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REALIZACIÓN DE LA MATERNIDAD DIVINA. MARÍA, MADRE DE DIOS.

B - REALIZACIÓN DE LA MATERNIDAD DIVINA.
MARÍA, MADRE DE DIOS.


Se dice que María es Madre de Dios, en sentido estricto del término, puesto que ella engendró y dio a luz a Jesús, que es Dios: en Jesús hay una sola persona, que es la del Verbo Eterno de Dios.

Los que no admiten que María es Madre de Dios, pueden catalogarse en dos clases:

a - Los que no creen en la divinidad de Jesucristo, como los judíos, algunas sectas protestantes para quienes el libre examen los ha llevado hasta el extremo de no creer en lo que los caracterizaría como cristianos, y, en fin, todos los no-cristianos, y

b - Los que, creyendo en la divinidad de Jesucristo creen que María es madre de Jesús-hombre nada más, sin tener que ver nada con la persona del Verbo. Entre estos últimos, la herejía más típicamente antimariana es la nestoriana, cuyos adherentes afirmaban que la Virgen era madre del hombre, Madre de Cristo o a lo sumo portadora de Dios, pero de ninguna manera Madre de Dios.

La Maternidad Divina, dignidad primordial y fundamento de todas las excelencias de Nuestra Señora, es una verdad de fe católica, solemnemente definida en el Concilio de Efeso, en el año 43l, presidido por San Cirilo de Alejandría. Allí se proclamaron los famosos "anatemas" contra Nestorio.

Además del Concilio de Efeso, María fue confesada Madre de Dios en el Concilio de Calcedonia, en el II de Constantinopla, en el de Letrán, en el III de Constantinopla, etc., así como también fue unánimemente pregonada por las Padres de la Iglesia, los escritores eclesiásticos y los Doctores, sin excepción alguna.

El Evangelio de San Lucas nos trae el testimonio divino:

"El niño que nazca (de ti) será santo y llamado Hijo de Dios" (Lc l, 35)

"Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. Será grande y llamado Hijo del Altísimo; el Señor le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob por los siglos, y su reino no tendrá fin" (Ibid. 3l-33)

En la Visitación, el evangelista nos presenta la primera profesión de fe en María, Madre de Dios; He aquí lo que exclama la prima de la Virgen, Isabel:

"Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre "

"Y, cómo es que la madre de mi Señor viene a mí?" (Lc l, 42-43)

Si el Hijo de María es el Señor de Isabel, obvio es que María, la madre de ese Señor, Jesús, es la Madre de Dios.

Aunque la Maternidad Divina de María es un misterio impenetrable a la razón natural, y objeto de la mera fe divina, sin embargo la razón, investigando humilde, piadosa y sobriamente, puede darnos alguna idea: así según se expresa Santo Tomás de Aquino, "madre de alguien se llama verdadera y propiamente aquella mujer que lo engendra y da a luz. Y sabemos que María concibió y dio a luz a Cristo, que es Dios; luego María es verdadera y propiamente Madre de Dios. La razón es concluyente, puesto que Jesucristo en ningún momento deja de ser Dios.
MATERNIDAD VIRGINAL.

La Maternidad divina es una maternidad muy singular, no solamente por la persona que es término de este peculiar engendró y parto, que es la del Verbo hecho carne, una sola persona divina en dos naturalezas, divina y humana, sino también por el modo milagroso y singular como se verificó, es decir, virginalmente, sin concurso de varón, por obra del Espíritu Santo:

" Su concepción es del Espíritu Santo " (Mt l, 2O)

Así lo dice el Evangelio, y así lo confesamos los cristianos en el Credo.
MATERNIDAD TOTAL.

Toda verdadera y propia noción de maternidad supone en la madre que concibe, gesta por nueve meses y da a luz, diversas funciones de orden físico, moral y espiritual con respecto al hijo. Y estas funciones no podían faltar en el gran acontecimiento de la Maternidad de María.

Ella, físicamente, concibió en sus purísimas entrañas, llevó durante nueve meses, dio a luz, alimentó con su leche materna Jesús.

