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Poemas de navidad EL ARCA DE JOSÉ

EL ARCA DE JOSÉ

(LA FAUNA DEL PORTAL DE BELÉN)

Por: José Miguel Granados Temes

(uno del ganado)

Navidad 1999-2000

ANTES DE ENTRAR EN EL ARCA

Hace muchos, muchos siglos vivió en un lugar remoto un patriarca -es decir, un buen padre de familia- llamado Noé. Dios le avisó que iba a ocurrir una terrible catástrofe que acabaría con todos los seres vivos sobre la superficie de la tierra: un diluvio que lo inundaría todo. Dios le ordenó que construyera un arca -o sea, una gran barcaza- antes de que empezara a llover sin parar. Le mandó además que metiera en la embarcación a toda su familia y a una pareja de cada especie animal, para que se salvaran.

Hace veinte siglos vivió en Nazaret otro patriarca llamado José. También Dios le ordenó algo: que cuidara de su esposa, María, y del Niño Jesús que la madre llevaba en su vientre. Tras un viaje de varios días llegaron a Belén. El Niño nació en un establo o portal, porque no encontraron otro sitio mejor. Como en el arca de Noé, también en el portal había diversos animales, y otros más que pasaron por allí al día siguiente... ¿quieres entrar tú también para verlos?

1. ¿QUÉ OCURRE CON ESTOS RATONES?

Los ratones del portal

ya no quieren comer queso.

No hacen más que mirar al Niño;

y todos desean darle un beso.

San José no los espanta.

Se pasan las horas mirando:

mirando el dormir del pequeño,

mirando a la Madre que amamanta,

ensimismados en su empeño

de ver todo lo que pasa.

¿Qué les pasa a estos roedores

que se han quedado alelados?

Están como los enamorados.

¿Qué ocurre, qué, con estos ratones?

2. EL PERRILLO DE JOSÉ

El perrillo de José

ya no quiere hacer cabriolas.

Sólo quiere quedarse junto al Niño,

mirándole horas y horas.

Era un chucho pequeñito,

juguetón y saltarín.

Pero ahora se está muy quietecito

sin separarse del Chiquitín.

Llora cuando Jesús llora,

ríe cuando Jesús ríe,

y vela junto al pesebre

para que nadie se le aproxime.

El perrillo de José

no tiene celos del Niño;

lo que tiene -y tiene bien claro-

es que el Niño es muy bonito.

3. LA BURRITA ESTÁ CONTENTA

La burrita está contenta;

se le nota en cómo mira,

se le nota porque busca

las caricias de María.

La burrita está ligera;

que vuela parecería.

Como si hubiera transportado

a la reina de la alegría.

La burrita rebuzna y rebuzna

de puro contento, de pura dicha.

¿Sabrá que ha cargado en su grupa

al Niño Dios en el seno de la muchachita?

4. UN MIRLO EN BELÉN

Un mirlo en Belén

en pleno invierno ha cantado,

y lo ha hecho durante días

mostrándose muy enamorado.

Junto a una cueva cantaba

desde la aurora al ocaso,

si el cielo estaba raso

o si a la tarde nevaba.

Era muy dulce la armonía;

era muy nueva,

era muy viva;

era como si un ángel

cantara su melodía.

¡Ay, si hubierais oído

del mirlo la musiquilla!

¡Cómo entraba en el alma,

cómo el corazón encendía!

5. LAS HORMIGAS DOMINGUERAS

Las hormigas del portal

se han vuelto unas holgazanas.

Ya no cargan con sus portes,

se ve que no tienen ganas.

Están todas quietecitas;

-guardando la formación, eso sí-.

No se separan del pesebre;

no se quieren mover de ahí.

Parece que les han mandado

que dejen de trabajar,

que les han dicho que es domingo

y lo que hay que hacer es rezar.

6. LA VACA DEL ESTABLO

La vaca del establo

parece que está rezando una larga letanía:

mueve y mueve los labios

como diciendo "avemaría".

La vaca del establo

mira al Niño con sus ojos castaños.

No se cansa de mirarlo,

lo miraría años y años.

La vaca del establo

ha hecho una cosa muy fea

-es mejor que no la veas-:

aunque no te lo creas

ha hecho caca para el diablo.

