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LA VIRGEN DE FATIMA VIAJA A POLONIA

LA VIRGEN DE FATIMA VIAJA A POLONIA

Cuando en 1948 la Virgen Peregrina fue embarcada en una Fortaleza Volante para ir de Fátima a las islas Azores, una distancia de mil kilómetros, las palomas que habían acompañado a la Imagen emprendieron también el vuelo. La máquina voladora demoró tres horas en cubrir el vuelo hasta Angra do Heroísmo, en cambio las palomas invirtieron unas 10 horas. Al día siguiente, ya en las Azores, estaban de nuevo en el pedestal durante la procesión.

Juan Pablo II el Grande y paloma amistosa

Los comunistas, de gran influencia entonces en Europa, consiguieron desvirtuar las informaciones de la prensa: que no reflejaran la magnitud ni el calor del recibimiento a la Imagen. Consiguieron la “cura de silencio” coactiva.

Su pánico a Fátima quedó mucho más de manifiesto el 5 de mayo de 1978, en Varsovia, cinco meses antes de la elevación de Juan Pablo II al Pontificado.

Talla de Thedim, con la corona regalada por Pío XII

El avión en que viajaba la Imagen Peregrina aterrizó, y, sin permitir a los pasajeros desembarcar, fue escoltado por un vehículo militar, y llevado a un rincón del aeropuerto. Después de la inspección detallada de la Imagen dentro de un vehículo con un laboratorio electrónico, y de consultar a los jefes (¿al Kremlin?), con un calor asfixiante bajo un sol que ponía casi candentes los techos de los vehículos y del avión, avisaron que la estatua debía retornar al avión y no volver a salir de él. “Los comunistas no creen en Dios, pero se asustan mucho ante una imagen de madera de la Madre de Jesús de 15 kilogramos de peso”. La imagen fue vigilada dentro del avión, durante tres días, por soldados, mientras a las personas se las invitó a desembarcar. Lo único que consiguieron –porque no les avisaron- fue que los fieles hicieran un perfil en alambre de la Imagen, que luego fue puesto sobre unas andas y exhibido como la “Virgen de Fátima”. El público entendió perfectamente lo sucedido, lo tomó a risa y fue un ridículo de los comunistas.

EN ROMA, EN 1981, JUAN PABLO II SE ENTERA DEL TERCER SECRETO

Desde el Gemelli, el año 1981, Juan Pablo II pudo leer la Tercera Parte del Secreto de Fátima. No había sido publicado, pero los Papas habían podido leerlo desde 1960.

Escrito por Sor Lucia, dice así: “Vimos un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; al centellear, despedía unas llamas que parecían incendiar al mundo; pero se apagaban al contacto con el resplandor que de la mano derecha de Nuestra Señora salía a su encuentro; el Ángel, señalando a la tierra con la mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia! Y vimos una luz inmensa que es Dios: algo parecido al modo en que se ven las personas en un espejo cuando pasan por delante, un obispo vestido de blanco, tuvimos el presentimiento de que era el Santo Padre. Vimos otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir a una montaña escarpada en la cumbre de la cual había una gran Cruz de troncos toscos, como troncos de encina con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar allí, atravesó una gran ciudad medio en ruinas, y, casi temblando, con paso vacilante, afligido por el sufrimiento y la pena, iba rezando por las almas de los cadáveres que encontraba en el camino; al llegar a la cima del monte, prosternado de rodillas a los pies de la gran Cruz, cayó muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros y flechas, y así mismo fueron muriendo uno tras otro los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, y varias personas seculares, señores y señoras de varias clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz estaban dos Ángeles, cada uno con una vasija de cristal en la mano, en ellas recogían la sangre de los mártires y con ella rociaban las almas que se acercaban a Dios”.

Juan Pablo II sabía bien que las apariciones de Fátima eran verdaderas: “¿Qué decir de los tres niños portugueses de Fátima, que, de improviso, en vísperas del estallido de la Revolución de Octubre, oyeron: “Rusia se convertirá” y “Al final, mi Corazón triunfará”? No pudieron ser ellos quienes inventaron tales predicciones. No sabían historia ni geografía, y sabían aún menos de los movimientos sociales y de la evolución de las ideologías. Y, sin embargo, ha sucedido exactamente cuanto habían anunciado”, declaró el Papa en 1994.