Ella, moralmente, fuera de su prodigiosa preparación a la Maternidad, siguió velando por su Hijo durante toda la infancia y vida privada. Todo este cúmulo de funciones morales maternales de María aparece en el Evangelio de San Lucas con la admirable advertencia de que María era consciente de todos estos misterios:

" Su Madre guardaba todas estas cosas en su corazón " (Lc. 2, 5l)

Ella, en fin, espiritualmente, cooperó dentro de ese misterioso parentesco y afinidad con Dios, a la manifestación de los grandes dones que encerraba el Niño Dios, de quien también dice el Evangelio de su infancia:

" Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres " (Lc 2, 52)

María, juntamente con José, era testigo y vigilante de ese misterioso crecimiento.
LA BIENAVENTURADA VIRGEN Y EL NIÑO JESÚS.

" La unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte;

En primer término, cuando María se dirige a toda prisa a visitar a Isabel, es saludada por ella a causa de su fe en la salvación prometida y el precursor saltó de gozo (Lc l, 4l-45) en el seno de su Madre;

Y en la Natividad cuando la Madre de Dios, llena de alegría muestra a los pastores y a los Magos a su Hijo primogénito, que lejos de disminuir consagró su integridad virginal.

Y cuando, ofrecido el rescate de los pobres, lo presentó al Señor, oyó al mismo tiempo a Simeón que anunciaba que el Hijo sería signo de contradicción y que una espada atravesaría el alma de la Madre, para que se manifestasen los pensamientos de muchos corazones (Lc 2, 34)

Al niño Jesús perdido y buscado con dolor, sus padres lo hallaron en el templo, ocupado en las cosas que pertenecían a su Padre, y no entendieron su respuesta. Más su Madre conservaba en su corazón meditándolas, todas estas cosas."

Resumamos con San Mateo el gran misterio:

"El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre, con José, antes de que convivieran se encontró encinta por virtud del Espíritu Santo, José, su marido, siendo justo y no queriendo denunciarla, resolvió dejarla ocultamente. Estaba pensando en esto, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueño y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir contigo a María, tu mujer, pues su concepción es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás el nombre de Jesús; porque El salvará a su pueblo de sus pecados."

"Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había dicho por medio del profeta:

" He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros.

" José, habiendo despertado del sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su mujer, y, sin que la conociera, ella dio a luz un hijo, al que puso por nombre Jesús " ( Mt l, l8-25 )
EXCELENCIAS DE LA MATERNIDAD DIVINA
EN SÍ MISMA

Una persona es tanto más excelente cuanto más cercana está a Dios, principio y fuente de toda grandeza, y cuanto más participa de El. Ahora bien, María Santísima por su dignidad de Madre de Dios y la intimidad que ello supone con el Verbo encarnado, participa de Dios es una medida excelentísima por consiguiente, su excelencia debe ser algo inconmensurable.

"Bendita tú entre las mujeres " (Lc. l, 42) fue el saludo más apropiado que encontró su prima Isabel para felicitarla. Y en la Bula “Ineffabilis" dice el Pontífice Pío IX que " María es superior a todos, menos a Dios ". Asimismo León XIII con no menos encarecimiento: "En verdad, tan alta es la dignidad de la Madre de Dios, que no puede darse nada más grande". Y en la Constitución Dogmática "Munificentissimus Deus" en la que Pío XII define el dogma de la Asunción de Nuestra Señora, así como en la Encíclica "Fulgens Corona", se le presenta al Vicario de Cristo la mejor ocasión de expansionar su admiración ante las grandezas de la Madre de Dios.

Los Santos Padres emulan enexaltar las excelencias de la Virgen en su dignidad de Madre de Dios, y precisamente por dicha dignidad. Baste por todos el hermoso testimonio de San Cirilo de Alejandría: "Podrá haber un hombre capaz de celebrar dignamente a la Virgen María? "

Santo Tomás de Aquino la coloca por encima de los ángeles. Y la razón de esta dignidad, que él califica como "Quodamodo infinita" (en cierto modo infinita) se funda en que no solamente engendró a uno igual a Ella, sino a uno infinitamente mejor que Ella.