7. UNA ARAÑITA SOBRE EL PESEBRE

Una arañita sobre el pesebre

lleva varios días colgada.

Parece que está alelada,

pues no hila ni se mueve.

¿Se pensará que el Niño es una presa

para su tela de araña?

¿Se creerá que a Jesús se le engaña

con una treta de esas?

¿O será que sus arrullos

la han dejado hipnotizada,

y no puede ni moverse

mirando una cosita tan guapa?

8. UNA CUCARACHA SE PASEA

Por el portal de Belén

se pasea una cucaracha.

Va de una punta a otra;

se ve que tiene mucha marcha.

Anda despacio, pero no para;

en segunda o en primera;

parece como si quisiera

tomarse la delantera

y ver todo lo que pasa.

Todos tienen mucho cuidado

de no pisar a la cucaracha.

Y cuando se acerca a la cuna

parece como si se parara.

9. UN GATITO SE HA COLADO

Un gatito se ha colado

en el pesebre del Niño.

A sus pies se ha colocado

y se ha quedado dormido.

La Virgen ha ido a despertarlo,

pero al notarlo tan suavecito

muy tranquila ha decidido

dejarlo allí un ratito.

El gatito ronronea

al compás de los ronquiditos del Niño.

La Virgen también se duerme

y San José se está calladito.

10. UNA MOSQUITA SE HA POSADO

Una mosquita se ha posado

sobre la manita del Niño.

Su Madre la espanta, pero regresa

como si le hubiera tomado cariño.

Por los deditos se pasea

pero no le hace cosquillas.

Jesús no se despierta

y la Virgen está ahora distraidilla.

Va pasando la mosquita

de una mano a la otra.

A María ya no le importa

y por eso ya no se la quita.

11. UNA RANITA MUY FEA

Una ranita muy fea

quiere entrar en el portal.

Pero -timorata- no se decide,

pues puede asustar a quien la vea.

A la puerta lleva un buen rato

croando, para llamar la atención;

a ver si alguno, por compasión,

la invita a entrar de un salto.

San José -que es muy enterado,

muy cortés y considerado-

le ha dicho que pase un momento.

La ranita, de puro contento,

se ha puesto a pegar botes,

cabriolas y brincos enormes.

Hasta pegarse con un listón

que junto al pesebre había

y le ha producido un chichón

que le duele todavía.

12. EL CERDITO EDUCADO

El cerdito del establo

ya no hace cochinadas,

no se revuelca en el fango

ni se enfada si le lavas.

Se come todas las bellotas

que le traen los pastorcillos.

Ha prometido no ser cabezota

ni molestar al Chiquillo.

Como está tan educado,

tan limpito y aseado,

San José le ha permitido

que se acerque un rato al Niño.

El cerdito, que es un pillo,

junto al pesebre se ha sentado

-muy contento y muy callado-

y de ahí no se ha movido.

13. LA GALLINA PASA DE TODO

La gallina del establo

hoy no quiere comer pipas

ni ocuparse de sus polluelos

ni mirar por las esquinas.

La gallina se ha quedado

-con sus patas estiraditas-

de pie junto al pesebre...

¿Se le habrá roto alguna tripa?

La gallina pasa del gallo

que con su quiquiriquí la cita.

La gallina pasa de todo

y sólo al Niño mira y mira.

14. UN GUSANITO DE SEDA

Un gusanito de seda

que curraba en el portal

cuando ha visto a este Chaval

ha soñado en una cosa:

convertirse en mariposa

para revolotear junto al Niño

y copiarle los colores

de su cara tan hermosa.

Sus alitas de rosa y malva

remedarán los amores

de este precioso infante

que es más bonito que el alba.

15. LA PULGUITA DEL PESEBRE

La pulguita del pesebre

se ha quedado medio lela

cuando ha visto sobre las pajas

una carnecita tan tierna.

Al ver esta piel tan blanda,

piensa con tristeza el insecto

que su pico está maltrecho

de tanto morder la espalda

del buey y de la mula mansa.

Se le hace la boca agüilla

al acercarse con cuidado

a esta dulce mantequilla,

a este delicioso bocado.

Pero, cuando estaba a punto de probar,

"Yo no lo cato -se ha dicho-,

para que ninguno después diga:

esta pulga es un mal bicho".