Jacinta, la niña vidente más pequeña, cuando aún estaban los tres pastorcillos en Aljustrel, había dicho a Lucia:

“¿Has visto al Santo Padre, Lucia? Lo he visto en una casa inmensa. Estaba de rodillas ante una pequeña mesa, la cabeza entre las manos, y lloraba. Afuera había una gran multitud. Unos arrojaban piedras, otros maldecían y decían toda clase de injurias. ¡Pobre Santo Padre! Tenemos que rezar por él.

El Papa Juan Pablo II con Sor Lucia, en Fátima

“Unos días más tarde, vio de nuevo al Papa; esta vez se hallaba en una gran basílica; innumerables cirios ardiendo ante unos altares magníficos y él consagraba el mundo entero al Corazón Inmaculado de María".

Basílica de Fátima, el 13 de mayo del 2000, cuando fueron beatificados Jacinta y Francisco.

Juan Pablo II estaba convencido de que el Papa caído del Tercer Secreto y el que veía y encomendaba Jacinta, era él. Cuando más adelante, el 13 de mayo del 2000, Juan Pablo II beatificó a Francisco y a Jacinta, en Fátima, hizo constar su agradecimiento: “Yo manifiesto mi gratitud a la bienaventurada Jacinta por sus oraciones y sus sacrificios ofrecidos por el Santo Padre, al que vio en medio de un gran sufrimiento".

AGRADECIMIENTO Y RESPONSABILIDAD

Juan Pablo II no perdió ocasión de manifestar su agradecimiento a la Virgen por haber impedido que fuera asesinado. En incontables ocasiones diferentes se refirió a ello, en todos los idiomas que dominaba y en todos los continentes que visitó. Se sabía de buena fuente por los médicos del Hospital Gemelli, que los proyectiles de 9 milímetros que Agca le disparó con una pistola Browning Parabellum habían desconocido la ley de la inercia y se habían desviado inexplicablemente evitando dañar órganos vitales. “Una mano disparó y otra condujo la bala”, como dijo Juan Pablo II al escritor francés André Frossard. Monseñor Stanislaw Dziwisz recordó: “El Santo Padre veía en todo ello una señal del Cielo. Todo parecía guiado por una mano invisible. No se hablaba de milagro, pero todo el mundo creía en él".

El 14 de agosto de 1981, ya repuesto, el Papa visitó las tumbas de Juan Pablo I y de Paulo VI, consciente de que habría estado allí junto a sus predecesores, si el 13 de mayo no hubiera sido salvado milagrosamente: “Pero el Señor lo dispuso de otro modo y Nuestra Señora –pues todos recordamos perfectamente lo que sucedió el 13 de mayo- cooperó en ese otro modo”. Poco después recibió el obsequio de una imagen de la Virgen de Fátima, y la envió a una pequeña iglesia de la diócesis de Bialystok, Polonia, en la frontera con la Unión Soviética, donde se quedó, mirando a la Unión Soviética, por disposición del Papa.

Cuando reanudó las audiencias generales en la plaza de San Pedro, después de cinco meses de interrupción forzosa, el 7 de octubre de 1981, insistió ante los millares de asistentes, periodistas incluidos: “¿Cómo olvidar que el acontecimiento de la Plaza de San Pedro tuvo lugar el mismo día y a la misma hora en que, desde hace más de sesenta años, se conmemora en Fátima, en Portugal, la primera aparición de la Virgen a los tres pastorcillos? Porque realmente ese día experimenté en todo lo ocurrido la extraordinaria protección maternal que demostró ser más fuerte que el mortal proyectil”.

El mismo año 1981, el Papa mandó colocar un icono de la Virgen, en mosaico, en la parte superior de un ala del Palacio Apostólico, con la inscripción Totus tuus, Mater Ecclesiae (todo tuyo, Madre de la Iglesia).