La Maternidad de Nuestra Señora es una gracia en toda la extensión santificadora de su significado.
EN SUS RELACIONES CON DIOS

La sencilla expresión del Papa Pío IX quien recuerda como María, "a quien Dios Padre se dignó dar a su Hijo, engendrado por El e igual a El, para que fuera engendrado por El e igual a El, para que fuera un mismo Hijo común del Padre y de la Virgen "..., nos da a entender la más íntima relación que hay entre María y la Trinidad: Tener el mismo Hijo que el Padre. Lo cual supone en ella una vinculación misteriosa y un parentesco sin par con las tres divinas Personas:

" Solo ella puede decir con el Padre al Hijo: Tu eres mi Hijo."

Suele expresarse en la tradición católica esta familiaridad de la Virgen María con la Santísima Trinidad, derivada de su maternidad divina, con las expresiones "Hija del Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espíritu Santo " y "Complemento de la Trinidad".

Los teólogos afirman que " María, por su divina maternidad, pertenece al orden hipostático " porque en sus purísimas entrañas se verificó la unión de la naturaleza humana con la naturaleza divina en la única persona del Verbo, y por lo tanto tiene una participación tan íntima, tan familiar con la Divinidad, que con razón se le puede decir que pertenece a la Familia de Dios.
EN SUS RELACIONES CON LA HUMANIDAD

La maternidad Divina de María función necesaria para la Encarnación del Verbo, es inseparable de la suerte del género humano, lo cual confiere a Nuestra Señora, precisamente por haber concebido y dado a luz al Redentor, una dignidad y excelencia sobre toda la humanidad, y al mismo tiempo un sinnúmero de vínculos entre la humanidad redimida y la Madre del Redentor.
C.- CONSECUENCIAS DE LA MATERNIDAD DIVINA

Del oficio de Madre de Dios y de su consiguiente dignidad, derivan para la Virgen, otros que son estricta consecuencia de su maternidad total, como son la maternidad sobre el Cuerpo Místico de Cristo, o maternidad espiritual, la corredención, la eficiencia en el merecimiento y distribución de las gracias (mediación y dispensación), y, otras prerrogativas como la Asunción en cuerpo y alma a los cielos, que viene a ser el feliz coronamiento de su obra como Madre del Señor que triunfó sobre la muerte.
MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA

La obra redentora y santificadora de Jesucristo se perpetúa y realiza, según su expresa voluntad, en cuanto a su aplicación a cada alma en particular, no de una manera independiente y aislada, sino dentro de la corporación o sociedad instituida por El, anunciada en su predicación del Reino de Dios, establecida con la elección de los apóstoles a quienes confirió el poder de administrar su gracia, rubricada con su sublime sacrificio de la Cruz, alimentada con los Sacramentos y fortalecida con la infusión del Espíritu Santo. Esto es, en la Iglesia, su Cuerpo Místico.

Todos los fieles formamos con Cristo un solo Cuerpo, que es su Iglesia, de la cual El es la cabeza, el Espíritu Santo es el Alma, la Gracia y la caridad, la vida nosotros somos los miembros. Y María, que es Madre del Cristo físico, el cual es la Cabeza inseparable del Cuerpo Místico, y tiene por fuerza que ejercer su maternidad sobre El.

" Nada hay tan antiguamente probado en la doctrina católica como el que la Bienaventurada Virgen María sea llamada Madre de los hombres. Título que confiere ciertamente una gran prerrogativa a la Virgen en el orden sobrenatural, según la cual la vida espiritual de la gracia santificante se comunica a todos los hombres por la Virgen María, por una acción que justamente puede llamarse maternal. Mas debe atenderse muy bien a dos momentos en que se ejercita esta maternidad espiritual. Porque la Virgen es primero Madre de todos los hombres tomados en general, o sea de todos los que han de ser miembros del Cuerpo Místico de Cristo, y en la medida en que lo han de ser; y luego, es madre de cada uno de hecho, desde el momento en que por el bautismo entra a formar parte del Cuerpo Místico. El primer momento pertenece a la realización misma de la redención, y tiene íntima relación con el oficio de Corredentora. El segundo momento pertenece a la aplicación de los frutos de la Redención, y coincide con la distribución de las gracias por María."
LA MATERNIDAD ESPIRITUAL EN LA ESCRITURA

La Maternidad espiritual de todos los hombres redimidos por la sangre de Nuestro Señor Jesucristo, es algo que encontramos expresamente dicho en la Sagrada Escritura, y enseñado por el magisterio ordinario y universal de la Iglesia.

