los cristianos y muchos judíos, que contiene los libros deuterocanónicos)
* El canon de Palestina (Jamnia, traducción hebrea hecha después de Cristo).
Los historiadores ponen como fecha en que se fijaron los cánones de las traducciones de Alejandría y de Palestina para el siglo segundo de nuestra era. El Obispo Melito de Sardis registró la primera lista conocida del canon alejandrino en el año 170 A.D. Contenía 45/46 libros (el libro de Lamentaciones se consideraba como parte de Jeremías). El canon Palestino contenía solo 39 libros pues no tenía los libros 7 libros Deuterocanónicos.

Autor:

Redacción Church Forum

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Church Forum www.churchforum.org

 

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Versiones de la Biblia


  • Versión de los "Setenta" o "Alejandrina", es la principal versión griega por su antigüedad y autoridad:

Se inicia en el siglo III A.C. (250 A.C.) y se termina al final del siglo II A.C. (105 A.C.).
El nombre de "Setenta" se debe al número de traductores que intervinieron en ella y "Alejandrina" por haber sido hecha en Alejandría y ser usada por los judíos de lengua griega en vez del texto hebreo. Esta traducción se hizo para la lectura en las Sinagogas de la "diáspora" comunidades judías fuera de Palestina, y quizá también para dar a conocer la Biblia a los paganos.

  • Versiones Latinas:

ITALA ANTIGUA: proviene de la Versión de los LXX para la mayoría de los libros del A.T. y de los originales griegos para los libros del N.T. y Sabiduría, 2 Macabeos y Eclesiástico. Estuvo en uso en Occidente desde el siglo II hasta el siglo V.

VULGATA: hacia finales del siglo IV, el Papa Dámaso ordenó a San Jerónimo, hacer una nueva versión latina teniendo presente la Itala antigua. Esta versión se impuso en el siglo VII definitivamente.
Se llamó Vulgata (edición vulgarizada, popular).

San Jerónimo tradujo directamente del hebreo y del griego originales al latín, a excepción de los libros de Baruc, Sabiduría, Eclesiástico y 1º y 2º de los Macabeos, que los transcribió, sin alteración alguna, de la Itala antigua.

 

Cómo se escribió la Biblia

Cómo se escribió la Biblia

En la condescencia de su bondad, Dios, para revelarse a los hombres, les habla en palabras humanas: "La Palabra de Dios, expresada en lenguas humanas, se hace semejante al lenguaje humano, como la Palabra del eterno Padre, asumiendo nuestra débil condición humana, se hizo semejante a los hombres" (DV 13).
Dios es el autor de la Sagrada Escritura. "Las verdades reveladas por Dios, que están contenidas y se manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo." Él ha inspirado a los autores humanos de los libros sagrados.
La Tradición apostólica hizo discernir a la Iglesia qué escritos constituyen la lista de los Libros Santos. Esta lista integral es llamada "Canon de las Escrituras". Canon viene de la palabra griega "kanon" que significa "medida, regla".
El Canon comprende para el Antiguo Testamento 46 escritos, y 27 para el Nuevo. Estos son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, los dos libros de Samuel, los dos libros de los Reyes, los dos libros de las Crónicas, Esdras y Nehemías, Tobías, Judit, Ester, los dos libros de los Macabeos, Job, los Salmos, los Proverbios, el Eclesiastés, el Cantar de los Cantares, la Sabiduría, el Eclesiástico, Isaías, Jeremías, las Lamentaciones, Baruc, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías, para el Antiguo Testamento.
Para el Nuevo Testamento, los Evangelios de Mateo, de Marcos, de Lucas y de Juan, los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas de Pablo a los Romanos, la primera y segunda a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses, la primera y segunda a los Testalonicenses, la primera y segunda a Timoeo, a Tito, a Filemón, la Epístola a los Hebreos, la Epístola de Santiago, la primera y segunda de Pedro, las tres Epístolas de Juan, la Epístola de Judas y el Apocalipsis.
ANTIGUO TESTAMENTO.
Había dos cánones entre los judíos de los Libros Santos: el Canon Breve (palestinense) y el Canon Largo (alejandrino).
El Antiguo Testamento en hebreo ( Canon Breve) está formado por 39 libros y se divide en tres partes: “ La Ley”, “Los Profetas” y “Los Escritos”. A estos 39 libros se les conoce como “proto-canónicos”.
El Antiguo Testamento en griego (Canon Largo) está formado por 46 libros. La versión griega de la Biblia, conocida como de los Setenta, cuenta con 7 libros más: Tobías, Judid, Baruc, Eclesiástico, I y II de Macabeos y Sabiduría. Además, algunas secciones griegas de Ester y Daniel. A estos libros se les llama “deutero-canónicos”.
Los judíos en Alejandría tenían un concepto más amplio de la inspiración bíblica. Estaban convencidos de que Dios no dejaba de comunicarse con su pueblo aún fuera de la Tierra Santa, y de que lo hacía iluminando a sus hijos en las nuevas circunstancias en que se encontraban.
Jesús debió utilizar el Canon Breve, de 39 libros, pero los Apóstoles, al llevar el Evangelio al Imperio Grecorromano, utilizaron el Canon Alejandrino. Así, la Iglesia primitiva recibió este canon que consta de 46 libros.
En el siglo III comenzaron las dudas sobre la inclusión de los deutero-canónicos. La causa fueron las discusiones con los judíos, en las cuales los cristianos solo utilizaban los libros proto-canónicos. Algunos Padres de la Iglesia hacen notar estas dudas en sus escritos ( por ejemplo Atanasio (373), Cirilo de Jerusalén (386), Gregorio Nacianceno (389)), mientras otros mantuvieron como inspirados también los deuterocanónicos (por ejemplo Basilio ( 379), Agustín (430), León Magno (461)).
A partir del año 393 diferentes concilios, primero regionales y luego ecuménicos, fueron precisando la lista de los Libros “canónicos” para la Iglesia. Estos fueron:

  • Concilio de Hipona (393)
  • Concilio de Cartago (397 y 419)
  • Concilio Florentino (1441)
  • Concilio de Trento (1546)

En este último, solemnemente reunido el 8 de abril de 1546, se definió dogmáticamente el canon de los Libros Sagrados.
Los protestantes sólo admiten como libros sagrados los 39 libros del canon hebreo. El primero que negó la canonicidad de los siete deuterocanónicos fue Carlostadio (1520), seguido de Lutero (1534) y luego Calvino (1540).
NUEVO TESTAMENTO
El Nuevo Testamento está formado por 27 libros, y se divide en cuatro partes: “Evangelios”, “Hechos de los Apóstoles”, “Epístolas” y “Apocalipsis”.
De los 27 libros que componen el Nuevo Testamento, hay también 7 cuya inspiración se puso algún tiempo en duda. Estos son: Hebreos, Santiago, segunda de Pedro, segunda y tercera de Juan, Judas y Apocalipsis. En general, la duda de inspiración se fundaba sobre duda de autenticidad.
En los orígenes de la Iglesia, la regla de fe se encontraba en la enseñanza oral de los Apóstoles y de los primeros evangelizadores.
Pasado el tiempo, se sintió la urgencia de consignar por escrito las enseñanzas de Jesús y los rasgos sobresalientes de su vida. Este fue el origen de los Evangelios.
Por otra parte, los Apóstoles alimentaban espiritualmente a sus fieles mediante cartas, según los problemas que iban surgiendo. Este fue el origen de las Epístolas.
Además circulaban entre los cristianos del siglo primero dos obras más de personajes importantes: “Los Hechos de los Apóstoles” escrita por Lucas, y el “Apocalipsis”, salido de la escuela de San Juan.
A fines del siglo I y principios del II, el número de libros de la colección variaba de una Iglesia a otra.
A mediados del siglo II, las corrientes heréticas de Marción (que afirmaba que únicamente el Evangelio de Lucas y las 10 Epístolas de Pablo tenían origen divino), y de Montano (que pretendía introducir como libros santos sus propios escritos), urgieron la determinación del Canon del Nuevo Testamento.
Hacia fines del siglo II, la colección del Nuevo Testamento era casi la misma en las Iglesias de Oriente y Occidente.
En los tiempos de Agustín, los Concilios de Hipona (393) y de Cartago (397 y 419) reconocieron el Canon de 27 libros, así como el Concilio de Trullo (Constantinopla, 692) y el Concilio Florentino (1441).
Al llegar el protestantismo, éste quiso renovar antiguas dudas y excluyeron algunos libros. Lutero rechazaba hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis. Carlostadio y Calvino aceptaron los 27. Los protestantes liberales no suelen hablar de “libros inspirados”, sino de “literatura cristiana primitiva”.
En el Concilio de Trento (1546), se presentó oficial y dogmáticamente la lista íntegra del Nuevo Testamento.
El criterio objetivo y último para la aceptación del Canon del Nuevo Testamento será siempre la revelación hecha por el Espíritu Santo y transmitida fielmente por ella.
En cuanto a criterios secundarios que se tuvieron en cuenta, fueron los siguientes:
1.- Su origen apostólico (o de la generación apostólica).
2.- Su ortodoxia en la doctrina.
3.- Su uso litúrgico antiguo y generalizado.
Bibliografía.

  • Catecismo de la Iglesia, 1992, Editorial Lumen.
  • Carrillo Alday, Salvador, Qué es la Biblia, 1987,Instiuto de Sagrada Escritura
  • Apuntes de Introducción a la Sagrada Escritura, 1995, Instituto de Pastoral Bíblica
Autor:

Redacción Church Forum

Fuente:

Church Forum www.churchforum.org

 
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