16. EL NIDO DE GOLONDRINAS

El nido de golondrinas

a la puerta del establo

tiene tres crías pequeñitas.

- Lo he visto, por eso hablo.

Los polluelos berrean sin parar

exigiendo algún gusano,

uno buenos mosquitos

o algún delicioso grano

con que poderse alimentar.

Pero su madre no les debe oír

porque, al revolotear por la gruta,

se ha llevado una sorpresa de aúpa

viendo al Niñito sonreír.

Gracias a Dios -no te rías-

se ha acordado, viendo al Niño mamar,

que tiene que alimentar

a sus tres chillonas crías.

Y, no sin pesar, a Jesús dejado,

para cumplir con su deber

-así es la vida, qué le vamos a hacer-

y a su nido ha regresado.

17. UN PATO MUY SALADO

Un pato muy salado,

algo bizco y regordete,

parlanchín y ya vejete,

hasta el portal ha llegado.

Iba pensando en las patochadas

que en su vida ha perpetrado

y la fama le han ganado

de ser un perfecto metepatas.

Como es tan despistado,

y anda siempre ensimismado,

totalmente distraído,

lo que esta vez le ha ocurrido

es que ha pasado junto al Niño

y ni siquiera se ha enterado.

18. UN MURCIÉLAGO DORMIDO

Un murciélago dormido

en lo hondo del establo

San José ha encontrado

boca abajo, de los pies al techo asido.

Ha intentado despertarlo

para que no asustara al Niño;

pero, como no lo ha conseguido,

ha decidido dejarlo.

Tras ver tan rara ave

dormida como un leño

a José le ha entrado sueño,

un soporcillo muy suave;

y -acostado- se ha quedado frito,

boca arriba, roncando como un bendito.

19. UNA LAGARTIJA ASOMA

Por el ventanuco, discreta,

una lagartija asoma;

está tensa, al acecho, quieta,

como si estuviera hecha de goma.

Se ve que busca presa

sin ninguna gana de broma.

Recela de cualquier persona

y ahí se queda toda tiesa.

¡Pues lo que se pierde este animal

por ser tan poco sociable!

¡Se pierde ver de cerca a este Niño amable

que ha nacido en el portal!

20. UNA LOMBRIZ SE ARRASTRA

Por el suelo de la gruta

una lombriz se arrastra,

con esfuerzo, sin paradas

va recorriendo su ruta.

Hacia el pesebre avanza

con un esfuerzo sobrehumano;

aunque el piso está muy llano

se va desollando la panza.

Merece la pena el empeño,

el cansancio agotador,

por conocer al autor del amor,

por ver de cerca a este Pequeño.

21. UN CONEJITO TÍMIDO

Un conejito tímido,

retraído y asustadizo

a la puerta del cobertizo

mira oculto, bien escondidito.

De pura vergüenza no osa

hacer lo que desea:

acercarse como sea

para ver la carita hermosa.

Como está inmóvil y agazapado

José y María no lo han visto.

Pero el Niño sí, que es muy listo,

y un ojito le ha guiñado.

22. HA COMENZADO A CANTAR UN GRILLO

A la puerta de la cueva

ha comenzado a cantar un grillo.

Pero basta que te muevas

y se calla, el muy pillo.

Para no ser descubierto

y quedarse junto al Niño

cantándole con pertinaz cariño,

si te acercas, se hace el muerto.

Su musiquilla es como una risa

o más bien una melopea;

pero todo se estropea

si te acercas muy deprisa.

23. LA LECHUZA DE LA CUEVA

La lechuza de la cueva

todo lo observa,

ya esté inmóvil o se mueva;

en todo se fija,

todo lo mira

y todo lo aprueba.

Mira al Niño mientras duerme,

se alimenta o patalea,

se está quieto o lloriquea,

y mira a la Madre que lo mece.

La lechuza de la cueva

no mira con indiferencia;

mira con mucha diligencia

estas pequeñas maravillas

tan corrientes y sencillas,

tan dichosamente buenas,

con sus patitas de bailarina,

-atrás, alante, alante, atrás-

y hace una danza muy fina.