Dijo el Papa: “Los signos de los tiempos nos indican que nos encontramos en la órbita de una gran batalla entre el bien y el mal, entre la afirmación y la negación de Dios, de su presencia en el mundo, y de la Salvación que encuentra en Él su comienzo y su término”.

Estos signos nos señalan “a la mujer que nos guiará. Precisamente con Ella, hemos de enfrentarnos a los problemas que inundan nuestra época”.

Junto al agradecimiento, la responsabilidad de cumplir lo indicado por la Virgen de Fátima: “Durante los tres meses que he pasado entre la vida y la muerte, he comprendido que la única solución para salvar al mundo de nuevas guerras y catástrofes, para salvarlo del ateísmo, es la conversión de Rusia según el mensaje de Fátima”, confió a uno de sus muchos visitantes.

PRIMER VIAJE DEL PAPA A FÁTIMA Y CONSAGRACIÓN

En febrero de 1982 el Papa anunció un domingo, en la Plaza de San Pedro: “El próximo 13 de mayo pretendo ir a Fátima para dar las gracias a la Santísima Virgen que me protegió como una madre con ocasión del atentado, y también, por supuesto, para pedir a Nuestra Señora que conceda todos sus favores y toda su ayuda a la Iglesia y a la Humanidad”. Comprobó que Sor Lucia había expresado que las consagraciones hechas por Pío XII y Paulo VI no cumplieron el requisito de invitar a los obispos a participar en ellas tal como la Virgen había pedido. El Santo Padre decidió enviar una carta a todos los obispos del mundo para garantizar la consagración que se proponía hacer en Fátima. La carta fue firmada por el Cardenal Casaroli el 20 de abril de 1982.

El 12 de mayo de 1982 el Papa viajó a Lisboa, donde una enorme multitud le tributó un homenaje apoteósico, y en la tarde voló en helicóptero hasta Fátima. Entre los que le recibieron en Lisboa y los de Fátima suman varios millones. El Obispo de Leiria, Monseñor Alberto Cosme do Amaral, le dio la bienvenida. En ella le dijo: “A causa de vuestro amor por Cristo, la Iglesia y la humanidad, vuestra sotana blanca se manchó de sangre. Saludamos en vuestra augusta persona al mártir y al buen pastor que da la vida por sus ovejas.” Juan Pablo II respondió, en correcto idioma portugués, recordando el atentado: “Al recobrar el conocimiento, mis primeros pensamientos fueron para este santuario, pues deseaba expresar toda mi gratitud al corazón de la Madre celestial que me salvó la vida. En todo lo sucedido vi –y no ceso de repetirlo- la protección especial y maternal de Nuestra Señora. A través de esa coincidencia –y no existen meras coincidencias en los designios de la Providencia- vi también una llamada a prestar atención al mensaje que, hace sesenta y cinco años, nos transmitieron tres niños, tres campesinos, los pastorcillos de Fátima como se les llama en el mundo entero.”

El rezo del rosario, seguido por los centenares de miles de peregrinos, fue en varios idiomas, además del portugués: uno de los misterios fue dirigido por el Cardenal Macharski, en polaco, y otro por Monseñor Hnilica, en eslovaco. El Papa lo había dispuesto para pedir indirectamente a la Virgen la libertad religiosa tras el Telón de Acero.

Al día siguiente, el Papa se entrevistó con Sor Lucia, en portugués y sin intérpretes, durante 25 minutos. De inmediato surgió entre ambos una confianza como si se hubieran conocido de toda la vida. “Dios me ha concedido la gracia que deseaba desde hace mucho tiempo: hablar contigo, hija mía”, le dijo el Papa y rompió todo posible hielo.