Dos momentos principales se consideran en la Palabra de Dios escrita: en primer lugar, el referido por San Lucas l,38, sobre el consentimiento de la Virgen en la Encarnación:

"Dijo entonces María: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra."

Este pasaje viene a señalar como el punto de partida de la acción maternal de María directamente sobre el Cristo físico, e indirectamente sobre la obra de Cristo, el Cuerpo Místico. Porque toda la obra de la redención, cuya perpetuación realiza la Iglesia, dependía en su realización de la aceptación que la Virgen diera de la gran propuesta que le hacía Dios.

En segundo lugar, tenemos el pasaje de San Juan l9, 25-27, referente a la compasión de María con Cristo en la Cruz y la referencia expresa de Jesús a ella y al apóstol Juan; detengámonos brevemente en este trascendental pasaje.

" Estaban en pie junto a la cruz de Jesús su madre, María de Cleofás, hermana de su madre, y María Magdalena.

" Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo que Él amaba, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo."

" Luego dijo al discípulo: He ahí a tu madre.

" Y desde aquel momento el discípulo la recibió consigo "

En este relato San Juan representa al género humano entero, de verdad. León XIII, dice: " La Virgen Santísima, así como es Madre de Jesucristo, así lo es también de todos los cristianos, puesto que a todos los engendró entre los supremos tormentos del Redentor en el monte Calvario" " En la persona de Juan, según el perpetuo sentir de la Iglesia, señaló Jesucristo a todo el género humano."

El marco del episodio indica un acto oficial y de alcance pública de Cristo, en esa hora solemne hacia la cual estaba orientado todo su ministerio aquí en la tierra. Realmente es la hora suprema en la cual el Salvador realiza lo esencial de su misión redentora, y se comprendería mal que hubiera escogido ese instante para un paréntesis de vida privada y de preocupaciones familiares. Su actitud no puede, pues, interpretarse sino en el orden de cumplimiento de su función pública. Por otra parte el texto mismo del Evangelio se toma el cuidado de confirmarnos lo que resaltaba suficientemente por el conjunto del contexto. Inmediatamente después de haber contado el episodio, San Juan escribe:

"Después de esto, sabiendo Jesús que todo se había acabado, para que se cumpliera la Escritura, dijo: Tengo sed "

El apelativo "mujer" muestra también que Cristo se colocó por encima de sus relaciones familiares con su Madre, en un plano más elevado, el de la obra pública. Si hubiera querido en ese momento testimoniarle su afecto con un acto de piedad filial, se hubiera dirigido espontáneamente a ella con el nombre de " Madre "...

La tradición nos enseña esta creencia de la Iglesia por medio de un paralelismo muy elocuente entre Eva, la primera Madre de todos los vivientes pecadores y María, la segunda Madre de todos los vivientes redimidos y puestos a vivir según el nuevo Adán, que es Cristo. Este paralelismo suele designarse como la "recirculación", según la cual nos vienen todos los bienes de la gracia en la redención por los mismos cauces por los que se habían perdido con el pecado del origen.

San Agustín dice que María es "Madre de los miembros del Cuerpo Místico."

Esta maternidad espiritual de la Virgen sobre todos los cristianos, que tuvo su momento "incoactivo" en el consentimiento para la encarnación, su solemne proclamación en la cruz, se ejecuta y lleva a efecto en cuanto María, junto con Jesús e inseparablemente de él, merece por nosotros y colabora íntimamente en la redención, y por fin en la aplicación de sus méritos y gracias mediante su intercesión continua por sus hijos espirituales. En el primer momento, María es "Compañera del Redentor", expresión más justa que la de “Corredentora", que suele usarse mucho, y en el segundo, es "Medianera" universal.
MARÍA, COMPAÑERA DEL REDENTOR

María engendró voluntariamente al Redentor, y por eso es causa de nuestra redención y salvación. En cierto modo todo dependió de su "Hágase en mí según tu palabra", pronunciado libremente ante el amoroso requerimiento de Dios.

Que la Santísima Virgen sea íntima compañera o socia del Redentor, se desprende viendo la inseparabilidad entre la Encarnación de Cristo y la Redención.

En el Credo decimos que creemos en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios,... quien por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen.

