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LA MORAL MARIANA ¿POR QUE UNA MORAL MARIANA?

LA MORAL MARIANA
¿POR QUE UNA MORAL MARIANA?


Mediante la fe creemos en las verdades que Dios nos ha manifestado. Pero no basta creer, si el cristiano no acomoda la conducta de su vida a la práctica de las verdades que su entendimiento ha captado. Porque el hombre debe tender a Dios con todo su ser, y por tanto, no solamente conociéndolo, sino amámdolo y demostrándole su amor con las buenas obras.

Por lo tanto, es preciso que el cristiano que cree en los misterios de María debe también vivir una vida cristiana conforme a esas verdades: de ahí la razón para que verdaderamente exista una moral mariana.
MARÍA EN LA VIDA CRISTIANA Regreso a Contenido

Decimos que Jesucristo Nuestro Señor vino al mundo "para salvarnos y darnos ejemplo".

María, la Madre del Dios redentor, no podía ser ajena a esta doble corriente que hay entre Jesús y nuestras almas. Ella, junto con Jesús y nuestras almas. Ella, junto con Jesús y en dependencia de El, cooperó en nuestra redención y sigue cooperando en el gran misterio de la gracia en su aplicación a nosotros, como medianera y madre espiritual nuestra. Además es nuestro modelo de vida, un espejo de virtudes en el que ha de mirarse quien quiera ser verdadero discípulo del Evangelio.
MARÍA, EJEMPLAR DE VIRTUDES

El primero y principal modelo para imitar es Jesucristo Nuestro Señor. Y después de él ninguno está tan al alcance de Dios y de los hombres como su santísima Madre, dechado de toda rectitud. Por eso debemos conocerla y estudiarla, no solamente en sus misterios, como ya lo hemos hecho, sino también en su vida, ya que ella es la traducción visible de esa gracia invisible de Dios en ella. Para conocer la persona y las virtudes de la Virgen, hay que acudir a los datos que de ella nos proporcionan los libros sagrados, de manera especial los evangelistas San Lucas y san Juan, así como también a los escritos de los santos Padres y a las buenas biografías de Nuestra Señora.
VIRTUDES TEOLOGALES DE MARÍA Regreso a Contenido

Las virtudes cristianas pueden ser naturales y sobrenaturales; teologales y morales.

Son virtudes teologales la fe, la esperanza y la caridad.

La fe es la primera virtud necesaria para ser cristianos. Solo Dios puede infundirla. Y sin ella no podemos pertenecer a la Iglesia ni agradar a Dios.

La Virgen Santísima nos enseña a creer firme y sumísamente los misterios de Dios. Ella recibió con la más sencilla y profunda fe el mensaje de la Encarnación que, en términos humanamente imposibles, se le proponía para ser realizada en sus purísimas entrañas. Por esta misma fe fue alabada por su prima Isabel en los siguientes términos:

" Bienaventurada la que ha creído que se cumplirán las cosas que se le han dicho de parte del Señor! "

La fe de María la llevó a cumplir fielmente con su excelsa misión, viendo en cada momento de ella, en un humilde niño de familia, al Verbo de Dios encarnado. Mediante esta misma fe "guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón" (Lc 2, l9). Por eso la Iglesia en las letanías invoca como "Virgen fiel". La fe profunda, humilde y sencilla de María nos enseña también a nosotros a creer con la sencillez de quien quiere ser enseñado por Dios, y a no penetrar en los misterios que Dios revela, pero cuya comprensión tiene reservada para probar el rendimiento de nuestro entendimiento.
LA ESPERANZA DE MARÍA Regreso a Contenido

La esperanza fue una virtud muy propia del pueblo de Israel, que por largos siglos vivió en la expectativa del Mesías.

El gran ejemplo de esperanza de la Virgen lo encontramos, ante todo en el momento de su augusta soledad, después de la muerte del Señor. Ella, segura de las promesas reiteradas de Jesús de que había de resucitar, y segura como nadie del auténtico valor de la Redención, y del mensaje de Jesús, sufrió la amargura de su desolación en medio de la esperanza sobrenatural del triunfo de su Hijo divino sobre la muerte, sobre el pecado y aun sobre la perfidia de los suyos.

La Virgen Madre de Dios invita a todos los cristianos a seguir el ejemplo de su esperanza a las promesas divinas, a pesar de los aparentes fracasos que la vida cristiana, ante la creciente corrupción, pudiera hacer ver. Uno de los más frecuentes motivos de devoción a María es precisamente la esperanza y la inmensa confianza que su valimiento infunde en medio de las dificultades de la vida terrena. Al saludarla en la "Salve" como "Esperanza nuestra", debemos pedirle no solamente que ella sea nuestra esperanza, sino también que nos enseñe a imitar su inquebrantable confianza en las promesas divinas; asimismo en la oración del Avemaría el cristiano pone su esperanza en Ella para que sea su intercesora "ahora y en la hora de nuestra muerte".
LA CARIDAD EN NUESTRA SEÑORA Regreso a Contenido

La caridad es la virtud por excelencia del cristianismo. Comprende el amor sobrenatural a Dios, al prójimo y a nosotros mismos. Sin caridad no existen las demás virtudes y, faltando ella, cualquier obra por buena que pareciese sería de ningún valor.

