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Crónicas I y II

Crónicas I y II

Las Crónicas son un resumen de historia desde los principios del mundo hasta la vuelta de la cautividad en Babilonia. Principalmente tratan de los reinados de los reyes de Israel y Judá, desde David hasta la vuelta del destierro.
A primera vista, se podría creer que las dos partes de las Crónicas I y II, no hacen sino repetir los hechos históricos narrados en los dos libros de Samuel y en los dos de los Reyes. Pero en realidad, aunque dentro del mismo marco histórico, las Crónicas nos presentan la historia religiosa de los reyes, del pueblo y de la descendencia de David.
El autor, un levita, según se cree, ha centrado todo el interés de su obra en el santuario; ama al templo con amor religioso. Es, por lo tanto, una obra teológica, una visión más profunda del futuro reino de Dios, que será definitivo gracias a la alianza que el Señor quiere establecer con David y su casa.
La primera parte que es una introducción, consiste en una lista genealógica que se extiende desde Adán hasta David, y comprende, además, los descendientes de las doce tribus procedentes de Jacob, así como una relación de los héroes de David.
La segunda parte está totalmente dedicada a David y su tema principal es la construcción del Templo. Dios prohibió que se llevara a cabo esta obra, pero David la planeó y expuso estos planes a su hijo Salomón, con el encargo de hacer lo que a el se le había prohibido.
Se narran también los combates y las victorias de David, así como el traslado del Arca de la Alianza a Jerusalén y las instituciones que el estableció para su custodia (1Cro 15,16).
Los levitas se encargan del servicio del Arca. El Templo se convierte en un santuario definitivo.
La tercera parte es el cumplimiento, por parte de Salomón, de la obra ideada por David. El Templo se consagra, y Dios recuerda al rey las condiciones de su alianza.
La cuarta parte muestra los desordenes de Israel y de Judá después del cisma: los reyes, según sean o no fieles a Dios, provocan desordenes.
La quinta parte describe las grandes reformas de los reyes Ezequías y Josías. Este encuentra de nuevo el libro de la Ley y renueva la alianza con Dios. Los sucesores no siguieron el ejemplo de Josías, y Dios abandona primero a Israel y luego a Judá. Es la invasión, la destrucción de Jerusalén, el destierro a Babilonia, y, por último, el decreto de Ciro autorizando la vuelta a Jerusalén de los judíos.
Así, el cronista que ha tomado largos relatos de Samuel y de los Reyes, expone, a continuación de la comunidad mosaica, la comunidad davídica. Insiste principalmente en la distinción de lo sagrado y lo profano: los reyes justos son los que respetan los derechos sagrados de los sacerdotes. El acto esencial de la comunidad es el acto religioso. La sanción está condicionada por una vida religiosa y moral, y se obtiene mediante una serie de ritos: la purificación por el agua, la comida de manjares sagrados.
Pero la mirada del cronista se extiende más allá de la comunidad de los levitas del Templo. "Óyele tú desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y haz lo que con clamores te pida el extranjero, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo, Israel" (IICro 6,33).
Es, pues, la visión de un reino universal lo que se desprende de esta obra. Los textos, aunque sólo unos cuantos, sirven para la liturgia cristiana, principalmente para las antífonas de vísperas.

 

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