Por consiguiente, si "Cristo Redentor vino para satisfacer por nuestros pecados y para adquirirnos los auxilios de la salvación", es claro que la Santísima Virgen, por su consentimiento en la encarnación, cooperó con Cristo en "satisfacer por los pecados y adquirir para nosotros los auxilios de la salvación."

La Encarnación no es más que el principio de la gran obra. María ofreció a su Hijo para nuestro rescate expresamente: en el templo, para que fuera, como leemos en San Lucas, "ruina y resurrección de muchos" (Lc 2, 34)

Y para que ella fuera traspasada por la espada del dolor. Expresiones ambas que dicen demasiado del sacrificio por el cual fuimos redimidos. Mas sobre todo cuando estuvo junto a la cruz con Cristo y con toda su voluntad, renunció a los derechos maternales sobre Jesús.

" La Bienaventurada Virgen, dice el Concilio Vaticano II, predestinada desde toda eternidad, cual Madre de Dios junto con la Encarnación del Verbo por designio de la Divina Providencia, fue en la tierra la esclarecida Madre del Divino Redentor y en forma singular la generosa colaboradora entre todas las creaturas y la humilde esclava del Señor.

Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo en el templo al Padre, padeciendo con su Hijo mientras El moría en la Cruz, cooperó en forma del todo singular, por la obediencia, la fe, la esperanza y la encendida caridad, en la restauración de la vida sobrenatural de las almas. Por tal motivo es nuestra Madre en el orden de la gracia."
MARÍA, MEDIANERA

La presencia de María y su íntima participación en el supremo acto sacerdotal de Jesucristo, su Hijo y esto de manera pública, refrendada por el testimonio del Evangelio, nos sitúa ante una hermosa prerrogativa más de la Virgen, derivada de su Divina Maternidad: la mediación universal de Nuestra Señora.

Mediador es el que enlaza dos extremos. Participando de la manera de ser del uno y del otro, establece contacto entre ellos.

Cristo es el "único mediador entre Dios y los hombres", que se entregó así mismo como precio de rescate por todos" (l Tim 2,5-6). eso porque El solo fue ungido sacerdote eterno en el momento de la encarnación.

Jesucristo media entre Dios, ofendido, y los hombres, ofensores, mediante su acción sacerdotal, por la cual se ofreció en sacrificio por la redención de la humanidad. Que sea, pues, Jesús el único mediador, no se puede poner en duda, ya que nos lo asegura el apóstol San Pablo. Pero no es menos cierto que el Señor ha hecho participantes de su función sacerdotal a otros ministros (Heb 5, l) y la presencia inseparable de María en los actos sacerdotales del Señor la hacen merecedora del título y misión mediadora:

a - Por su libre consentimiento dado desde el momento de la Anunciación.
b - Por el mérito obtenido por Ella en su propio sacrificio y en la cooperación en el Sacrificio de su Hijo.
c - Por su cooperación voluntaria en la misma obra de la Redención.
d - Por su obra de intercesión voluntaria en el cielo, en la que por voluntad de Cristo nos alcanza y distribuye los bienes de la redención.

La doctrina sobre la Mediación de Nuestra Señora, está entre las verdades del magisterio ordinario de la Iglesia y en el sentido de los fieles. Tanto los sumos pontífices como la liturgia y el piadoso sentir de todos los católicos ven en la Santísima Virgen, de una manera muy especial y superior a los demás santos, a su mediadora y abogada.

León XIII dice: " Te suplicamos, conciliadora de nuestra salvación, tan poderosa como clemente". En verdad, que el nombre de perfecto conciliador así como su oficio, a nadie convienen como a Cristo, puesto que El es el único Hombre y Dios que restituyó la amistad entre Dios y los hombres. Pero si, como bien lo dice Santo Tomás de Aquino, no obsta que otros puedan llamarse también mediadores en cierto modo entre Dios y los hombres, por cuanto cooperan a la unión entre el hombre y Dios positiva y ministerialmente, como son los ángeles y los santos... ciertamente que esta dignidad conviene de la manera más excelente a la Virgen gloriosa, pues no se puede pensar en nadie que haya hecho más que Ella por la reconciliación (después de Cristo), ni que haya de hacerlo... Ella es, de la que nació Jesús, es decir, su verdadera madre, y por este motivo es digna y aceptísima Mediadora.
CÓMO EJERCE MARÍA SU MEDIACIÓN