Tan fina, no te exagero,

que el bebé ha sonreído,

ha pegado un buen berrido,

ha movido el sonajero

y, de puro divertido,

por mostrarse agradecido,

ha aplaudido muy contento.

25. UN CARACOL SOBRE UNA VIGA

Un caracol, sobre una viga

ha sacado las antenas

para sintonizar las noticias buenas

que la nochebuena prodiga.

- "Una cosa es ser un tipo lento

y otra muy distinta no enterarse",

piensa don Caracol, sin desanimarse,

con lo que demuestra no poco talento.

Pues sería perder la razón

perderse semejantes albricias

-y además como primicias-

por quedarse escondido en el caparazón.

26. UN TOPILLO DE MUY BUENA NARIZ

Un topillo, de muy buena nariz,

ha sentido el olorcillo

del recién nacido Chiquillo

perderse semejantes albricias

-y además como primicias-

por quedarse escondido en el caparazón.

26. UN TOPILLO DE MUY BUENA NARIZ

Un topillo, de muy buena nariz,

ha sentido el olorcillo

del recién nacido Chiquillo

y se ha decidido a salir.

Ha sacado el morrito bajo el pesebre,

y, mientras el Niño está dormido,

ahí se está quieto, escondido,

como embriagado: huele que te huele.

Se ha puesto triste el topillo;

le ha brotado una lágrima y un suspiro,

porque con sus ciegos ojos,

de tanto andar por túneles y pozos,

no puede ver a este Rapacillo

de aroma de azahar y tomillo.

27. UNA AVISPA SE HA COLADO

Una avispa se ha colado

por la puerta del portal.

San José -que lo ha visto- la espanta,

no sea que pique al Chaval.

La Madre también se ha asusta,

-a todas horas está alerta,

aún dormida está despierta-:

y lo de la avispa la inquieta,

la preocupa y no la gusta.

La vaca, en cambio, no se inmuta;

pues al posarse en su costado

la avispilla diminuta

ha seguido masticando

y la ha espantado con el rabo.

28. UN CIEMPIÉS SE HA ENCARAMADO

Un ciempiés se ha encaramado

por el musgo, a la techumbre;

y entre el humo de la lumbre

avanza a paso acelerado.

Pero a la altura del pesebre,

justo donde duerme el Niño,

ha hecho un "stop" repentino

y ahí se ha quedado sin moverse.

Inmóvil, paralizado,

cautivo de los arrullos

de este precioso capullo,

que a todos deja hechizado.

29. LAS ABEJAS DE BELÉN

Las abejas de Belén

se preguntan por qué la miel de este año

-sin hacer ningún apaño-

les ha salido tan requetebién.

Es más dulce al paladar,

más clara y transparente,

más dorada y reluciente,

más sabrosa de gustar.

¿Qué habrá pasado esta temporada?

¿Serán las flores que liban,

que están más reverdecidas?

¿"Cuál será el motivo",

piensan, con aire dubitativo,

de una miel tan mejorada?

30. EL POTRILLO YA SABE ANDAR

En el establo una yegua parda

parió anteanoche un potrillo

con una piel de membrillo,

con unas patitas muy largas.

A los dos días ya sabe andar,

siempre pegado a su madre,

pues le asusta que el perro le ladre,

y ella le sabe cuidar.

El potrillo quiere que el Niño

salga con él de paseo

montado sobre sus arreos,

y le invita con cariño.

31. UN SALTAMONTES MUY SIMPÁTICO

Un saltamontes muy simpático

se ha colado en el portal

y con un bote fenomenal

se ha subido hasta el ático.

Es el insecto más saltarín

de toda la comarca.

Ha batido más de una marca

con su muelle de trampolín.

Mientras mira al bello Chaval

está pensando hacer algo especial:

dar un triple salto mortal

para alegrar al Chiquirritín.

32. TRES GORRIONES REVOLTOSOS

Tres gorriones revoltosos

han entrado en el portal.

Pían, suben, bajan, bailan;

pero a nadie le hacen mal.

No paran de revolotear:

inquietos, gritones, nerviosos,

picajosos, meticones, liosos.

No hacen más que trastear.

Después, junto al Niño dormido,

los tres se han ido a enredar.

San José, atento, los ha visto

y los ha ido a espantar,

no lo vayan a despertar.