Juan Pablo II celebró la Santa Misa, con cánticos y homilía. Finalmente, proclamó la Consagración del mundo, tan esperada: “Madre de los hombres y de los pueblos, abraza con amor de Madre y de Sierva a este mundo humano nuestro que te confiamos y consagramos llenos de inquietud por el destino terrestre y eterno de los hombres y de los pueblos. De modo especial, te entregamos y consagramos los hombres y las naciones25, especialmente aquellos necesitados de esta devoción y esta consagración.” “¡Líbranos del hambre y de la guerra! ¡Líbranos de la guerra nuclear, de una destrucción incalculable y de toda clase de guerra! De los pecados contra la vida del hombre desde sus primeros instantes, ¡líbranos! De todo tipo de injusticia en la vida social, nacional e internacional, ¡líbranos! De la facilidad para despreciar los mandamientos de Dios, ¡líbranos! De los pecados contra el Espíritu Santo, ¡líbranos! ¡líbranos!”

Por la tarde, a la hora del atentado de un año antes, Juan Pablo II se postró en oración públicamente, arrodillado ante la imagen de la Virgen. A los 45 minutos, su secretario se acercó y le indicó que había que continuar. Pasó la noche en Lisboa, y regresó a Roma al día siguiente, con la conciencia tranquila por haber consagrado el mundo según su leal saber y entender.

Pero la tranquilidad duró poco. El Nuncio del Papa en Lisboa preguntó a Sor Lucia si estaba satisfecha de la consagración hecha en Fátima. Ante su sorpresa, Sor Lucia contestó que no. Escribió entonces una carta al Papa, explicando que no había sido válida porque la carta escrita por Casaroli a los obispos fue una gestión importante, pero les llegó demasiado tarde para poder organizar su viaje. Además, en la carta se les informaba del evento, y había que haberles invitado a unirse a él. Hubo entrevistas de Sor Lucia con algunos clérigos comisionados por el Papa, y Juan Pablo II decidió hacer otra consagración.

LA IMAGEN DE FÁTIMA VIAJA A ROMA

El Papa escogió el 25 de marzo de 1984 como nueva fecha para la próxima consagración. Su agenda de trabajo estaba muy llena, y no le era posible ir a Fátima esa vez. Preparó el viaje de la Imagen de Fátima a Roma, ante el estupor de muchos, y se avisó a los obispos católicos de todo el mundo con mucho tiempo, de acuerdo a las indicaciones de Sor Lucia, invitándoles a sumarse a la consagración. Además, el Papa invitó también a cuantos obispos ortodoxos pudo, con notable éxito.

El Papa estaba impaciente ante la próxima llegada de la Imagen a Roma. “La recibiremos con todo el cariño que inunda nuestro corazón”, dijo. Por fin, el 24 de marzo de 1984, la Imagen de Nuestra Señora de Fátima llegaba al aeropuerto de Roma. La acompañaban dos servitas (personas que sirven voluntaria y gratuitamente en el Santuario de Fátima) y sus esposas, y tres clérigos (los siete, portugueses).

Cuando desembarcaron, llevando la imagen, tuvieron la primera sorpresa, que les asustó: un ruido seco, fuerte, producido por el golpe sincronizado de las manos con las culatas de los fusiles de un batallón de carabinieri, que, en correcta formación, efectuaron la instrucción ¡Presenten!, ¡armas!, homenaje reservado a los reyes y personas muy importantes. La estatua que había sido retenida en el avión como indeseable en Varsovia en 1978, era desagraviada y tratada, en Roma, como Emperatriz del Universo en 1984.

En un helicóptero llegaron hasta el Vaticano, donde los recibieron el Papa, feliz, los guardias suizos, y la policía italiana, que sumados a algunos presentes formaron una pequeña procesión, con cirios, y llevaron la Imagen a la Capilla Paulina, para la veneración de los fieles. Más tarde, pasó a los apartamentos pontificios, donde el Papa pasó la noche entera rezando ante ella.

Al día siguiente, en la Plaza de San Pedro, repleta de peregrinos, la Imagen lucía con su preciosa corona, y con un rosario de oro regalado por el Papa en sus manos. La imagen se veía bien, aún siendo pequeña, porque estaba en un pedestal bien visible. El Papa celebró la Santa Misa, e una homilía sobre la familia. Al terminar, a las 12 del mediodía, hora del Ángelus,

EL PAPA SE ARRODILLÓ ANTE LA VIRGEN Y COMENZÓ LA CONSAGRACIÓN. FUE MUY PARECIDA A LA QUE HIZO EN FÁTIMA EN 1982, CON LAS ADICIONES PEDIDAS POR SOR LUCIA.