Todo mediador entre dos extremos dirige su acción en ambas direcciones. Por eso se dice que la mediación puede ser "ascendente" y " descendente ". Aplicado a la mediación de la Virgen Santísima entre Dios y los hombres, se ve bien claro que su oficio es establecer una doble corriente: entre los hombres y Dios (ascendente), acogiendo las súplicas de aquellos y presentándolas al Altísimo. Y entre Dios y los hombres (descendente), recibiendo las gracias de Dios y haciéndolas derramar sobre sus devotos en forma de toda clase de beneficios espirituales y temporales. Se puede decir que todas las intervenciones, tanto ordinarias y casi imperceptibles, como extraordinarias, públicas y espectaculares, de Nuestra Señora, dentro y fuera de los santuarios de todo el mundo, no son otra cosa que la ejecución amorosa de su Mediación entre Dios y nosotros.
LA ASUNCIÓN Y CORONACIÓN DE MARÍA

Nuestra Señora fue enriquecida con toda clase dones en su alma y en su cuerpo, para ser digna Madre del Verbo Encarnado. Hemos visto cómo toda la razón de ser de la existencia de María es su misión de Madre del Señor. Mas no debemos olvidar que ella es siempre una creatura racional como todas las demás, y por lo tanto su destino no debía ser tan solo social, sino que, como toda persona humana, su vida mortal debía proceder hacia el fin último que corresponde a todos los demás mortales. Por eso es importante que el cristiano devoto de María conozca con certeza los pormenores del destino último de la Madre de Dios y nuestra.

Esta establecido por los decretos de Dios que todo hombre ha de morir una vez, y que después de la muerte recibirá la recompensa conforme a sus méritos o deméritos (Heb 9, 27). Y aplicando estos datos de la fe a la Virgen, hallamos, por una parte, el hecho de que ella, habiendo sido concebida sin pecado original, no tenía por qué morir, es decir, no tenía que pagar el estipendio de un pecado que nada tenía que ver con ella porque no lo había cometido. Por otra parte, la socia del Redentor y Madre de la Iglesia, convenía que muriera así como murió Cristo, que no tuvo pecado. Y, en fin, la Llena de Gracia, dechado de virtudes y méritos, debía, por justicia y bondad de Dios, recibir un premio conforme a su altísima dignidad y a los inconmensurables méritos de su alma santísima. De ahí la pregunta para el cristiano: ¿Cómo fue el tránsito de María de esta vida mortal a la recompensa eterna?
MARÍA VERDADERAMENTE MURIÓ

Muerte es la separación del cuerpo y el alma. La muerte es el término del estado de viadores, y puerta de la eternidad.

Durante muchos siglos se afirmó que la Virgen Santísima no había muerto. O por lo menos se puso muy en duda su muerte. San Epifanio es uno de los que la pusieron en duda. En los siglos modernos, antes de la definición de la Inmaculada, también hubo teólogos, como Álvaro de Cienfuegos, que sostuvieron la inmortalidad de María. Y aun en nuestros días no faltan eminentes escritores marianos que quisieran atribuirle a Nuestra Señora este privilegio.

Sin embargo, la doctrina común de la Iglesia ha sido de que la Virgen Santísima verdaderamente murió. De ello nos dan fe los numerosos apócrifos sobre la muerte de la Virgen, así como las antiquísimas solemnidades litúrgicas en honor de la "Dormición de Nuestra Señora".

Su Santidad Pío XI, dijo: "Debemos hacer por nuestra invocación de cada día, que María sea nuestra Medianera, nuestra abogada, de suerte que podamos esperar de Ella, llevada a la gloria del cielo, en la hora de nuestra muerte, -QUE TAMBIEN FUE LA SUYA- YA QUE ELLA TAMBIEN SUPERO ESTE PASO (subraya el Papa), ya que en ella estaba la gracia de la redención, más bien que la gracia de creación, que no le confería la inmortalidad propiamente dicha, que sea entonces nuestra abogada ante la divina bondad y misericordia"

Especialmente se nota la conveniencia de la muerte de Nuestra Señora si se considera que ella es compañera inseparable del Redentor, el cual, no mereciendo la muerte, sin embargo quiso someterse a ella por los pecados del género humano. Luego, más que la conveniencia de no morir, por no tener el pecado original, se ve en la Virgen la conveniencia de morir por ser la Socia del Redentor.