Los tres, sin más, se han marchado,

que no quieren molestar,

dar la lata, ser pesados,

ni tampoco unos maleducados;

que ellos sólo quieren jugar.

FIN

APÉNDICE

TE DIRÉ, MI AMOR,

REY MÍO

(glosas a un Himno de Vísperas)

Navidad, 1995-96

Te diré, mi amor, Rey mío,

en la quietud de la tarde,

cuando se cierran los ojos

y los corazones se abren.

Te diré, mi amor, Rey mío,

con una mirada suave,

te lo diré contemplando

tu cuerpo que en pajas yace.

Yo no sé qué decirte,

ya no me atrevo a hablarte,

mis palabras son torpes, chillonas;

profanarían tus sueños,

tan sólo lograrían asustarte.

Esta noche prefiero únicamente ver,

calladamente mirarte.

Mirarte horas y horas,

decírtelo todo mirándote,

amándote con la mirada,

eternamente mirándote.

Arrullarte con mis ojos,

en mis pupilas acunarte,

adorarte con una nana muda,

mudamente pestañearte.

Esta noche sólo sé decirte

que me enamora contemplarte.

Te diré, mi amor, Rey mío,

con los hombres y con los ángeles,

con el aliento del cielo

que espiran los animales.

¡Ay, Jesús, que tiritas de frío,

que ha palidecido tu sonrosada carne,

y yo no tengo ningún fuego,

ninguna brasa con que abrigarte!

Hoy quisiera ser mulo,

hoy quisiera ser hoguera

para caldear el establo,

ser ascua, ser primavera.

No decir nada, callarme,

porque mis palabras no arden,

porque mi voz no enciende

ni combustiona mi hablarte.

Hoy hecho mulo me acerco

al pesebre; al fin puedo amarte:

respirarte, jadearte,

silenciosamente calentarte.

Te diré, mi amor, Rey mío,

adorándote en la carne,

te lo diré con mis besos,

quizá con gotas de sangre.

Te diré, mi amor, Rey mío,

...con los labios de tu Esposa

y con la fe de tus mártires.

Te lo dirán las vidas calladas

de millones de amantes,

infinitas obras de misericordia

ininterrumpidamente alabándote.

Te dirán que te siguen,

que mereció la pena tu humanarte,

porque de ti sacan fuerzas

para, dándose, continuarte.

Te lo dirán de todas las razas,

de todos los pueblos, de todas partes.

Aunque nadie lo oiga

Te lo dirán, y tú lo sabes.

Te lo dirá cada latido,

cada levantarse y seguir adelante.

Te lo dirá cada mano tendida,

cada vez que la sonrisa amable.

Te lo dirán tus amigos,

los que tú rescataste,

Te dirán que son tuyos,

con sus amores sabrán adorarte.

Te diré mi amor, Rey mío,

...con el amor de tu Madre.

Ya sé cómo decirte,

qué contarte, de qué hablarte.

De una Flor de tu altar

que se recrea en adornarte.

De un Cofre que es tuyo,

que sólo para ti se abre.

De una Estrella brillante

que te luce al caer la tarde.

De una Canción que te embriaga,

que no deja de encantarte.

De un Poema enamorado

que quien lo escucha renace.

De una Niña que es tu Hija,

Novia, Esposa, Nodriza y Madre.

Ahora sé cómo alabarte,

ahora sé de quién hablarte.

*****

NO ENTIENDO, MI NIÑO.

NO ENTIENDO, MI AMOR

Navidad, 1999

No entiendo, mi Niño.

No entiendo, mi Amor.

Por qué, si el mundo pende de tus brazos

te sostengo yo en mi regazo.

Por qué te aferras a mi pecho en flor

si eres el Pan de la Vida,

la comida y la bebida,

el Trigo bueno de Dios.

Por qué a la más pequeña

le pidió permiso el eterno Padre

para ser la Puerta del Cielo,

para ser de Dios la Madre,

la escala del paraíso,

la acariciadora del Tesoro más grande.

No entiendo por qué

si no cabes en el universo

has querido entrar en mi seno,

hacerte chiquito,

pequeño, travieso,

y ser lo más bonito,

y ser lo más tierno.