La caridad resplandece en la vida de Nuestra Señora, compañera inseparable del Señor en el gran misterio del amor, que es la Redención de la humanidad; Ella llena de gracia debía tener la medida más colmada de caridad; la maternidad divina y la maternidad espiritual sobre nosotros, es obra toda de amor así como sus manifestaciones como abogada e intercesora.

Ese amor a la humanidad la llevó a la entrega de su Hijo adorable para que fuese ofrecido en sacrificio, y ella misma, en su íntima participación en el martirio de Jesús, da el supremo testimonio de amor.

La compasión y la misericordia son también manifestaciones del amor, en cuanto se pone en contacto con las miserias de aquellos a quienes ama. Y el ejemplo de compasión y misericordia más admirable que pueda darse, lo tenemos en Nuestra Señora que sufre junto con Jesús al pie de la cruz, así como en el augusto momento de su soledad, por amor a la humanidad caída. La "Madre Amable", "Madre de Misericordia", son expresiones pleonásticas que la confianza filial de los cristianos dirige a Nuestra Señora, para que vuelva a nosotros "sus ojos misericordiosos."
LAS VIRTUDES MORALES DE LA VIRGEN Regreso a Contenido

Las virtudes morales se ocupan de ordenar las costumbres. De ellas hay cuatro que, por ser el fundamento y resumen de las demás, son llamadas "cardinales": la PRUDENCIA, la JUSTICIA, la FORTALEZA, y la TEMPLANZA.

La Santísima Virgen tuvo una PRUDENCIA en grado eminente, bien porque en su plenitud de la gracia le fue infundida, junto con los hábitos de las demás virtudes, bien, ante todo, porque ella ordenó todos sus actos y dirigió todo cuanto obró según las normas y leyes de la razón y de la fe, de manera que no se apartó de ellas ni en el más mínimo detalle. Por este motivo la Iglesia la llama "Virgen prudentísima". Ejemplo admirable de la prudencia de la Virgen es su conducta en el misterio de la Anunciación, en el que se dice que "María se turbó y se preguntaba qué significaría tal saludo" (Lc l, 29). Prudencia admirable que la llevó a hacer más consciente y libre de toda precipitación la acogida y aceptación del mensaje divino.

La JUSTICIA de María es comparable solamente a la justicia de Jesucristo. Con El y por nosotros, como Compañera del Redentor, ofreció el sacrificio a la divina justicia, por los pecados del mundo, para la redención de los hombres. Consagrada a Dios por religión, que es parte de la justicia, obediente a los designios de Dios, humilde hasta considerase esclava del Señor que la elegía para Madre suya, penitente hasta el martirio sin tener pecados propios que satisfacer, por ello la Iglesia la llama "Espejo de Justicia". En este espejo ha de mirarse el que quiera cumplir fielmente la Ley de Dios y llegar a ser "justo."

La FORTALEZA de la Virgen nos hace admirar su firmeza de ánimo ante las estrecheces y dificultades de la vida pobre que le correspondió en ese mundo. Y sobre todo por la entereza con que se manifiesta acompañando al Señor en la Pasión. La culminación de la fortaleza es el martirio que es al mismo tiempo la máxima manifestación de la caridad divina. Y el martirio de María, aunque no en su cuerpo, sí en su corazón y en su alma, fue de tal suerte, que la Iglesia la llama "Regina Martyrum", "porque padeció más y con mayor generosidad los dolores interiores que los verdaderos mártires sus tormentos exteriores".

La TEMPLANZA de María brilla de manera especialísima en su virginidad, en su modestia, en su sencillez, en su vida mortificada, en fin, en todas aquellas virtudes que rodean su pureza virginal, y que en su vida práctica se traducen en la más recta y admirable moderación de todas sus funciones.
MÉRITOS DE LA VIRGEN MARÍA

Para tener un mérito es necesario que la buena acción sea ejecutada conscientemente, en estado de gracia y amistad de Dios, y con rectitud de intención.

La Santísima Virgen María, no solamente vivía en continuo estado de gracia e intimidad con Dios, sino que en ella como ya lo hemos visto, ese estado era de plenitud.

Sus acciones, procedentes de una creatura tan perfecta en cuerpo y alma, libre de las taras del pecado original y de los malos efectos del pecado personal, fueron necesariamente humanas y conscientes en el más fino sentido de la expresión.

