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¿Cual es la obra de madre teresa de calcuta?

Madre Teresa de Calcuta
Su obra

Si bien en 1948 adquiere la ciudadanía india, es en 1949-1950 cuando puede iniciar verdaderamente su labor; ya que recibe la aprobación de Roma bajo el nombre de "Misioneras de la Caridad".

Era muy cruel la realidad en ese lugar. Gente mal alimentada y sin las mínimas atenciones higiénicas vivía en ambientes pútridos, donde era inevitable contraer enfermedades infecciosas. Los Hospitales tenían pocas camas y estaban siempre completos. Por eso vivían y morían en las calles sin ser atendidos ni vistos.

Todas las mañanas un Furgón de la Municipalidad recorría las calles para recoger los muertos, al igual que la basura.

Muy apenada por esta situación, la Madre Teresa se dirigió a la Municipalidad, pero la derivaron al Jefe del Departamento Médico-Sanitario. Lo único que quería era un lugar para recoger a toda esa gente de la calle. La llevaron al templo más famoso de la ciudad, dedicado a la diosa Kali, Patrona de Calcuta y le dieron dos amplias salas adosadas al templo para su Misión. Pero lamentablemente, esto no fue bien visto por la gente hindú de allí; ya que se sentían invadidos por la religiosa cristiana en su lugar sagrado. Tras las quejas, gente de la Municipalidad, decide sacarla de allí; pero su hermosa realidad no lo permitió.

La Obra fue creciendo de a poco...

En 1957 se inaugura la primera clínica móvil y dispensarios permanentes, para expandir la ayuda a todos los necesitados.

En 1963 nace una nueva rama de la Congregación, los Hermanos Misioneros de la Caridad; y años más tarde, se produce la fundación de los Sacerdotes Misioneros de la Caridad y de los Laicos Misioneros de la Caridad.

En 1965, el Papa Pablo VI colocó a la Congregación de las Misioneras de la Caridad bajo el control del Papado y autorizó a la Madre Teresa a expandir la Orden religiosa en otros países. Fundaron Hogares en todo el mundo para ocuparse y atender a los enfermos, ancianos, niños abandonados y toda persona que necesite ayuda y amor de ellas. El centro de Argentina se inauguró el 24 de mayo de 1978.

El emblema de la Congregación es "Tengo sed", cartel que se encuentra al lado del crucifijo en todas las capillas. Ese grito angustioso de Cristo en la cruz, les recuerda a las Hermanas el objetivo fundamental de su Congregación: apagar y saciar la sed ardiente de Jesús en los más pobres y abandonados.

Es tan fuerte la vocación de servicio de la Madre y sus Misioneras que en sus Constituciones la atención a los pobres se ha convertido en el cuarto voto que las Hermanas emiten en el día de su profesión religiosa. Además de los 3 comunes a todas las otras Congregaciones religiosas: pobreza, castidad y obediencia, las Misioneras de la Caridad se comprometen, con voto, a "servir gratuitamente y de por vida a los más pobres de entre los pobres". Y el signo de esa gratuidad lo llevan hasta el extremo de no aceptar ni un vaso de agua de parte de los pobres a quienes visitan.

("Recuerdo que un Obispo me dijo lo que le pedía la gente: 'No envíe a nuestras casas otra clase de monjas, sino MISIONERAS DE LA CARIDAD, porque nunca aceptan nada de nosotros, no hay que cocinarles ni prepararles nada'").

"Nosotras hemos elegido la pobreza, estamos convencidas que la pobreza nos acercará más a nuestra gente pobre". Ante la donación de una casa humilde y medianamente amoblada para la Misión en Venezuela, y el rechazo de las pocas comodidades, la gente angustiada preguntó: "Hermanas, ¿es que no les gustan nuestros muebles?" "Si, pero nosotras no podemos utilizarlos porque los pobres carecen de todas estas cosas y nosotras tenemos que vivir como ellos".

La subsistencia y extensión de la Obra de la Madre fue gracias a donaciones realizadas por colaboradores o personalidades de alto poder, que las utilizaba o vendía para conseguir dinero según lo que fuera; como la limousine que el Papa Pablo VI regaló en su visita a la India.

Cierto día se presentó un hombre bien vestido: un banquero australiano, quien le dio un cheque en blanco para que ella ponga la cifra que quiera. Pero ella, rechazando el cheque le dijo: "No quiero sus dólares, lo quiero a usted". Desde ese entonces, todos los jueves el banquero va a lavar a los enfermos, cortarles las uñas y jugar con ellos.

 

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