No puedo entender

por qué calla la Sabiduría,

por qué se deja limpiar la Pureza,

por qué lloriquea la Alegría.

Por qué los ojitos cierras

si todo lo amas y todo lo miras.

Por qué tus manitas escondes

si con ellas curarás tantas heridas.

Por qué respiras tan suave

cuando en el portal dormitas.

No entiendo, no entiendo.

Por qué los piececitos estiras

como para ir pronto a anunciar una misiva.

Por qué tan veloz tu corazón palpita

si tendrás prisa por amar,

si tendrás prisa por entregar la vida.

Dímelo, si lo sabes.

Dímelo, por favor.

Por qué mi nana te gusta tanto,

por qué me quiebra el alma tu llanto,

por qué mirarte me enamora,

por qué contigo sueño,

por qué eres mi dueño,

por qué pienso en ti a toda hora.

Di si tu arrullo es la brisa,

si tu llanto es el canto,

si la hermosura es tu sonrisa.

Dime si puede haber alguno tan depravado,

tan inhumano y desalmado,

que al verte totalmente vulnerable,

aun precioso y amable,

sea capaz de dañarte,

de odiarte,

o siquiera de darte de lado,

y dejarte olvidado,

abandonado.

Dime que todos te querrán como yo te quiero,

dime que vas a cambiar el mundo entero.

Dime que los hombres se volverán locos de amores,

dime que comienzan los tiempos mejores.

Dime que el nuevo mundo empieza en tu cuna,

dime que vas a salvar las almas una por una.

Si de comprender se trata,

si se tratará de amar,

si mi corazón me dice

que no te deje de mirar.

No entiendo, mi Niño.

No entiendo, mi Amor.

No puedo entenderlo.

Dímelo tú, dímelo.

LOS ÁNGELES

DEL PORTAL

En la noche de Belén

los ángeles del portal

contemplan maravillados

el misterio más grandioso

el prodigio más hermoso

que jamás nadie ha soñado:

con susurro de cristal

con dulzura de panal

la Madre arrulla al Bebé.

- Duerme, mi Niño,

Vida mía.

Calla, mi Amor,

mi Cielo.

Ea, mi Rey,

mi Tesoro,

mi Alegría.

*

En el estupor de un rapto

los ángeles del portal,

ante lo oído pasmados,

lo ponderan en sus mentes

poderosas y silentes

que tanto han escudriñado

y, después de mucho orar,

convierten su rezo en canto.

Así comienza el primero:

- "Mi Niño, dice la Niña.

Sabe ella que su Bonito

es el Hijo del eterno

es anterior a los siglos

es Señor del mundo entero,

el Salvador verdadero".

Le sigue otro con voz buena:

- "Vida mía; de la Madre.

El que todo lo embellece.

Por quien todo ser florece.

Quien alienta cuanto late.

El que todo lo renueva

desde la cueva".

De tenor hace el tercero:

- "Mi Amor, susurró la Amada.

Pues no hay modo de entender

lo que Dios se atreve a hacer,

tal locura y tan callada

si no es un amor extremo,

excesivo, grande, pleno".

La del cuarto emprende vuelo:

- "Mi Cielo, dice la Estrella.

Y es que donde está el Pequeño

que es su Corazón y Dueño

ahí está la altura bella,

aunque esté pegado al suelo

de la tierra es el consuelo".

Sigue el quinto con voz tierna:

- "Mi Rey, la Reina declara.

Y es Amo del orbe entero.

Porque ama cuanto ha hecho

y con amorosa vara

conduce lo que gobierna

pacifica donde reina".

Viene el sexto ahora a entonar:

- "Mi Tesoro; de la Perla.

La Joya, la gema, el broche.

Compensa el mayor derroche

únicamente por verla,

¡quién la pudiera comprar

para poderse adornar!"

Del último la tonada:

- "Mi Alegría; de la Sonrisa.

Gozo de todas las gentes,

de paganos y creyentes.

Del verano fresca brisa,

de la noche la alborada

y la tristeza olvidada".

*

De vuelta hacia el celestial

reino, donde ellos vivían,

cantan, la dicha en la cara,

y el brillo de luna clara

con divina melodía

los ángeles del portal.

José Miguel

Granados Temes

Navidad de 2000

 

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