La intención de las obras virtuosas de María era siempre la de agradar a Dios y cumplir con su voluntad, de manera que por su mente purísima no podía ser llevado por otra inclinación que por la del más puro amor de Dios, como convenía a su Maternidad Divina, y de los hombres, como convenía a su íntima relación con el Redentor.

De la Virgen debe aprender también el cristiano la rectitud de intención que debe reinar en todas sus actuaciones, si es quiere hacerse merecedor de las recompensas que Dios tiene prometidas a los que de veras lo aman.
EL CULTO DE LA VIRGEN
EXISTENCIA DEL CULTO MARIANO
A QUIÉN HAY QUE TRIBUTAR HONOR
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Es natural que las personas superiores bajo cualquier respecto sean merecedoras de especial consideración, por lo menos en el aspecto en que son superiores. Así el cuarto precepto de la Ley Divina, que nos ordena tributar el honor debido a cuantos tienen autoridad, refrenda esa orden de la ley natural impresa en el corazón humano, que lo inclina a tributar el homenaje debido a la autoridad. Por otra parte, la justicia, virtud cardinal que nos lleva a tributar a cada uno el homenaje que le pertenece, nos manda rendir honor, es decir, reconocimiento de la excelencia de quien es superior. El culto viene a ser el honor que se tributa a una persona por razón de su excelencia.

Por consiguiente, serán dignas de culto todas aquellas personas o cosas que tienen en sí alguna excelencia.
ELEMENTOS DEL CULTO

a. En primer lugar, un acto del entendimiento, que aprecia la excelencia de la persona honrada.

b. Un acto de la voluntad, que determina someterse y dar señales de esa sumisión y acatamiento.

c. Ejecución o acto de sumisión, que puede ser interno, como la oración, la fe, o también externo, como la genuflexión, la inclinación de cabeza, etc.
APLICACIÓN A NUESTRA SEÑORA

Debido a las excelencias de María, Madre de Dios y Madre espiritual de los hombres.

La Iglesia de Cristo, iluminada por la asistencia del Espíritu Santo y vivificada por la palabra de Dios revelada en la Escritura y en la Tradición, presenta desde sus primerísimos tiempos el hecho de un culto muy particular tributado a la Virgen.
LEGITIMIDAD DEL CULTO DE LA IGLESIA A NUESTRA SEÑORA Regreso a Contenido

María es Madre de Dios. Para preparar su alma a tan altísima misión, fue adornada por el Altísimo con los privilegios más extraordinarios que pudiera soñar una simple creatura. Así es como hemos visto de que manera, predestinada desde el principio de los tiempos para Madre de Dios, fue concebido sin el reto de pecado original ni de sus consecuencias, dotada de plenitud de gracia, de santidad positiva, y adornada con las más hermosas virtudes: que por el mismo hecho de ser la Madre del Señor, se estableció en ella una vinculación muy especial con la Santísima Trinidad, de manera que con razón podemos llamarla "de la familia de Dios"; que, consiguientemente a su maternidad sobre el Cristo - Cabeza, es también, y por expresa disposición de Dios, Madre espiritual del Cuerpo Místico de Cristo, socia o compañera inseparable de El en la obra de nuestra salud, y distribuidora entre nosotros de los bienes que nos procurara la Sangre de Cristo. En fin, que en premio de sus excelentes méritos, recibió el don de la resurrección anticipada y fue llevada en cuerpo y alma a los cielos, en donde fue coronada Reina de los ángeles y de los hombres, y desde donde intercede por nosotros y nos alcanza continuamente la benevolencia divina.

Todo esto nos dice que es digna de un culto apenas inferior al que tributamos a Dios Nuestro Señor. Así lo ha creído y confesado la Iglesia, y así lo practica todo el pueblo cristiano.
ERRORES EN EL CULTO A MARÍA

De dos maneras opuestas se ha pretendido deformar o negar el justísimo culto que la Iglesia ha tributado a la Virgen. Por exceso lo deformaban ciertas mujeres árabes en el siglo V, a quienes se designa con el nombre de "coliridianas", las cuales creían que a María había que tributársele culto de adoración, como una "diosa". El error contrario, fuera de los antiguos judíos que blasfemaban de la santidad de Nuestra Señora, no comprendiendo el inefable misterio de la Maternidad Virginal, lo sostienen los protestantes de todos los tiempos, desde la Reforma hasta nuestros días, para quienes es una "idolatría" el honor especial y superior a los demás santos, que la Iglesia ha tributado a la Virgen María.

San Epifanio habla de los "antidicomarianitas" que, según él, "pensaban que debía ser proscrito el culto a la Santísima Virgen". Los racionalistas y los protestantes liberales modernos siguen impugnando el culto a la Santísima Virgen, tal como lo practica la Iglesia Católica, considerándolo como supersticioso y no fundado en la Revelación, y calificándolo de "mariolatría".

 

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