Por la tarde, al despedir a la Imagen, de nuevo el Papa puso de manifiesto su intensa relación con la Virgen de Fátima: “Señora de Fátima, a quien confiamos nuestra devoción y nuestra gratitud desde lo más íntimo de nosotros mismos: has querido venir a visitarnos a Roma en este día tan importante. ¡Te lo agradecemos infinitamente! ¡Qué agradecidos estamos! ¡Qué gracia nos has concedido honrándonos con tu presencia, yo diría más, personal!”

A la mañana siguiente, uno de los portugueses habló por teléfono con Sor Lucia. El Papa le preguntó qué había dicho de la consagración. La religiosa había respondido que el Santo Padre había hecho todo lo pedido por la Virgen. El Papa quedó muy contento.

Les dio a los servitas un regalo que no esperaban: una de las balas que entró en su cuerpo. La llevaron a Portugal, donde el joyero que había hecho la corona la introdujo en un hueco de la misma donde encajaba muy bien. Ahora la bala es un adorno más de la magnífica corona de la Virgen.

TRAS LA CONSAGRACIÓN, EL COMUNISMO INICIA EL DESPLOME

A partir de la consagración hecha por Juan Pablo II en 1984, se empezaron a consolidar como por ensalmo las disidencias con el gobierno en varios de los países de Europa Oriental sometidos al comunismo: en Polonia, en Checoslovaquia, en Hungría, en Alemania Oriental... El 9 de noviembre de 1989 se empezó la demolición del Muro de Berlín y de las barreras policiales, alambradas y demás que impedían el paso entre la Alemania del Este y la del Oeste.

El 11 de mayo de 1985 Mikhail Gorbachov había sido nombrado Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética, el cargo más importante de la Unión Soviética. Hombre abierto y amante de la paz, el 1 diciembre de 1989 visitó, con su esposa Raissa, a Juan Pablo II en el Vaticano, entrevista que hubiera sido impensable seis años antes. El encuentro fue muy cordial, se fraguó una intensa amistad entre ellos, y una veneración de los dos rusos hacia el Papa y la religión cristiana. El Papa pidió libertad religiosa en la Unión Soviética, que fue concedida a la brevedad posible por Gorbachov. Además, este desmembramiento del imperio marxista se consiguió sin derramamiento de sangre. La guerra fría, con su amenaza constante de destrucción nuclear masiva, había terminado. La Virgen de Fátima había cumplido su promesa.

Opiniones privilegiadas

Ha dicho Gorbachov en 1992: ”Todo lo ocurrido en Europa Oriental a lo largo de estos últimos años no hubiera sido posible sin la presencia de ese Papa, sin el papel –también político- que ha sabido representar a nivel mundial”.

El propio Juan Pablo II fue más modesto respecto al papel desempeñado por su persona: “Hay que evitar las excesivas simplificaciones. El comunismo ha caído a consecuencia de sus propios errores y abusos”, dijo a Vittorio Messori. Pero también dijo que el atentado del 13 de mayo fue necesario para hacer todo más claro y comprensible, y permitir así que Dios se hiciera oír. Y en otra ocasión dijo al periódico italiano La Stampa: “Creo que si ha habido un papel determinado es el del Cristianismo, de su contenido, de su mensaje religioso y moral, de su defensa intrínseca de la persona humana y sus derechos. Yo no he hecho más que recordar, repetir e insistir en el hecho de que ese es un principio que hay que observar.