El Pontífice Pío XII, en la Bula definitoria del dogma de la Asunción no definió nada sobre la muerte de María sin embargo en ella habla de la convicción de todos los cristianos, "guiados por la institución y dirección de sus pastores... de que la Madre de Dios, así como su Unigénito, murió". Y en la fórmula de la Definición dice simplemente: "terminado el tiempo de su vida terrena..."

Sobre el tiempo y circunstancias de la muerte de Nuestra Señora, nada dicen ni la fe ni la historia.
LA SANTÍSIMA VIRGEN, DESPUÉS DE TERMINADA SU VIDA TERENA, FUE LLEVADA AL CIELO EN CUERPO Y ALMA

" Ser llevada" se dice en latín "assumi", de donde procede el término "Asunción", de significado pasivo, para distinguirla de "Ascensión" que tiene significado activo, y es el misterio de Jesucristo, quien "subió" a los cielos por su propia virtud, mientras que María "fue llevada".

La Asunción de María tiene dos significados: El uno es, NEGATIVO, en cuanto supone que su cuerpo santísimo no sufrió la corrupción del sepulcro, y otro POSITIVO, que significa la glorificación del mismo cuerpo, la cual a su vez supone la resurrección anticipada.

El privilegio de la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo es un verdad de fe católica, definida por el Papa Pío XII el l de noviembre de l95O por la bula "Munificentissimus Deus", con estas palabras.

"Pronunciamos, declaramos y definimos que es dogma revelado de fe católica: que la Inmaculada Madre de Dios siempre Virgen María, concluido el tiempo de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la celeste gloria".

Antes de la definición dogmática de Pío XII, y ya desde remontísimos siglos, era una verdad constantemente confesada por la Iglesia Universal, tanto creyente (los fieles) como docente (los pastores).

La Sagrada Escritura, si bien no en sus propias palabras sino en modo implícito, nos da un claro testimonio de la consumación de Nuestra Señora en el clásico pasaje del Génesis:

"Yo pongo enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te aplastará la cabeza mientras tú te abalances a su calcañal" (Gén 3, l5)

Aquí se anuncia una plena victoria del Redentor y su Madre contra la serpiente infernal. Pero esta victoria no sería total si la Madre del Redentor estuviera sujeta a la corrupción, ya que la muerte es estipendio del pecado. Por consiguiente, María tenía que triunfar total y absolutamente sobre el demonio y la muerte mediante su inmortalidad gloriosa, que se verifica en el misterio de la Asunción.

La tradición se manifiesta, tanto en el expresarse de los Santos Padres, como en el sentir universal y en el culto tributado a María en su Asunción a los cielos, la dedicación de innumerables templos antiguos de todo el mundo a este privilegio de la Virgen, lo mismo que la antiquísima celebración de la fiesta de la Asunción.

La asunción de María en cuerpo y alma a los cielos va acorde con la dignidad de Madre de Dios, porque si la carne de Cristo, sin corrupción de ninguna clase, consiguió la resurrección y ascensión gloriosa después de la muerte, es conveniente que se diga lo mismo de la carne de que fue tomada la Carne de Cristo, y que es una con esta".
ESPECIAL GLORIA DE MARÍA, MARÍA REINA

Dios concedió a la Virgen Santísima el último y singular privilegio de la particular gloria celestial, incomparablemente superior a la de todos los otros santos y ángeles. La Iglesia ha visto siempre en la mística visión de San Juan, referida en el Apocalipsis a la Virgen Santísima gloriosa:

"Una gran señal apareció en el cielo: una mujer revestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza." (Ap l2,l)

La aureola, según Santo Tomás, "es un privilegio particular correspondiente a una victoria excelente". De ahí que la aureola como triple victoria contra el mundo, el demonio y la carne, corresponda cuanto más a Nuestra Señora. Las excelencias de María las celebra el Pontífice Pío XII en su Encíclica "Ad caeli Reginam" del ll de octubre de l954, con ocasión de instituir la fiesta de "María Reina" para el 3l de mayo.

 

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