Preguntada Sor Lucia en una carta por la periodista Aura Miguel, respondió: “Estoy totalmente de acuerdo con las palabras del Santo Padre Juan Pablo II, en su respuesta a la pregunta sobre los recientes acontecimientos acaecidos en Europa del Este y en Rusia. Yo creo que se trata de una intervención de Dios en el mundo para librarlo de una guerra atómica que podría destruirlo. Y es una llamada urgente a la humanidad para una fe más vívida, una esperanza más confiada, un amor de Dios y del prójimo más activo en el respeto mutuo de la dignidad, los derechos y la vida de la persona humana, en la observancia de los Mandamientos de la Ley de Dios tal y como fueron promulgados por Él desde el principio: ´No matarás, no cometerás adulterio. No desearás la casa de tu prójimo. No desearás la mujer, ni cosa alguna que pertenezca a tu prójimo. Amarás al Señor, tu Dios, y al prójimo como a ti mismo”.

Wyszinski y Juan Palo II y sus respectivos escudos.

La entrega total del Papa a la Virgen

El 13 de mayo de 2000, el Papa estaba en Fátima, para beatificar a Jacinta y Francisco. Recordó, nostálgico, el 22 de octubre de 1978, cuando inauguró su pontificado y los cardenales desfilaban, arrodillándose ante él, besando su anillo y prestándole fidelidad. El Cardenal Wyszinski, Primado de Polonia, muy querido y admirado por el Papa, empezó a arrodillarse, pero Juan Pablo II se le adelantó y se arrodillaron los dos, y se abrazaron, un abrazo tan emocionante que su fotografía conmocionó al mundo.

Wyszinski le dijo: “Si el Señor te ha llamado, debes hacer entrar a la Iglesia en el Tercer Milenio.” Y le entregó al Papa un anillo de oro hecho especialmente para él con el lema Totus tuus, todo tuyo, que estaba en el escudo del Papa, referido a la Virgen. Juan Pablo II lo conservó durante 22 años, como su más preciado tesoro, un recuerdo entrañable. Y el 13 de mayo de 2000, en Fátima, el Papa entregó su anillo a la Virgen. “Estoy aquí; misión cumplida; haz lo que quieras de mí”. Había llevado la Iglesia hasta el Tercer Milenio. Estaba disponible para otra misión. Totus tuus.

LUCIA CANTA EL AVEMARIA CON SU COMUNIDAD Y TRES ESPAÑOLAS QUE LA VISITARON

La escena, captada con el teléfono móvil por una hermana de la comunidad de Coimbra, tuvo lugar el 17 de julio de 2004. (Lucía nació el 28 de marzo de 1907 y murió santamente el 13 de febrero de 2005). Las tres Carmelitas Descalzas que aparecen junto a Lucía son, a su derecha, las hermanas Olatz del Niño Jesús, del convento de Donamaría (Navarra), y Mª Dolores de Jesucristo, del convento de Fuenterrabía (Guipúzcoa) y, a su izquierda, María del Sagrario, del convento de Echavacoiz (Pamplona). Las hermanas habían asistido el día 16 de julio, en representación de la Federación de Carmelitas Descalzas de S. Joaquín de Navarra, a la que pertenece la comunidad de Oporto, al traslado de dicha comunidad a una nueva sede. Dada la vinculación especial del convento de Coimbra con el de Echavacoiz, aprovecharon la circunstancia para hacer una visita también a sus hermanas de Coimbra, y, en particular, a la Hna. Lucía.

Hna. Olatz, recuerda así la visita: «Nos recibió la comunidad con el cariño y acogida que solemos. Como Hna. Lucía aún estaba descansando, la Priora nos enseñó las dependencias de la casa. Ya más tarde, fuimos a saludar a Lucía, aún en la cama. Nos regaló de su mano rosarios y algún folleto. Luego rezamos Sexta, y fuimos a comer. También Hna. Lucía comió con todas. En ese momento le trajeron un ramo y nos lo regaló. Quería regalarnos todo. Al ver que comíamos a gusto las cerezas que nos pusieron de postre, nos dio también las suyas. Luego fuimos todas al recreo. Nos hicieron cantar. Nada más terminar nosotras, la Hna. Lucía, en un gesto espontáneo y lleno de unción, juntó las manos y, mirando al cielo, entonó su Ave María. Fue una escena tierna y emocionante».

RELATO DE SOR LUCÍA AL OBISPO DE LEIRÍA

Entrevistaron a Sor Lucía dos Cardenales y le preguntaron: —Hay muchos libros sobre Fátima. ¿Cuál recomienda como el más auténtico? ¿Sus propias memorias?—Sí, hay muchos libros. Yo no los tengo todos: Mis memorias continúan siendo el libro más correcto, a pesar de contener algunos errores de fechas y lugares, porque originalmente, no tenía la intención de que las memorias fueran publicadas. Voy a seguir pues el relato de Lucía, que después de muertos los dos videntes más niños, Lucía, carmelita ya en Coimbra, presentó a petición del Obispo de Leiría, Don Alberto Cosme do Ameral, una Relación. Las memorias de Sor Lucía son el relato más correcto y auténtico de las apariciones de Fátima.

ERA UNA SEÑORA MÁS BRILLANTE QUE EL SOL.

Día 13 de mayo de 1917. Primera aparición de la Virgen.

En Cova de Iría, a tres kilómetros de Fátima, el 13 de mayo de 1917. La Señora parecía tener entre 15 y 18 años; llevaba un vestido blanco hasta los pies, cerrado el cuello con un cordón de oro; un manto blanco la cubría desde la cabeza; las manos juntas y un rosario entre ellas...«Ni triste, ni alegre, sino seria». La Señora busca víctimas. Una vez prometido el cielo a los tres pequeños, les dijo: «¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todo el sufrimiento que a El plazca enviaros como un acto de reparación, por todos los pecados con los que El es ofendido y para pedir por la conversión de los pecadores?». —Sí, queremos.

Cuenta Lucía: Estando jugando con Jacinta y Francisco, en lo alto de la pendiente de Cova de Iría, haciendo una pared alrededor de una mata, vimos de repente algo como un relámpago.—Es mejor que nos vayamos a casa —dije a mis primos—, está relampagueando; puede haber tormenta.—Pues, si. Y comenzamos a bajar la cuesta, llevando las ovejas hacia la carretera.

Al llegar a la mitad de la pendiente, muy cerca de una encina grande, vimos otro relámpago, y habiendo dado algunos pasos adelante, vimos sobre una encina una Señora, vestida toda de blanco, más brillante que el sol, esparciendo luz más clara e intensa que un vaso de cristal lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos del sol más ardiente. Nos paramos sorprendidos por la Aparición. Estuvimos tan cerca que nos quedamos dentro de la luz que la rodeaba o que Ella esparcía. Tal vez a metro y medio de distancia, más o menos. Entonces Nuestra Señora nos dijo:—1No tengáis miedo! No os quiero hacer ningún mal.—¿De dónde es Vd? —le pregunté.—Soy del Cielo. —¿Y qué es lo Vd. quiere?—Vengo a pediros que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13, a esta misma hora. Después os diré quién soy y qué quiero. Después volveré aquí otra vez.—Y ¿yo también iré al Cielo?—Sí, irás. —Y ¿Jacinta? -También.—Y ¿Francisco? También; pero tiene que rezar muchos rosarios.

¿QUERÉIS OFRECEROS A DIOS PARA SUFRIR LO QUE OS ENVIE?

En reparación de los pecados con que El es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?—Sí, queremos. -Tendréis que sufrir mucho, pero la gracia de Dios os dará fuerza. Al decir estas últimas palabras abrió por primera vez las manos comunicándoles una luz tan intensa como reflejo que de ellas despedía, que penetraba en el pecho y en lo más íntimo del alma, haciéndonos vernos a nosotros mismos en Dios, más claramente que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces por impulso íntimo, caímos de rodillas y repetíamos íntimamente: “Oh Santísima Trinidad, yo te adoro, Dios mío; yo te amo en el Santísimo Sacramento. Pasados los primeros momentos, Nuestra Señora añadió: —Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz en el mundo y el fin de la guerra. En seguida comenzó a elevarse serenamente, hasta desaparecer en la inmensidad del espacio. La luz que la circundaba parecía que abría el camino a través de los astros. Los relámpagos no eran propiamente relámpagos, sino el reflejo de una luz que se aproximaba. Al ver esta luz decíamos a veces que veíamos venir a Nuestra Señora; pero a Nuestra Señora propiamente sólo la distinguíamos en esa luz cuando estaba ya sobre la encina.

LA VISION DEL INFIERNO

Francisco y Jacinta tuvieron sendas visiones sobre el Papa. Francisco le vió llorando y a la multitud tirándole piedras e insultándole. Jacinta, rezando con mucha gente ante una imagen del Corazón de María.

Hasta 25 años más tarde no se conoció el contenido de la aparición con la visión del infierno. La Señora abrió las manos como en los meses pasados. El reflejo parecía penetrar en la tierra, y vimos como un mar de fuego: sumergidos en este fuego a los demonios y a las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que salían de las mismas juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos los lados, semejante al caer de pavesas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. A la vista de esto di aquel “ay”, que dicen haberme oído. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como ne¬gros carbones en brasa. Asustados y como para pedir socorro, levantamos la vista hacia Nuestra Señora que nos dijo entre bondad y tristeza:—Habéis visto el infierno, adonde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mun¬do la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacéis lo que os digo se salvarán muchas almas y habrá paz. La guerra va a terminar. Pero si no dejan de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando viereis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones de la Iglesia y del Santo Padre.—Para impedirlo, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora de los primeros sábados. Si se atienden mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones de la Iglesia. Los buenos serán martirizados; el Santo Padre tendrá que sufrir mucho; varias naciones serán aniquiladas. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá y será concedido al mundo algún tiempo de paz. Esto no lo digáis a nadie. A Francisco sí, se lo podéis decir

LA SEÑAL CELESTIAL.

Día 13 de octubre de 1917, 70.000 personas venidas desde todos los puntos de Portugal.

Salimos de casa temprano. Había masas de gente. Caía una lluvia torrencial. Mi madre, temiendo que fuese aquel el último día de mi vida, con el corazón partido por la incertidumbre de lo que iba a suceder, quiso acompañarme. Por el camino se repetían las escenas del mes pasado, más numerosas y conmovedoras. Ni el lodo en los caminos impedía a esa gente arrodillarse en la actitud más humilde y suplicante. Pedí a la gente que cerrase los paraguas para rezar el rosario. Poco después vimos el reflejo de la luz y en seguida a Nuestra Señora sobre la encina.—¿Qué es lo que usted quiere?—Quiero decirte que hagan aquí una capilla en honor mío; que soy la Señora del Rosario; que continúen siempre rezando el rosario todos los días. La guerra va a acabar, y los militares volverán en breve a sus casas. Es necesario que se enmienden; que pidan perdón de sus pecados; —y tomando un aspecto más triste—, No ofendan más a Dios Nuestro Señor que está ya muy ofendido. Y abriendo las manos, las hizo reflejarse en el sol. Y mientras se elevaba, continuaba el reflejo de su propia luz proyectándose en el sol.

LA DANZA DEL SOL.

El sol giró rápidamente como una gigantesca rueda de fuego. Se detuvo un momento, y giró de nuevo con una velocidad vertiginosa, irradiando haces de llamas rojo sangre. Finalmente, la esfera ígnea, pareció temblar, estremecerse y después arrojarse precipitadamente en ingente zigzag hacia la multitud. Al principio se oyó un tremendo grito de terror: “¡Señor, sálvanos!”. Cuando el sol se normalizó, resonó otra exclamación de asombro y alegría: ¡Milagro!... He aquí a María, enfrentada con el poder de las tinieblas, en una lucha cuyos triunfos y derrotas están condicionadas a nuestra conversión y arrepentimiento.

He aquí, señor Obispo, la Historia de las Apariciones de Nuestra Señora en Cova de Iría en 1917. "¿Quién es ésta que se asoma como el alba, hermosa como la luna y límpida como el sol, terrible como escuadrón a banderas desplegadas? Cantares 6,10. "Arrepentíos, que ya llega el reinado de Dios" Mateo 3,2."Velad y orad para no caer en la tentación. El espíritu está pronto, pero la carne es débil" Mateo 26,41.

Jesús Marti Ballester

 

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